Sin flores ni festejos: así viven el Día de las Madres las familias buscadoras en Mazatlán

Carlos Robles
10 mayo 2026

Integrantes del colectivo Por Las Voces Sin Justicia comparten cómo la desaparición de sus familiares transformó el 10 de mayo en una fecha marcada por el dolor, la búsqueda y la esperanza

MAZATLÁN._ Mientras en gran parte del País el 10 de mayo se prepara entre flores, desayunos y reuniones familiares, para miles de madres buscadoras la fecha se ha transformado en una jornada marcada por la ausencia, la incertidumbre y la exigencia de justicia.

En Mazatlán, integrantes del colectivo Por las Voces Sin Justicia viven el Día de las Madres lejos de los festejos tradicionales. En su lugar, están quienes realizan búsquedas de campo, otras más que limpian murales con los rostros de sus desaparecidos y, muchas más, convierten el dolor en una protesta para exigir respuestas.

Para ellas, el calendario dejó de dividirse entre celebraciones y días ordinarios. Desde la desaparición de sus hijos, hermanos, esposos y sobrinos, cada fecha importante se ha convertido en un recordatorio permanente de la falta de un ser amado, dejando de lado las flores, los regalos y las reuniones familiares, instalándose un vacío en los hogares donde antes había convivencia y celebración.


Cinco años en la búsqueda de Alex

A cinco años de la desaparición de Alex Peláez Soto, ocurrida el 8 de mayo de 2021, su madre, Ricarda, aseguró que el Día de las Madres dejó de tener significado para ella y se convirtió en una fecha marcada por el dolor y la búsqueda constante de su hijo.

Para Ricarda, este día no hay nada que celebrar mientras continúe sin respuestas sobre el paradero de Alex, por lo que el sufrimiento permanece como el primer día, especialmente al coincidir el aniversario de la desaparición con la víspera del 10 de mayo.

“La verdad no hay nada que celebrar porque es un dolor inexplicable. Perdí totalmente mi vida social y ya nada vuelve a ser bueno para mí. Este 8 de mayo se cumplieron cinco años de la desaparición de mi hijo y no ha habido ninguna respuesta ni avance por parte del gobierno”, comentó.

“Prácticamente volvemos a vivir la historia como si acabara de pasar. Es un dolor muy fuerte que no se supera. Después de esto ya no hay Navidad ni Día de las Madres para mí, mucho menos algo que festejar”.

Es por eso, que la integrante del colectivo comentó que ahora gran parte de su tiempo lo dedica a participar en búsquedas, pues considera que esta situación vino a cambiar por completo su vida, al igual que la de muchas madres buscadoras que continúan recorriendo terrenos y fosas clandestinas por su propia cuenta.

“No estamos teniendo apoyo de las autoridades, ni respaldo del gobierno para las jornadas. Tenemos que hacer las búsquedas con palas, picos y con nuestras propias manos porque no nos apoyan con nada”, declaró.

Sin embargo, aún con el cansancio y el dolor acumulado, Ricarda aseguró que continuará buscando a Alex, así como a todas las personas desaparecidas, pidiendo a la sociedad no ser indiferente ante la tragedia que viven cientos de familias en Sinaloa.

“Somos demasiadas madres las que estamos pasando por esta situación y sé que para todas es un dolor muy fuerte. Prácticamente nosotros tenemos que hacer el trabajo del gobierno porque el gobierno no hace nada”, dijo.

“Las búsquedas las dedicamos todos los días del año, siempre con la fe de encontrar a nuestros hijos y familiares”.


Un día de memoria y dolor

Lo que durante años fue una fecha de convivencia y celebración familiar, hoy se ha convertido en un día de búsqueda, memoria y dolor para Judith, madre de Johan Antonio Lizárraga López y tía de Kevin de Jesús Espinoza Paz, ambos desaparecidos el 5 de febrero del 2025.

A pocos meses de la desaparición de sus familiares, Judith confesó que este segundo 10 de mayo sin Johan ha sido especialmente difícil, ya que la dinámica familiar cambió por completo y no existen ánimos para un festejo.

