Inicia causa de beatificación del Padre Ignacio Larrañaga, fundador de los Talleres de Oración y Vida

ACI Prensa
06 octubre 2026

Este 6 de octubre, la Arquidiócesis de Guadalajara abrió la fase diocesana de su causa de beatificación y canonización

El Padre Ignacio Larrañaga Orbegozo, sacerdote capuchino y fundador de los Talleres de Oración y Vida (TOV), comenzó formalmente su camino hacia los altares. Este 6 de octubre, la Arquidiócesis de Guadalajara (México) abrió la fase diocesana de su causa de beatificación y canonización.

Durante la ceremonia celebrada en la curia arquidiocesana se leyó el nihil obstat (nada impide) del Dicasterio para las Causas de los Santos del Vaticano y el decreto del Cardenal Francio Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, que ordena la apertura del proceso.

En el decreto se recordó que la arquidiócesis tiene la competencia para instruir esta causa, debido a que el Padre Larrañaga falleció en su territorio en 2013.

De acuerdo con la instrucción Sanctorum Mater, que regula el procedimiento diocesano en las causas de los santos, corresponde, como norma general, al obispo de la diócesis donde murió el Siervo de Dios instruir esta etapa del proceso.

“Un incansable buscador de Dios”

Como representante del Cardenal Robles Ortega participó Mons. Fray Juan Manuel Muñoz Curiel, Obispo Auxiliar de Guadalajara, quien durante su intervención recordó al Padre Larrañaga como un “incansable buscador de Dios”.

Además, lo describió como un “místico de nuestro tiempo, que, con su palabra cálida y su profunda experiencia contemplativa, enseñó a millones de personas a orar y a vivir en intimidad con el Padre”.

“Él supo traducir la altísima mística franciscana en un método sencillo y accesible para que el hombre de la calle pudiera encontrarse cara a cara con el Señor”, aseguró Monseñor Muñoz Curiel.

Sin embargo, precisó que, al iniciar este proceso no se busca “elevar a un hombre a los altares para admirarlo de lejos”, sino recordar que el llamado a la sanidad es una “vocación de todo bautizado, como él mismo solía enseñarnos”.

Afirmó que su vida es destacada no porque “careciera de dificultades, sino porque en medio de sus debilidades y de las fatigas de su incansable labor apostólica supo abandonarse con total confianza en las manos del Padre”.

Inspirados en este testimonio, el prelado invitó a los presentes a “salir de la mediocridad espiritual y abrazar con valentía nuestra propia vocación a la santidad” y pidió a Dios que, “si es para su mayor gloria y el bien de la Iglesia, se digne glorificar a su siervo Ignacio”.

¿Qué sigue ahora en el proceso?

Como primer acto procesal, Monseñor Óscar Sánchez Barba, postulador diocesano de la causa, presentó formalmente una lista inicial de 50 testigos de 10 países. Además, de 47 libros y folletos escritos por el P. Larrañaga, así como otros documentos y publicaciones sobre su vida y obra.

A través de un tribunal establecido, se entrevistará a la lista de testigos y se estudiarán los textos, para posteriormente realizar un documento denominado Positio que será enviado al Dicasterio para las Causas de los Santos.

Si después del estudio en el Vaticano se determina que el P. Larrañaga vivió las virtudes cristianas en grado heroico y el Papa autoriza el correspondiente decreto, el Siervo de Dios pasa a ser considerado Venerable.

Para avanzar posteriormente hacia la beatificación será necesario el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión.

¿Quién fue Ignacio Larrañaga Orbegozo?

De acuerdo con la información compartida durante la ceremonia, el Padre Ignacio Larrañaga Orbegozo nació el 4 de mayo de 1928 en la provincia de Guipúzcoa, que pertenece al País Vasco (España).

En 1940, a los 12 años, ingresó al Seminario Menor Seráfico de los Capuchinos de Alsasua y posteriormente continuó su formación en Fuenterrabía. Más tarde ingresó al noviciado capuchino de Sangüesa, donde en 1948 realizó su primera profesión religiosa.

Al siguiente año tomó el nombre religioso de Fray Jesús María de Azpeitia y continuó sus estudios de Teología en Pamplona, donde fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1952.

Según se relata, “desde el comienzo de su sacerdocio, sintió un fuerte deseo de dedicarse a la evangelización y especialmente a profundizar en la oración contemplativa”.

Esto lo llevó a viajar a América y en septiembre de 1959 llegó a Chile, donde “participó en misiones populares, visitó familias, predicó en parroquias”.

En 1955 fue nombrado director del Centro de Estudios Franciscanos y Pastorales para América Latina (Cefepal), desde donde impulsó las Semanas de Convivencia y Renovación franciscana, que posteriormente se extendieron por distintos países de América Latina y Europa.

A partir de 1970, el Padre Larrañaga desarrolló una intensa labor como predicador y formador. Recorrió numerosos países de América y Europa impartiendo cursos y encuentros de espiritualidad.

En 1974 comenzó en Brasil los Encuentros de Experiencia de Dios, jornadas centradas en el silencio, la oración, la reflexión y la escucha de la Palabra de Dios que “tuvieron una gran expansión”.

En 1984 comenzó a desarrollar en Santiago de Chile los Talleres de Oración y Vida (TOV), una iniciativa destinada a enseñar a los laicos diferentes métodos para rezar y a profundizar en la vida cristiana.

Con el paso de los años, los talleres se extendieron por América, Europa, Asia y África. En 2022 recibieron de la Santa Sede la aprobación como Asociación Privada Internacional de Fieles de Derecho Pontificio.

Durante sus últimos años, el Padre Larrañaga continuó viajando, ofreciendo retiros y encuentros de formación.

En octubre de 2013 viajó a Guadalajara (México) para participar en uno de estos encuentros. Falleció durante la madrugada del 28 de octubre, a los 85 años y 60 años de sacerdocio.

Escribió libros como Muéstrame tu rostro; El hermano de Asís; El pobre de Nazaret; El silencio de María; entre otros, donde aborda temas como la oración, el sufrimiento, la confianza en Dios, la conversión y la búsqueda de la paz interior.

Para concluir, Monseñor Fray Juan Manuel Muñoz Curiel afirmó del P. Larrañaga que “su propia trayectoria puede entenderse como un camino de búsqueda, crisis, entrega, misión y fe en Dios. Su obra continúa transmitiendo esa invitación a descubrir a Dios como Padre y a vivir la fe desde una relación personal profunda y confiada con él”.