Gobierno abre evaluación sobre fracking mientras crecen alertas por sus impactos
El análisis técnico del Gobierno de México enfrenta posturas encontradas entre especialistas y organizaciones ambientales por los riesgos del fracking
México importa cerca del 75 por ciento del gas natural que consume, un dato que reactivó la discusión sobre la explotación de yacimientos no convencionales en el País, una alternativa que especialistas consideran con potencial para reducir esa dependencia, pero que organizaciones ambientales rechazan por sus impactos sobre el agua, el clima y las comunidades.
El debate se intensificó esta semana, luego de que el Gobierno federal abrió un análisis técnico sobre la viabilidad de aprovechar gas de lutitas con nuevas tecnologías.
En entrevista con Animal Político, Alma América Porres Luna, ex comisionada de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, consideró que México tiene condiciones para avanzar en este tipo de proyectos si lo hace con controles estrictos.
“La tecnología está disponible. Ya no es un reto de investigación, porque hay compañías que han estado desarrollando por años esa tecnología. El reto para México está en la eficiencia con que se va a aplicar, y hacerlo con estricta vigilancia, pues es un reto de seguridad y ambiental”.
La línea de tensión se mantiene clara: mientras el gobierno plantea explorar opciones distintas al fracking tradicional, organizaciones civiles sostienen que no existe una forma de fractura hidráulica sin efectos ambientales relevantes.
Organizaciones como la Alianza Mexicana contra el Fracking, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental y Greenpeace México han rechazado la idea de un “fracking sustentable” y advierten que sus impactos en agua, clima y comunidades han sido documentados durante décadas.
La discusión ocurre en un contexto en el que el gas natural es un insumo clave para la generación eléctrica y buena parte de la actividad industrial, lo que ha incrementado la presión por garantizar su abasto.
En sus conferencias mañaneras del 8 y 9 de abril, la Presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación de un comité científico con especialistas de la UNAM, el IPN y centros de investigación, que durante al menos dos meses evaluará si la explotación de gas no convencional es técnica y ambientalmente viable en México.
Detrás de esta evaluación está el potencial identificado desde hace años en el subsuelo nacional. De acuerdo con el estudio “Los retos y oportunidades de la producción de petróleo y gas natural de yacimientos no convencionales en México”, elaborado en 2022, el País cuenta con 224.7 billones de pies cúbicos de recursos prospectivos de gas natural, de los cuales 63 por ciento corresponde a shale o lutitas.
En petróleo, el volumen prospectivo, es decir, recursos estimados que podrían encontrarse y explotarse, asciende a 68 mil millones de barriles y 53 por ciento también corresponde a recursos no convencionales.
Parte importante de estos recursos se ubica en el norte del País, en zonas donde existe continuidad geológica con cuencas productivas de Estados Unidos como Eagle Ford y la Pérmica, lo que ha mantenido el interés en el desarrollo de estos yacimientos.
A ello se suma que Petróleos Mexicanos inició exploraciones en recursos no convencionales desde 2010, aunque con resultados limitados en sus primeros pozos debido a condiciones técnicas y de profundidad distintas a las de Estados Unidos.
Porres Luna sostuvo que México puede aprovechar la experiencia acumulada en otros países para acortar tiempos de aprendizaje.
“Podemos aprovechar la información y experiencia internacional en la exploración y explotación de los yacimientos no convencionales”, dijo.
Aun así, matizó que este tipo de proyectos no resolverían de inmediato la dependencia energética.
“Quizá no se resuelva la soberanía en gas de inmediato, pero sí podemos ir reduciendo paulatinamente la dependencia de Estados Unidos en materia de gas”.
El Gobierno federal ha planteado que antes de tomar una decisión se revisarán alternativas al fracking tradicional, como tecnologías que utilizan menos químicos agresivos, reciclan agua o emplean agua salada o no potable.
También ha dejado abierta la posibilidad de contratos mixtos para incorporar tecnología privada en caso de que el análisis resulte favorable.
A las objeciones ambientales se suman los retos operativos y financieros. Especialistas han señalado que Pemex no cuenta con la experiencia técnica suficiente en el desarrollo de yacimientos no convencionales y que su explotación requeriría inversión privada, así como condiciones de mercado que aseguren su rentabilidad.
Así, la discusión sobre el gas no convencional en México se mueve entre dos presiones: la necesidad de reducir la dependencia del gas importado y las alertas sobre los costos ambientales, sociales y económicos de abrir nuevamente la puerta al fracking.
Por ahora, el gobierno decidió llevar el tema a una fase de evaluación técnica, mientras el debate público sigue abierto.