Ser madres sin dejar
de ser periodistas
Hay tantos temas que tratar en estas semanas en cuanto al periodismo, que tuvimos la tentación de omitir en este día tan especial la temática de las madres periodistas... pero al final creemos que es sólo una vez al año que se nos justifica abordar este punto, así que decidimos aprovecharlo.
En uno de los tantos estudios y reflexiones que se han hecho al respecto, nos conmovió una anécdota de una periodista del Diario Hoy, de Ecuador, que se cuenta en el artículo titulado “Maternidad y periodismo, una fórmula poco comprendida”, publicado por la asociación Periodistas sin Cadenas.
Y la anécdota es simple. Cuenta cómo suena por enésima ocasión la extensión de un teléfono en la Redacción de dicho periódico, que la reportera lo contesta tensa sólo para escuchar también por enésima ocasión la pregunta: “¿ya vienes?”.
Podría parecer un detalle intrascendente, y hasta simple, pero para quienes somos madres periodistas esa sola frase emitida desde la línea telefónica por la voz de uno de nuestros hijos o hijas pequeños nos hace cimbrar y nos mueve fibras sensibles.
Porque ahí se resume el anhelo de nuestros hijos que por la noche esperan que lleguemos a casa, y la tensión de las mamás periodistas apuradas aún en el cierre de edición o en la entrega de sus últimas piezas, sin poder desprenderse aún de la jornada laboral.
Siempre repetimos que la labor periodística es tan dura, tan demandante y tan exigente que sólo la podemos hacer por años quienes de verdad tenemos una vocación... pero si además quienes lo hacemos somos madres, eso significa no sólo ser fuertes, sino resilientes, comprometidas y entregadas al mil por ciento... en ambos polos de nuestra vida: la maternidad y el periodismo.
En Noroeste, ya lo hemos dicho, la participación de las mujeres es muy representativa, y la de las madres también, en todas las áreas en general, pero en realidad, actualmente tenemos muy pocas madres periodistas. No es sencillo compaginar ambas caras.
Ojalá tuviéramos más, pues es sabido que al ser madres y al ser mujeres se tiene una sensibilidad especial para muchos temas que a veces son poco abordados desde el periodismo, o para tocar las temáticas desde otros ángulos.
El libro “Mamás y periodistas: el gran desafío de maternar y de informar”, de Ana Gabriela Dávila Jácome, autora ecuatoriana especialista en estudios de género, reúne 24 historias de madres que se dedican al periodismo, y su presentación resume perfecto el contexto: “Para quienes son madres y periodistas, el periodismo y la maternidad representan experiencias entre las cuales se tejen vínculos y tensiones que las palpan todos los días y que están presentes en su cotidianidad. Vivir entre ambas no resulta fácil a la hora de equilibrar su tiempo y de entregar lo que cada una requiere, al ser altamente demandantes”.
Y es que si hay una profesión celosa, esa es el periodismo, el periodismo de verdad, ese que se mete en cada rendija del cuerpo y de la vida, ese que difícilmente permite dedicarle tiempo a otros trabajos, aficiones y hasta cuestiones personales.
Los horarios infinitos nos hacen vivir atados al trajín de la Redacción, a la efervescencia de la noticia y a esa necesidad impetuosa que los periodistas tenemos por estar informados, por estar al día y por presenciar los momentos trascendentes y hasta históricos de nuestras comunidades.
La mayoría iniciamos en esta profesión de jóvenes, de recién egresados, cuando tenemos sólo tiempo y nada más que tiempo para dedicarlo al trabajo, y así se nos va armando el futuro, en el cual muchos, no todos, nos convertimos en padres y madres de familia.
Y ahí se nos “complica” la vida, porque compaginar una profesión celosa y demandante con otra que lo es más, nos hace estar permanentemente partidos en dos, muchos más a las madres porque de ellas se espera más tiempo y más entrega en casa y con los hijos.
