Juan José León Loya, constructor de ciudades, como en Mazatlán
"Experto en urbanismo, al arquitecto mazatleco le debemos avenidas como la Insurgentes o la Sábalo Cerritos y la restauración del Teatro Ángela Peralta"
Ariel Noriega
A pocas personas les debe tanto Mazatlán como al arquitecto Juan José León Loya.
De su genio como arquitecto salieron algunas de las principales avenidas del puerto, permitiendo la existencia de las vialidades que aún desahogan una ínsula encerrada por el mar.
A su terquedad por recuperar el Centro Histórico, le debemos la recuperación del Teatro Ángela Peralta, el Museo Arqueológico y el Museo de Arte, epicentro del desarrollo artístico y cultural que alimenta a la mayoría de los grandes espectáculos mazatlecos.
Y a su sencillez como persona le debemos un mazatleco sin poses ni complejos, dueño de una memoria privilegiada que recuerda el desarrollo del Mazatlán moderno como una lucha en contra de todo y de todos, con una misión de vida: poner su granito de arena para seguir construyendo la ciudad de sus antepasados.
El ebanista que dijo ‘no’
Juan José León Loya nació predestinado, vino al mundo el año 1936 y su familia presumía de contar con los mejores ebanistas de la ciudad, la tradición se remontaba generaciones hacía atrás, así que su futuro parecía sellado…, pero dijo que “no”.
“Desde chico me ilusionaba el Centro Histórico porque mis antepasados, mi bisabuelo trabajó en la construcción del teatro y mi abuelo, mi padre, eran carpinteros ebanistas”.
El trabajo de los León todavía se puede admirar en las puertas de la Catedral y en su origen el Teatro Ángela Peralta era en gran parte de madera, donde los León trabajaron durante años.
“Yo fui el que cortó la generación de carpinteros”.
El joven León Loya no se contentó con trabajar la madera, así que decidió irse a estudiar a la Universidad Autónoma de Guadalajara
En Guadalajara estudió y trabajó durante más de 10 años, es ahí donde están la mayoría de sus construcciones residenciales y no en el puerto, donde la vida lo iba a llevar a convertirse en urbanista.
A Guadalajara se llevó dos cosas, su pasión por la arquitectura y la nostalgia por el Centro Histórico, la otra pasión que no lo abandonaría.
“Mi territorio es de Los Monos Bichis al Centro Histórico”.
La enorme ciudad de Guadalajara acentuaría en León Loya su gusto por el territorio de su infancia, repleto de calles angostas, donde sus habitantes pueden caminar y compartir los espacios públicos.
Las grandes avenidas
Después de estudiar y trabajar durante más de 10 años en Guadalajara, León Loya decidió viajar a Houston, Texas, donde realizó una especialidad en urbanismo que iba a marcar el rumbo de su profesión.
En 1970 regresa a un Mazatlán que se preparaba para convertirse en una gran ciudad y que necesitaba de grandes avenidas para gestionar su crecimiento inminente.
“Me tocó el primer plano regulador que se hizo en la época de (Alcalde) Mario Huerta, diseñar las trazas y los ejes viales, fuente de crecimiento de la ciudad en forma de abanico”.
El joven León Loya fue contratado para crear la Dirección de Planeación Urbana, donde permaneció durante 15 años, aunque la política lo separaba del cargo en algunos trienios.
“Empezamos con la Avenida Insurgentes, y claro, las carreteras de ingreso y salida”.
La ciudad comenzó a tomar forma, las enormes avenidas se construyeron desahogando un tráfico vial en crecimiento, pero muchas de las nuevas construcciones pasaban por terrenos de particulares.
“En la Avenida Sábalo-Cerritos tuvimos problemas con los propietarios (de los terrenos) porque se ampararon”.
Recuerda que los trabajos se detenían durante semanas o meses, debido a los amparos que conseguían los propietarios y su anécdota favorita es la de un particular que llegó a reclamar que una avenida estaba atravesando su terreno, con una pistola fajada en la cintura.
“Vaya con el Presidente Municipal, son órdenes de él”, atinó a decir un sorprendido León Loya.
Después de largas negociaciones y más de una mentada, las avenidas que ahora nos parecen insuficientes se convirtieron en las columnas vertebrales de un puerto que siguió creciendo sin parar.
El teatro
Además de avenidas, el arquitecto construye el Acuario Mazatlán, una obra ambiciosa para la época, varios desarrollos de Infonavit y el edificio del Poder Judicial de la Federación.
Pero el proyecto que va a marcar su vida es la reconstrucción del Teatro Ángela Peralta, un deseo antiguo y muy personal que tardaría muchos años en tomar forma.
“Desde 1972, en el primer plan maestro que hicimos, el rescate del Centro Histórico lo pusimos como una prioridad, pero las autoridades y la gente no lo aceptaron bien”.
Lo que ahora parece indispensable, en aquel momento no lo era, la zona turística de Mazatlán crecía hacía el norte, condenando al Centro Histórico al abandono.
León Loya veía otra cosa: visitó Europa y descubrió el rescate de los edificios antiguos, lo que confirmó su admiración por el Centro Histórico.
La lucha apenas comenzaba, un grupo de mazatlecos que apoyaba a León Loya se fue a la Ciudad de México y consiguen incluir el rescate del teatro en un paquete de ocho teatros antiguos durante la Presidencia de José López Portillo, a finales de los años 70.
Los otros siete se rescataron, pero el Gobierno de Sinaloa se negó a poner su parte y se perdió el apoyo federal.
Con la ayuda de Antonio Hass, León Loya siguió luchando, pero fue hasta 1987, cuando la esposa del Gobernador Francisco Labastida, María Teresa Uriarte, ofrece su ayuda.
El proyecto no fue fácil, el teatro era propiedad privada de un español, al que León Loya iría a buscar hasta Madrid para iniciar el proceso de compra.
José Ángel Pescador, como Alcalde de Mazatlán, fue la última pieza que faltaba para conseguir el apoyo necesario para iniciar el proyecto.
“Yo pensé, ‘este es el momento’. Comenzamos con tres albañiles, todo estaba colapsado, empantanado”, recuerda León Loya.
Sin grandes recursos y “poco a poquito”, comenzaron los trabajos que tardarían cinco años en completarse.
En el escenario había crecido un árbol enorme y rápidamente se formó un comité ciudadano para proteger el árbol, provocando un nuevo retraso a los trabajos de restauración.
Con la obra adelantada, aparecieron los españoles propietarios de la propiedad, se ampararon y pararon todo, aunque al final Gobierno del Estado terminó comprando la propiedad.
En 1992, el Teatro Ángela Peralta fue inaugurado, iniciando una nueva época para la cultura y el arte en Mazatlán, y detrás del telón estaba un arquitecto, y todos sus antepasados, celebrando un sueño que alcanza para todos los mazatlecos.
Juan José León Loya en el Teatro Ángel Peralta, el recinto histórico que marcó el inicio de la vida cultural actual en Mazatlán.