“Ha sido muy difícil pasar un Día de las Madres así, porque estábamos acostumbrados a convivir y festejarlo de diferente manera, y hoy lo festejo viniendo a hacer jornadas, limpiezas y actividades relacionadas con las búsquedas”, dijo.

“Este va a ser el segundo 10 de mayo que nos toca estar sin él y decidimos no festejar, pues este día se convierte en uno más de la semana, pero uno aprovecha para hacer este tipo de actividades”.

La madre expresó que integrarse a este tipo de actividades fue complicado al inicio, ya que nunca se había imaginado atravesar una situación así, pero aseguró que el acompañamiento de otras madres buscadoras le ha dado fortaleza para continuar adelante.

“Al principio fue muy difícil y complicado porque nunca me imaginé estar en esta situación. Gracias a las compañeras he encontrado fuerza y apoyo, porque estamos pasando por la misma situación”, expresó.

“Uno encuentra la manera de desahogarse, pues si uno se siente mal, le platica a la compañera porque sabe perfectamente lo que estás viviendo. Así tengas seis meses o cinco años buscando, es el mismo dolor y uno siempre va a estar en agonía hasta encontrar a su desaparecido”, complementó.

De esta forma, Judith comentó que estas actividades realizadas durante el Día de las Madres también buscan visibilizar la realidad de cientos de mujeres, que, lejos de celebrar, recorren calles, terrenos y fosas con la esperanza de volver a ver a sus hijos.


De las flores al recuerdo

Lo que antes eran flores, pequeños detalles y momentos familiares, hoy se han convertido en recuerdos y lágrimas para Génesis, esposa de Juan Federico Granados Nuño, desaparecido desde el 29 de noviembre de 2024.

Para Génesis, el Día de las Madres cambió por completo desde la ausencia de Juan Federico, con quien compartía una relación cercana y llena de muestras de cariño, recordando que, incluso cuando él se encontraba trabajando fuera, siempre buscaba la manera de hacerle llegar un regalo, flores o algún detalle para hacerla sentir especial en esta fecha.

“Él y yo siempre éramos muy unidos. Si él estaba trabajando, siempre me mandaba algún detallito, florecitas o un pastel y ahora ya no recibo nada, solo los muchos recuerdos que tengo con él”, comentó.

Son esos recuerdos los que convierten en un día especialmente doloroso para ella y para su hija, quien también resiente profundamente la ausencia de su padre y más en fechas especiales como esta.

Por lo que detalló que este segundo Día de las Madres sin Juan Federico ha estado marcado por la tristeza y por los recuerdos que llegan en cualquier momento, incluso durante las actividades cotidianas.

“Este segundo Día de las Madres sin él ha sido algo muy triste y feo para nosotras. A veces puedes estar feliz un ratito, pero llega el recuerdo y todo eso te pone mal”, externó.

En medio del dolor, Génesis se ha sumado a las actividades de visibilización relacionadas con la búsqueda de personas desaparecidas, como pintas y jornadas organizadas por colectivos, aunque reconoce que no es algo a lo que una persona puede acostumbrarse.

Finalmente, afirmó que el participar en este tipo de acciones, es una forma de seguir buscando a Juan Federico y mantener viva la esperanza por encontrarlo, mientras enfrenta junto a su hija el vacío que dejó su desaparición.


El dolor de una segunda madre

A pesar de no ser su madre biológica, Patricia asegura que siempre vio a Miguel Alejandro Valdez como un hijo y, desde su desaparición, ocurrida el 2 de octubre de 2024, el Día de las Madres dejó de ser una fecha de convivencia familiar para convertirse en un recordatorio del lugar que quedó vacío en la familia.

Una situación compleja es la que vive Patricia, quien menciona que su sobrino prácticamente se crió con ella y su familia, por lo que el vínculo que compartían iba más allá del de una tía y un sobrino y tras su desaparición, las cosas han cambiado en su hogar.

“Ha sido muy difícil porque nos hemos distanciado un poquito más desde que él ya no está. Mi sobrino era muy apegado a nosotros y estas fechas siempre las pasábamos en familia”, comentó.

