‘El campamento es una comunidad’: 100 días defendiendo Topolobampo; colectivo ¡Aquí No! rechaza planta de amoníaco
El campamento pacífico del colectivo ¡Aquí No! suma 100 días defendiendo el puerto de Topolobampo y la bahía de Ohuira de una amenazante planta de amoníaco del complejo petroquímico Gas y Petroquímica de Occidente, también conocida como Proman GPO
Este domingo 6 de septiembre el campamento pacífico ―que instalaron los habitantes de Topolobampo, pescadores y el pueblo Mayo-Yoreme frente al predio del complejo petroquímico Gas y Petroquímica de Occidente, también conocida como Proman GPO― suma 100 días de defensa del territorio con el que refrendan su rechazo a la planta de amoníaco que la empresa alemana busca instalar en el municipio de Ahome, en Sinaloa.
“No solo es la instalación de la planta, nos están robando la vida. Estas empresas extractivas vienen a destruir el medio ambiente y a robarnos la vida a toda esta población”, es la enérgica denuncia de Enrique Ayala, integrante del colectivo ¡Aquí No!, en entrevista para Animal Político.
La defensa de la Bahía de Ohuira no es reciente. Sus habitantes, pescadores y el pueblo indígena Mayo-Yoreme llevan 13 años protegiendo su territorio.
Las comunidades han informado a la población de los riesgos latentes de este megaproyecto.
Tan solo para desarrollar esta fábrica se destacan amenazas como fugas en la tubería de gas natural y amoníaco, como aparece señalada en la Manifestación de Impacto Ambiental de este megaproyecto denominado “Planta de Amoníaco de 2200 TMPD en Topolobampo”
“Hemos estado en la Ciudad de México tocando puertas, tocando a la embajada alemana, tocando la Cámara de Diputados, pero -quiero aclarar- en campaña ahí sí, son los más oníricos, los más amables. Pero a la hora de decidir se les olvida. Hemos estado en distintas instancias en estos 10 años, tocando puertas, y nadie se ha dignado a voltear”, añade Enrique.
La planta de amoníaco que la empresa Proman GPO busca instalar, afectaría a la diversidad biocultural de la bahía ubicada en el municipio de Ahome, Sinaloa. El lugar forma parte del sistema lagunar Santa María–Topolobampo–Ohuira, reconocido oficialmente como Sitio Ramsar (humedal de importancia internacional) desde febrero de 2009.
Durante la entrevista con Enrique Ayala, integrante del colectivo ¡Aquí No!, destacó la importancia de su lucha, de la defensa de la bahía y de la organización del campamento que, pese a la amenaza de esta megafábrica de amoníaco, la población está unida, con fuerza y con un tejido social restaurado, haciendo comunidad.
“Este domingo, 6 de septiembre, cumplimos 100 días de que instalamos el campamento de la resistencia y la dignidad. Haremos una serie de eventos. Primero, un informe de los 100 días de lucha y después un evento cultural y de la comunidad para hermanarnos más con las distintas comunidades. Recordemos que aquí estamos dos culturas conviviendo: la cultura de los pueblos originarios Mayo-Yoreme y la cultura del Yori. Ellos son yoremes, y nosotros mestizos, somos yori. Y hay esa fusión y hay una unidad y esta unidad es la defensa de la vida”, comentó Enrique.
Defender el manglar, defender la vida
Enrique Ayala es originario de la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, nació en noviembre de 1956 y a sus 70 años de edad dedica su vida a la defensa del territorio, de la vida y el medio ambiente junto con su esposa. Ambos son parte del colectivo ¡Aquí No!, un movimiento que nació del enojo y el hartazgo de ver cómo las empresas extranjeras lo han convertido en el “Valle de la Muerte”.
Ayala cuenta que denominaron a la zona como el “Valle de la Muerte” porque la tierra ya está completamente impactada por el monumental uso de agroquímicos para la producción agrícola. El sinaloense subraya que este daño al suelo ya se palpa en la salud de las personas con padecimientos como daño renal y cardiovascular, además de diagnósticos de cáncer.
“Vivimos en un valle meramente agrícola. Son empresas transnacionales las que controlan la producción agrícola en el norte de Sinaloa, una agricultura meramente de exportación; con esto queremos señalar por qué este valle es conocido como el Valle de la Muerte”, recalcó.
Enrique trabajó en la industria farmacéutica y siempre ha participado en las distintas luchas sociales. En la Ciudad de México, a nivel sindical y posteriormente en la lucha revolucionaria de Centroamérica, Nicaragua y El Salvador participando con un espíritu solidario e internacionalista. Hoy, esa motivación sigue viva y lo muestra en la defensa de la Bahía de Ohuira.
“Soy de aquí, conozco la región y somos los primeros afectados con la instalación [de la planta de amoníaco]”, añade.
El colectivo ¡Aquí No!, explica Enrique, reclama que las autoridades ambientales no ven que todo tipo de daño ambiental es acumulativo y eso se traduce en destrucción. No obstante, ante la falta de voluntad política en más de una década el movimiento decidió defender la riqueza natural y cultural de la Bahía de Ohuira.
