Amor a toda prueba
06 noviembre 2015
"Un conflicto dividió a los rosarenses por su clase social, pero la devoción a su Santa Patrona los llevó de nuevo a ser una sola familia"
EL ROSARIO._ El amor, la fe y la devoción de los rosarenses se ponen de manifiesto al celebrar a su Santa Patrona, la Virgen del Rosario, cada primer domingo de octubre.El pueblo de El Rosario se ha distinguido por ser uno de los más dedicados y consagrados a sus costumbres.
Prueba de ello fue el esfuerzo realizado para cambiar el santuario de la Virgen del Rosario de su lugar original, en 1935, ante el peligro de que por las excavaciones realizadas en la zona minera el templo pudiera venirse abajo.
Cada piedra fue cuidadosamente retirada del antiguo templo y transportada en carretas, en mulas o brazos de los fieles, según sus posibilidades, lo importante era conservar el sagrado lugar.
En 1957 nació un conflicto, que partió de la restauración total del templo, aun sin terminar, pero la fe y devoción hacia la Santa Patrona fue más fuerte y después de ese proceso el pueblo volvió a unirse, en un primer domingo de octubre, para celebrar a la Virgen del Rosario.
Guillermo López Estrada, historiador del municipio, indicó que el pueblo rosarense puede tener muchas diferencias, pero existen dos puntos de unión entre ellos: la fe y el amor hacia la Virgen del Rosario.
Ricos contra pobres
En la búsqueda de reconstruir una de las piezas arquitectónicas más importantes del sur de Sinaloa, inició uno de los conflictos más recordados por el pueblo rosarense.
En 1935 cada piedra del santurario en honor a la Virgen del Rosario fue removido, para evitar que se lo tragara la tierra, socavada por la extracción de metales de las minas vecinas.
Hasta 1957 la obra estaba sin terminar. El sacerdote Silverio González buscaba afanosamente que el santuario estuviera listo, pero era tal la presión que ejercía sobre los fieles que algunos pidieron que fuera removido.
Guillermo López Estrada, Cronista de la Ciudad, señala que el conflicto dividió a las clases sociales de esa época: los pobres buscaban a toda costa la permanencia del sacerdote, consideraban injusta su remoción; los ricos estaban de acuerdo que se fuera.
En ese entonces las misas dominicales se oficiaban en el templo de Santo Domingo, hoy Colegio Rosario, pues el de Nuestra Señora del Rosario aun se encontraba en obra negra.
Por orden del Obispo de Sinaloa, Lino Aguirre, el sacerdote fue notificado de su cambio al templo de Dimas, San Ignacio. Quienes lo apoyaban iniciaron manifestaciones a fin de evitar que fuera removido.
Con la intención de hacer fuerte la demanda, los pobladores inconformes integraron la Junta Vecinal, que estuvo integrada por personalidades célebres del municipio que aunque no eran asiduos al culto apoyaron las demandas del pueblo: Segundo Oleta, Pablo Gandarilla, Prisciliano Valdez, entre otros 11 ciudadanos, quienes repartieron volantes y escritos en defensa del sacerdote.
López Estrada señala que las manifestaciones subieron de tono. Las campanas dejaron de ser utilizadas para llamar a misa y ahora lo hacían para reunir a los simpatizantes e iniciar marchas por las principales calles de la ciudad.
Consignas como "Abajo las del tacón dorado" y que "Mueran los de la chancla" eran las que se escuchaban de uno y otro bando; cada uno defendía su postura ante el conflicto.
A fin de que sus demandas fueran escuchadas, los manifestantes cerraron el templo de Santo Domingo e impidieron la celebración de ceremonias religiosas durante los meses que duró el conflicto.
Ante esta situación, fue necesaria la intervención de autoridades de los tres niveles de Gobierno, que mandaron detener a los cabecillas de la Junta Vecinal que días más tardes fueron liberados gracias a la intervención de Soledad Velázquez, madre de Gabriel Leyva Velázquez, en ese entonces, Gobernador de Sinaloa.
A Pedro Ignacio Silva Lozano y Agustín Valdez de la Quintana, vecinos de El Rosario, les tocó vivir de cerca el conflicto, pues ambos fungían como acólitos.
Mientras que para el primero el problema se derivó de la desobediencia del sacerdote, pata el segundo fue el amor que éste sentía por los fieles y por la Virgen del Rosario.
"Eso sí, fue desobediente de la Iglesia, pero fue un buen sacerdote y creyente, él (Silverio), tenía organizados a los jóvenes, a las mujeres, a los ricos, a los pobres y todos participaban en misa", dijo, Silva Lozano.
"El problema del padre (Silverio) fue por decir la verdad y a unos no les convino, pero fue un buen sacerdote que supo inculcar el amor y la fe hacia la Virgen, y al final hizo que la gente entendiera que todos éramos una sola familia y terminó el conflicto", dijo Valdez de la Quintana.
El conflicto terminó en 1958, cuando Silverio González aceptó su cambio, y no fue hasta 1962 que la iglesia fue terminada y se abrió nuevamente al culto religioso, realizando la celebración de las fiestas de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario.
LARGO CAMINO
Para que el templo de Nuestra Señora del Rosario estuviera tal como se puede ver hoy, tuvo que superar muchas pruebas.
* En 1935 el templo se ubicaba en el corazón de la zona minera, casi bajo la mina El Tajo y a un costado de una gran excavación que se convirtió en la Laguna del Iguanero.
* Ese año se habló del peligro de colapso del edificio, pues los trabajos de extracción de minerales socavó el subsuelo sobre el que se asentaba.
* Se decidió entonces cambiar el templo de ubicación e inició la titánica tarea de removerlo, piedra por piedra, y la reconstrucción.
* Hasta 1957 el templo todavía estaba inconcluso, por lo que el sacerdote Silverio González empezó a arengar a los miembros de las clases económicamente altas para que hicieran aportaciones.
* Los sermones molestaron a los ricos y se quejaron; ante ello el Obispo de Sinaloa, Lino Aguirre, decidió el cambio del sacerdote a Dimas, San Ignacio.
* En protesta, los pobres iniciaron manifestaciones y cerraron el templo de Santo Domingo, donde se realizaban las ceremonias religiosas.
* Las manifestaciones llegaron al punto de que se ordenó la detención de los 11 cabecillas de la llamada Junta Vecinal, que lideraban el movimiento.
* Los 11 líderes fueron liberados por la intervención de Soledad Velázquez, mamá del entonces Gobernador Gabriel Leyva Velázquez.
* El sacerdote aceptó su cambio para terminar con el conflicto, pero también los llamados "ricos" aceptaron colaborar para que el templo quedara listo.
* El templo de Nuestra Señora del Rosario, considerado una de las obras más bellas del sur de Sinaloa, abrió sus puertas el primer domingo de octubre de 1962, precisamente para celebrar a su Santa Patrona.