“Desde que él desapareció lo extraño demasiado en estas fechas tan especiales. Él se crió con nosotros y yo lo siento como si fuera mi hijo”.

Patricia recordó que cada año acostumbraban pasar estas fechas unidos, preparando todo para visitar el panteón y llevar flores a sus familiares, pero esta tradición cambió por completo desde que Miguel Alejandro desapareció.

En este sentido, confesó que este Día de las Madres ha estado marcado por una profunda tristeza, pues extraña a quien consideraba como un hijo propio, pues desde su desaparición, ha hecho hasta lo imposible por encontrarlo, aunque hasta el momento no han obtenido respuestas.

“Siento un vacío muy fuerte porque he hecho lo imposible por buscarlo y no he tenido ninguna respuesta. Para mí es importante sumarme a un colectivo porque así mantenemos presente su rostro y su nombre”, dijo.

Fue por eso que, ante el dolor, Patricia se sumó al colectivo, donde participa en actividades para visibilizar la problemática de las desapariciones y mantener presente el rostro y nombre de Miguel Alejandro, con la esperanza de que nunca sea olvidado.

“Queremos que la gente no se olvide de él y que sepan que seguimos buscándolo, porque sigue la esperanza de encontrarlo, sea como sea, pero encontrarlo”, puntualizó.


Entre el dolor propio y el de una madre

Entre fotografías, pintura y recuerdos, Edén Lizette volvió a enfrentar el dolor por la desaparición de su hermano Israel Armando Sepúlveda Machado, ocurrida el 20 de julio de 2020, una herida que sigue abierta casi seis años después.

En vísperas del Día de las Madres, Edén aseguró que una de las partes más difíciles ha sido cargar no solo con la ausencia de su hermano, sino también con el sufrimiento de su madre, quien cayó en depresión y ansiedad tras la desaparición de Israel.

“Totalmente la vida cambia, el corazón y la vida ya no los ves igual. Yo tengo dolor por mi mamá, porque no quiero ni imaginar lo que es perder a un hijo y no saber nada de él, por lo que no hay palabras para describir el dolor que vive una madre con un hijo desaparecido”, declaró.

“Es un dolor que no se supera jamás y que toda la familia carga todos los días, por lo que ya no hay celebraciones en casa”.

Edén expresó que las celebraciones familiares cambiaron por completo y que ahora estas fechas se viven entre recuerdos, tristeza y actividades para visibilizar a las personas desaparecidas.

Además, explicó que su madre incluso tuvo que alejarse de Mazatlán para intentar sobrellevar el dolor y la incertidumbre, mientras ella asumió un papel de apoyo dentro de la familia.

“Estamos viviendo en carne propia un dolor que jamás pensamos que llegaría a nuestra familia. Yo vivo dos dolores, el de perder a mi hermano y el sufrimiento de mi madre”, dijo.

Durante esta conmemoración, Eden participó junto a otras familias en actividades de limpieza y restauración de murales con los rostros de personas desaparecidas, como una forma de mantener viva su memoria y exigir respuestas.


Un dolor que doblega

Con brochas, pintura y fotografías de personas desaparecidas, familias mazatlecas transformaron el Día de las Madres en una jornada de memoria y exigencia, entre ellas la de Sixsiri, hermana de Griset Alejandrina Becerra Gamboa, desaparecida desde el 13 de noviembre de 2024.

Sixsiri comentó que desde la desaparición de su hermana, el 10 de mayo dejó de ser una celebración y se convirtió en una fecha marcada por la incertidumbre y el dolor, especialmente para su madre, Zulema, quien ha enfrentado episodios de depresión, ansiedad y un profundo desgaste emocional.

“El 10 de mayo ya no es celebración, ahora es conmemoración, por lo que cuando te falta una persona tan importante, todo cambia y ya nada tiene sentido. Ni siquiera sabemos si llevar flores porque no tenemos un lugar donde ir a llorarle”, dijo.

“Seguimos con la incertidumbre de no saber si está viva o qué pasó con ella, por lo que mi mamá cayó en una tristeza, ansiedad y miedo muy fuertes después de la desaparición de mi hermana”.