Por eso las madres periodistas vivimos en la eterna culpabilidad de “no estar” por completo y en la exigencia constante muy personal que querer cumplir al 100 por ciento en ambas partes de su ser.
En el artículo mencionado señala una realidad: “Frente a todas estas circunstancias, las madres-periodistas se sobreexigen para realizar su trabajo sin descuidar su maternidad”.
Y resume así el dilema: “Entonces, ¿qué condiciones deben existir para armonizar la maternidad y el periodismo? Lo primero, un buen salario que permita pagar por el cuidado de los hijos, además de tener una pareja o una comunidad que sea el soporte de la madre, y un jefe o jefa que entienda la situación”.
Tres elementos que se dicen fácil pero que conjuntarlos no siempre se logra.
En la actualidad, las nuevas tecnologías nos permiten realizar trabajo remoto, desde casa, sin embargo, en el periodismo tenemos la característica de que de todos modos debemos estar “en el lugar y en el momento de los hechos”, por lo que, aunque se aprovecha en cierta manera el trabajo remoto, en realidad es mínimo lo que puede hacerse de esta manera.
Además, como bien lo señala la autora mencionada, Ana Gabriela Dávila Jácome, pero en su tesis “Las percepciones de las mujeres sobre su rol de madres y periodistas en medios de comunicación ecuatorianos” para la Pontifica Universidad Católica de Ecuador: “Por la naturaleza del oficio, es muy complicado que la periodista pueda alejarse de su trabajo, incluso, cuando está en casa”.
Y remata: “En el ámbito privado ellas aprenden a ser madres sin dejar de ser periodistas, ya que el periodismo, más que una profesión, es un estilo de vida. Precisamente, el integrar su trabajo a su espacio íntimo es lo que les ha permitido seguir desarrollándose en las dos tareas”.
Por eso hoy, a las madres, pero sobre todo a las madres periodistas, les deseamos que sean celebradas y, sobre todo, comprendidas.
Hay tantos temas que tratar en estas semanas en cuanto al periodismo, que tuvimos la tentación de omitir en este día tan especial la temática de las madres periodistas... pero al final creemos que es sólo una vez al año que se nos justifica abordar este punto, así que decidimos aprovecharlo.
En uno de los tantos estudios y reflexiones que se han hecho al respecto, nos conmovió una anécdota de una periodista del Diario Hoy, de Ecuador, que se cuenta en el artículo titulado “Maternidad y periodismo, una fórmula poco comprendida”, publicado por la asociación Periodistas sin Cadenas.
Y la anécdota es simple. Cuenta cómo suena por enésima ocasión la extensión de un teléfono en la Redacción de dicho periódico, que la reportera lo contesta tensa sólo para escuchar también por enésima ocasión la pregunta: “¿ya vienes?”.
Podría parecer un detalle intrascendente, y hasta simple, pero para quienes somos madres periodistas esa sola frase emitida desde la línea telefónica por la voz de uno de nuestros hijos o hijas pequeños nos hace cimbrar y nos mueve fibras sensibles.
Porque ahí se resume el anhelo de nuestros hijos que por la noche esperan que lleguemos a casa, y la tensión de las mamás periodistas apuradas aún en el cierre de edición o en la entrega de sus últimas piezas, sin poder desprenderse aún de la jornada laboral.
Siempre repetimos que la labor periodística es tan dura, tan demandante y tan exigente que sólo la podemos hacer por años quienes de verdad tenemos una vocación... pero si además quienes lo hacemos somos madres, eso significa no sólo ser fuertes, sino resilientes, comprometidas y entregadas al mil por ciento... en ambos polos de nuestra vida: la maternidad y el periodismo.
En Noroeste, ya lo hemos dicho, la participación de las mujeres es muy representativa, y la de las madres también, en todas las áreas en general, pero en realidad, actualmente tenemos muy pocas madres periodistas. No es sencillo compaginar ambas caras.
