Enero, el mes más largo: economía y emociones detrás de la ‘cuesta’

Carlos Robles
01 enero 2026

Factores económicos y emocionales, como el agotamiento del aguinaldo, el uso del crédito y el aumento de gastos fijos, hacen que enero se perciba como uno de los meses más difíciles del año, explica el economista Ulises Suárez

MAZATLÁN._ Para muchas personas, enero no solamente marca el inicio de un nuevo año, sino también es un periodo que se percibe más pesado y prolongado que otros meses, sensación que responde a una combinación de factores económicos y emocionales que convergen justo después del cierre festivo de diciembre.

Según lo señalado por los especialistas, la percepción colectiva de que este primer mes del año tiene una duración prolongada, responde a una etapa profunda de reajustes en los hogares mazatlecos y es inevitable.

Desde la perspectiva financiera, el economista Ulises Suárez Estavillo explica que la llamada “cuesta de enero” tiene como base un problema de liquidez, pues durante diciembre, el ingreso extraordinario del aguinaldo genera una mayor disposición al gasto en un periodo de corto tiempo.

El problema, señala, aparece cuando ese ingreso ya no se repite en enero, pero los compromisos adquiridos sí, tales como pagos diferidos, compras a meses sin intereses, cortes de tarjeta y gastos rígidos no negociables como el Predial, reinscripciones, seguros o servicios, los cuales comienzan a concentrarse en las primeras semanas del año.

“Como el ingreso a través del año no cambia, solamente viene un cambio con el aguinaldo, entonces la gente tiende a gastar más en menos tiempo, entonces, si tenemos en cuenta que este ingreso extraordinario no se va a repetir en enero, pues la gente se queda también con una predisposición a este gasto”, comentó.

Además, el especialista señaló que a este escenario se suman ajustes estructurales propios del inicio de año como las actualizaciones de precios, incrementos en combustible y efectos inflacionarios, las cuales impactan de manera directa en el costo de la vida cotidiana, mientras que los salarios no siempre se ajustan al mismo ritmo.

Suárez Estavillo comentó que, en ciudades como Mazatlán, con una alta dependencia de sectores estacionales como el turismo, enero también implica una desaceleración económica y, en algunos casos, una reducción de ingresos.

Asimismo, advierte que uno de los errores más comunes en esta temporada es confundir liquidez con crédito, pues el uso intensivo de tarjetas durante diciembre genera una falsa sensación de solvencia que se traduce en sacrificio del consumo futuro.

“Muchas personas no calculan el costo total del gasto decembrino. No solo son los regalos, también se suman cenas, convivios, transporte, ropa para eventos, propinas y gastos pequeños que, acumulados, terminan siendo significativos”, declaró.

“La tarjeta (de crédito) no es ingreso, es deuda futura. En términos económicos, el crédito implica sacrificar consumo futuro por consumo presente y el problema es que ese consumo futuro que se sacrifica llega muy rápido, en la mayoría de los casos, llega en enero, cuando se acumulan los pagos y disminuye la capacidad de maniobra”.

Por tal motivo, Suárez Estavillo explica que la “cuesta de enero” responde tanto a factores estructurales como a hábitos de consumo y entender esta doble dimensión es clave para explicar el por qué se repite año con año.

Desde el punto de vista estructural, señala el economista, el inicio de año suele venir acompañado de ajustes generalizados en precios e impuestos, pero los salarios llegan mucho después, lo que genera un periodo en el que en el que los precios suben pero los ingresos se mantienen inguales.

En paralelo, los hábitos de consumo profundizan el escenario, pues en diciembre se adelanta gasto que corresponden a meses posteriores, se normaliza el uso de crédito y se incurre en el consumo emocional y social, que rara vez se planea a corto plazo.

Este comportameinto, lejos de ser solo individual, se ha convertido en una práctica cultural ampliamente aceptada, donde el desorden financiero se asume como algo inevitable y aunque existe una idea de que una mejor organización podría evitar la “cuesta de enero”, lo cierto es que las condiciones estructurales la hacen predecible y dificil de eludir.