Aunque Zulema continúa participando en actividades organizadas por colectivos de búsqueda, Sixsiri reconoció que hay momentos en los que el dolor termina por doblegarla, por lo que ella ha tenido que convertirse en su voz y apoyo constante dentro de estas jornadas.

“Hubo momentos en los que pensamos que mi mamá no iba a soportar esta situación, pero el amor de madre lo mueve todo y saca fuerzas de donde no las hay. Muchas madres ya no pueden participar en actividades porque emocionalmente es demasiado difícil”, declaró.

La joven explicó que acompañar a su madre y mantener presente la imagen de Griset se ha vuelto una manera de seguir luchando por encontrarla, mientras enfrentan la ausencia que cambió por completo la dinámica familiar.

Es por eso que durante este Día de las Madres, Sixsiri y su madre se sumaron a las integrantes del colectivo para realizar labores de limpieza y actividades de visibilización, mientras otras familias participaban en búsquedas en campo, recordando que detrás de cada ficha hay madres, hermanas e hijos esperando respuestas.


El peso del dolor de una hija

Mientras muchas familias se preparan para celebrar el Día de las Madres, Felipe encontró una nueva forma de acompañar a su hija, el convertirse en buscador para enfrentar junto a ella la desaparición de su nieto, Óscar David Arámburo Sainz, ocurrida el 14 de enero de 2025.

Ante la depresión y el temor que invadieron a la madre del joven desaparecido, Felipe decidió asumir un papel activo dentro del colectivo Por las Voces Sin Justicia, participando en marchas, jornadas de limpieza y actividades de búsqueda que hoy sustituyen las celebraciones familiares.

“La vida de nosotros dio un giro completamente desde la desaparición de mi nieto. Ya no nos ilusiona convivir ni celebrar con otras personas por la situación que estamos pasando”, externó.

“Por eso, el Día de las Madres ya no se celebra en nuestra familia”.

El hombre explicó que tomó la decisión de representar a su hija en muchas de estas actividades debido al miedo que ella siente por la seguridad de sus otros hijos, además del desgaste emocional que le dejó la desaparición de Óscar David.

Con humildad, aseguró que ya vivió gran parte de su vida y que ahora su prioridad es luchar por encontrar a su nieto y sostener emocionalmente a su familia en medio del dolor.

“Le dije a mi hija ‘yo voy a dar la cara por ustedes’, pues yo ya viví mi vida ahora me queda luchar por encontrar a mi nieto”, dijo.

Por eso, este 10 de mayo, mientras otras personas organizan reuniones o festejos, Felipe acompaña a madres buscadoras y familias de desaparecidos, convencido de que mantenerse activo en el movimiento también ayuda a darle ánimo a su hija y demostrarle que no está sola.

“Del colectivo he recibido mucho apoyo, cariño y perseverancia, por eso me siento orgulloso de andar con las madres buscadoras, porque todos cargamos el mismo dolor. Poco a poco mi familia ha ido superando esto gracias a que ven que seguimos luchando”, puntualizó.

Finalmente, Felipe afirmó que participar en estas actividades le permite sentir que continúa cerca de su nieto y mantener viva la esperanza de obtener noticias sobre su paradero, mientras pide a la ciudadanía no ser indiferente ante la crisis de desapariciones que viven cientos de familias.

De esta forma, entre fotografías colgadas en puentes, murales restaurados, búsquedas en campo y reuniones que ya no son para celebrar sino para resistir, el 10 de mayo tomó un significado distinto para cientos de familias en Mazatlán y en todo México.

Para las madres buscadoras y sus familias, esta fecha ya no se mide en flores, regalos o serenatas, sino en años de ausencia, en jornadas bajo el sol buscando una pista y en la esperanza de volver a encontrar a quienes un día salieron de casa y no regresaron.

Es por eso que, mientras el País celebra, ellas exigen verdad, justicia y respuestas, pues para quienes viven la desaparición de un ser querido, el Día de las Madres dejó de ser una fiesta y ahora es un recordatorio permanente de que aún faltan miles por volver a casa.