Ojalá tuviéramos más, pues es sabido que al ser madres y al ser mujeres se tiene una sensibilidad especial para muchos temas que a veces son poco abordados desde el periodismo, o para tocar las temáticas desde otros ángulos.
El libro “Mamás y periodistas: el gran desafío de maternar y de informar”, de Ana Gabriela Dávila Jácome, autora ecuatoriana especialista en estudios de género, reúne 24 historias de madres que se dedican al periodismo, y su presentación resume perfecto el contexto: “Para quienes son madres y periodistas, el periodismo y la maternidad representan experiencias entre las cuales se tejen vínculos y tensiones que las palpan todos los días y que están presentes en su cotidianidad. Vivir entre ambas no resulta fácil a la hora de equilibrar su tiempo y de entregar lo que cada una requiere, al ser altamente demandantes”.
Y es que si hay una profesión celosa, esa es el periodismo, el periodismo de verdad, ese que se mete en cada rendija del cuerpo y de la vida, ese que difícilmente permite dedicarle tiempo a otros trabajos, aficiones y hasta cuestiones personales.
Los horarios infinitos nos hacen vivir atados al trajín de la Redacción, a la efervescencia de la noticia y a esa necesidad impetuosa que los periodistas tenemos por estar informados, por estar al día y por presenciar los momentos trascendentes y hasta históricos de nuestras comunidades.
La mayoría iniciamos en esta profesión de jóvenes, de recién egresados, cuando tenemos sólo tiempo y nada más que tiempo para dedicarlo al trabajo, y así se nos va armando el futuro, en el cual muchos, no todos, nos convertimos en padres y madres de familia.
Y ahí se nos “complica” la vida, porque compaginar una profesión celosa y demandante con otra que lo es más, nos hace estar permanentemente partidos en dos, muchos más a las madres porque de ellas se espera más tiempo y más entrega en casa y con los hijos.
Por eso las madres periodistas vivimos en la eterna culpabilidad de “no estar” por completo y en la exigencia constante muy personal que querer cumplir al 100 por ciento en ambas partes de su ser.
En el artículo mencionado señala una realidad: “Frente a todas estas circunstancias, las madres-periodistas se sobreexigen para realizar su trabajo sin descuidar su maternidad”.
Y resume así el dilema: “Entonces, ¿qué condiciones deben existir para armonizar la maternidad y el periodismo? Lo primero, un buen salario que permita pagar por el cuidado de los hijos, además de tener una pareja o una comunidad que sea el soporte de la madre, y un jefe o jefa que entienda la situación”.
Tres elementos que se dicen fácil pero que conjuntarlos no siempre se logra.
En la actualidad, las nuevas tecnologías nos permiten realizar trabajo remoto, desde casa, sin embargo, en el periodismo tenemos la característica de que de todos modos debemos estar “en el lugar y en el momento de los hechos”, por lo que, aunque se aprovecha en cierta manera el trabajo remoto, en realidad es mínimo lo que puede hacerse de esta manera.
Además, como bien lo señala la autora mencionada, Ana Gabriela Dávila Jácome, pero en su tesis “Las percepciones de las mujeres sobre su rol de madres y periodistas en medios de comunicación ecuatorianos” para la Pontifica Universidad Católica de Ecuador: “Por la naturaleza del oficio, es muy complicado que la periodista pueda alejarse de su trabajo, incluso, cuando está en casa”.
Y remata: “En el ámbito privado ellas aprenden a ser madres sin dejar de ser periodistas, ya que el periodismo, más que una profesión, es un estilo de vida. Precisamente, el integrar su trabajo a su espacio íntimo es lo que les ha permitido seguir desarrollándose en las dos tareas”.
Por eso hoy, a las madres, pero sobre todo a las madres periodistas, les deseamos que sean celebradas y, sobre todo, comprendidas.