“La cuesta de enero no responde a una sola causa; es el resultado de factores estructurales y de hábitos de consumo que, con el tiempo, se han integrado a la propia estructura económica”, dijo.

“La cuesta de enero refleja cómo funciona el sistema económico al inicio del año. Enero se siente más duro porque, objetivamente, concentra más presiones económicas que otros meses”.


Un choque emocional

Por otro lado, el impacto de enero no es únicamente económico, pues el psicólogo Luis Ángel Salinas Gudiño señala que este mes representa un choque emocional entre dos realidades opuestas: un diciembre cargado de estímulos positivos como convivios, reuniones familiares, descansos y una narrativa social centrada en la celebración, mientras que enero devuelve de forma abrupta las obligaciones, responsabiliades y preocupaciones cotidianas.

Este cambio repentendio, señala Salinas Gudiño, suele traducirse en cansancio, desmotivación y un aumento en los niveles de estrés, pues la desaparición de estímulos positivos, junto con la llegada de estados de cuenta y compromisos económicos, impacta directamente el estado de ánimo.

“En enero despertamos en nuestra realidad, pasamos de un periodo de fiestas, convivios, montañas rusas emocionales, con descansos, visitas de familiares, regalos, a la realidad de obligaciones, pagos, nos llegan los estados de cuenta de todo lo que se gastó en regalos en Navidad”, expresó.

“Además, tenemos que regresar a la rutina, llevar a los niños a la escuela, el trabajo. Es un contraste de pasar de un periodo de fiestas, emociones positivas, regalos y convivios a la cruda realidad”.

A esto se suma la presión que se suele imponer a través de los propósitos de Año Nuevo, que con frecuencia son planteados sin una planeación realista, pues cuando las metas son irreales o buscan resultados inmediatos, la frustración aparece en las primeras semanas, reforzando la percepción negativa del mes.

El especialista en salud mental advirtió que durante enero es común observar irritabilidad, problemas de sueño, dificultad para concentrarse y, en algunos casos, síntomas de ansiedad, debido a que las presiones económicas suelen detonar pensamientos constantes relacionados con el pago de deudas o falta de recursos, afectando el descanso y la estabilidad emocional.

“Vivimos en un mundo donde todo lo queremos rápidamente, como si fuera magia e inmediatamente lo que vemos es el impacto de la elevación del estrés al no poder cumplir nuestras metas”, señaló.

“Lo primero que va a afectar es con el estrés y pues se ven emociones como la irritabilidad, problemas del sueño, baja tolerancia a la frustración, incluso algunas personas llegan a somatizar y puede llegar ya a niveles de ansiedad un poco más altos”.

De esta forma, ambos especialistas coinciden en que el primer mes del año debe entenderse como un mes de transición y no como un fracaso anticipado, para no percibirlo con tanta pesadez con una mirada más práctica y gradual.

En lo financiero, se recomienda elaborar un plan familiar claro, identificar los gastos indispensables y eliminar consumos prescindibles, evitando el uso del crédito como una solución inmediata.

Por otro lado, en lo emocional, se sugiere mantener expectativas realistas, estructurar metas alcanzables y apoyarse en las nuevas tecnologías como en profesionales cuando es necesario.

Es por eso que, lejos de ser un mes perdido, enero puede resignificarse como una etapa de reajuste, un periodo de reacomodo que exige orden, disciplina y paciencia para ser el punto de partida para ordenar las finanzas, retomar las rutinas de manera gradual y establecer bases firmes para el resto del año.

Más que exigir resultados inmediatos, este inicio de año ofrece la oportunidad de sentar bases firmes, reorganizar la vida cotidiana avanzando a un mayor equilibrio hacia los meses que siguen, pues al comprender por qué enero se vive como el mes más largo permite enfrentarlo con mayor claridad, equilibrio y una visión a futuro.