El sistema lagunar de Santa María–Topolobampo–Ohuira, es un ecosistema boscoso de manglar en la que habita fauna que vive en el mar. La bahía tiene una entrada de agua que conecta con el Golfo de California.
Topolobampo: el mundo divino del pueblo Mayo-Yoreme
En la Bahía de Ohuira se encuentran colindantes las comunidades pesqueras de Topolobampo, Paredones y Lázaro Cárdenas donde habita el Pueblo Mayo-Yoreme para quienes el mar no solo es un elemento de la naturaleza; para ellas y ellos es la cosmovisión de su mundo.
Las empresas que, como Proman GPO, pretenden instalarse en la entrada de recambio de agua de la bahía un lugar donde la profundidad del agua es muy baja y tiene una profundidad máxima de 2 metros. Ahí, explica Enrique, el intercambio de agua del exterior al interior, para renovarla tarda de dos a tres días.
Por ello, impactar la Bahía de Ohuira con la instalación de la planta de amoníaco implicaría atentar con el mundo de la población Mayo-Yoreme ya que, en la Manifestación de Impacto Ambiental del proyecto, la empresa reconoce que succionará 2 mil metros cúbicos (m3) de agua de mar por hora.
Sin embargo, al retornar esa agua que la empresa tomó del mar, el líquido volvería caliente. En consecuencia, advierte el colectivo ¡Aquí No!, aumentaría la temperatura en 3° causando devastación para la vida marina al combinarse con la elevación de la salinidad por las descargas de salmuera.
“Toda la destrucción se daría en la bahía. Simplemente con un cambio de 1 grado [de temperatura] cambias todo el ecosistema. Imaginémonos 3 grados; es la muerte. Es la muerte de la vida marina. Es la muerte para el pueblo indígena. Espero que entiendan que nuestro mensaje es la vida. La vida en sí, es lo que estamos peleando”, advierte.
Enrique explicó que para la comunidad indígena Mayo-Yoreme, el mar, es su vida, es su cosmovisión. La comunidad indígena Mayo-Yoreme su mundo, su vida, su espiritualidad es la Bahía de Ohuira, es el mar, todo lo que da el mar. Es el mar y todo lo que vive ahí, desde el manglar, el pato, la garza, la gaviota, los peces, la tortuga, la ballena, los delfines, los camarones. “Todo eso es su mundo”.
“Entonces, estas empresas extractivas no vienen a quitarle a ellos [al pueblo Mayo-Yoreme] la vida y la salud como a nosotros los Yoris. A ellos vienen a quitarles su mundo, el más allá, aquello que nosotros vemos con espiritualidad; para ellos eso les están quitando. Y eso lo quiero señalar porque todos estos proyectos son de empresas extranjeras”, recalcó.
Hacer comunidad al defender el territorio
El campamento pacífico que nació después de semanas de manifestaciones y la llegada de “El Misil”, infraestructura que usará la empresa Proman GPO como torre industrial para la producción de amoníaco, que fue transportado el 30 de mayo por Topolobampo. Hoy es una comunidad en resistencia.
A 100 días de defensa del territorio y la cosmovisión del pueblo Mayo-Yoreme, las comunidades de Ohuira, Paredones, Lázaro Cárdenas y Los Mochis se organizan directamente por día. Sus guardias son de 24 horas por cada comunidad.
“Nosotros, Los Mochis, estamos a una distancia de 25 kilómetros del lugar donde se encuentra esta planta de muerte. Ahí estamos organizados para llegar a las guardias del campamento en las distintas entradas y salidas de la empresa, para que no haya el ingreso.
Nosotros hemos acordado que será la propia seguridad de la empresa la que tenga el permiso de parte nuestra de entrar y salir”, explica Enrique.
En el campamento las compañeras son “Las Adelitas” de este movimiento; de acuerdo con Enrique Ayala del colectivo ¡Aquí No!, ellas se encargan de la comida y los recursos de la propia comunidad que se utilizan para organizar la alimentación.
La comunidad de Los Mochis los apoya mucho con víveres, alimentos perecederos y no perecederos para resistir durante las 24 horas de guardia. Asimismo, cada comunidad se maneja bajo su propio criterio mañana, tarde y noche.
Enrique cuenta que, la zona donde se realiza el plantón se caracteriza por tener tardes muy calurosas hasta que el día refresca y cuando bajan compañeros de las distintas comunidades para pasar la tarde y escuchar música.
“El campamento es una comunidad. Es donde tenemos el informe diario que da el colectivo. Este movimiento nos ha hecho tener mayor acercamiento, mayor vida social y eso nos ha hermanado más. El ánimo está más fuerte, día a día. Cuando les preguntan a los compañeros que cuánto piensan ellos que van a aguantar, esperamos la respuesta, y dicen: ‘Ya llevamos más de 10 años esperando, podemos esperar, 10 años más’”, añade Enrique Ayala integrante del colectivo ¡Aquí No!