Una larga cobertura y un colega extraviado

Noroeste
12 abril 2026

La cobertura que hemos realizado las últimas semanas de los trabajadores atrapados en una mina de la zona serrana del municipio de Rosario ha sido de las más largas que nos ha tocado hacer en los últimos años, igualando más o menos con la que hicimos hace poco de las fosas clandestinas en el poblado de El Verde, Concordia, durante el mes de febrero.

No ha sido sencillo trasladarnos diariamente de manera ininterrumpida de Mazatlán a la cabecera municipal de Rosario y ahí alrededor de hora y media más de camino hacia la sierra para llegar a la ubicación de la mina.

Y decimos que no ha sido sencillo por la distancia, por el tiempo, por el esfuerzo, por el dinero, por lo que dejamos de cubrir, por el cansancio, por el riesgo... pero tenemos perfectamente claro que de eso se trata un trabajo bien hecho y así es como lo acostumbramos.

Pero lo más importante de este tipo de coberturas es que nos van dejando lecciones y aprendizajes.

La primera es la importancia de nuestra conexión con la comunidad. Y nos referimos a que el accidente en la mina ocurrió la tarde del miércoles 25 de marzo, pero del hecho no se informó ni por parte de la empresa minera ni por parte de las autoridades respectivas. Sin embargo, a nosotros como medio de comunicación, nos contactaron familiares de los mineros al día siguiente, para reportarnos la situación y pedirnos que la publicáramos para que se diera a conocer el hecho y presionar por su búsqueda.

Así lo hicimos, y el jueves 26, alrededor del mediodía publicamos en el sitio de Noroeste.com la nota “Reportan derrumbe de mina en zona de Cacalotán, en Rosario”, donde explicamos que la denuncia era con información extraoficial y que ya se habían cumplido casi 24 horas del derrumbe sin que fluyera información oficial al respecto.

A las pocas horas de dar a conocer la noticia, la empresa minera salió a confirmar el hecho y las autoridades armaron el primer operativo para moverse a la región de la mina.

Aunque desde ese primer operativo intentamos ir hacia esa zona, no se pudo por las condiciones geográficas, que no teníamos claras, y porque las propias corporaciones nos pidieron que nos abstuviéramos porque aún se desconocía con exactitud la situación en el área.

Y fue hasta el viernes 27 de marzo que acudimos ya a cobertura en la zona cercana a la mina, desde donde pudimos constatar la situación y empezar a informar en directo incluso con transmisiones en vivo.

De entonces a la fecha, más de dos semanas, hemos acudido diariamente desde Mazatlán para acompañar a nuestro corresponsal del municipio de Rosario.

Más o menos son dos horas de camino o un poco más en total, pues de Mazatlán a Rosario son unos 40 minutos por la autopista, de ahí, del entronque, tomamos rumbo a Cacalotán poco menos de 10 kilómetros pavimentados, para luego ya tomar el camino de terracería que se conoce como camino a Mesillas, que es terracería completamente y son poco más de 20 kilómetros. En total de la cabecera de Rosario al punto de acceso a la mina es alrededor de hora y media.

Así llegan diariamente dos periodistas nuestros, a veces ambos van desde Mazatlán o a veces sólo va uno desde el puerto y recoge al corresponsal en Rosario.

En sí, además de las 4 horas de ida y vuelta que invierten en el traslado, los reporteros y fotógrafos se quedan en la zona unas 5 ó 6 horas por lo menos, y hay días que han sido más, dependiendo de cómo se presenten los hechos ahí en el punto de acceso al área de la mina, que es hasta donde los dejan pasar.

Afortunadamente, dentro de lo que cabe, ya fluye la información mejor, tanto de boletines del Gobierno federal o estatal, y con entrevistas prácticamente a diario que nos dan en la zona del acceso a la mina tanto el administrador de la empresa como la coordinadora nacional de Protección Civil, quien se ha mantenido en el operativo y que nos ha dejado una buena imagen en el trato con la prensa.

Además de las peripecias del traslado diario por más de dos semanas a la zona de la mina, lo que es un hecho es que el aprendizaje más fuerte fue lo que se presentó cuando dentro de la misma tragedia del accidente en la mina se dio otra al extraviarse uno de los periodistas que cubrían el hecho.

Esto ocurrió el jueves 2 de abril, cuando un periodista de televisión nacional, específicamente un operador de drones o camarógrafo, se adentró en la zona aledaña a la mina porque se cayó el dron que manejaba y buscó ir a rescatarlo.

El hecho ocurrió alrededor de las 9:00 horas, pero nuestros periodistas ese día no llegaron temprano a la zona porque en el camino se toparon con el convoy de la coordinadora nacional de Protección Civil, que venía de la mina hacia la cabecera de Rosario, y luego de seguirla, la funcionaria los atendió para entrevista ya en el área urbana. Lo que hizo que tardaran más de lo normal en llegar al área del acceso a la mina.

Al llegar a ese punto de cobertura, el reportero de la televisora les explicó que su compañero camarógrafo se había ido a buscar el dron y ya tenía alrededor de tres horas sin volver.

De inmediato los reporteros nuestros nos informaron a los editores en Mazatlán y decidimos publicar la nota de la desaparición, porque nuestros protocolos marcan que en esos casos es lo mejor, dar a conocer el caso para presionar.

Y así lo hicimos, subimos la nota al sitio alrededor del mediodía, y lo movimos en todas las plataformas, para publicitar el caso lo más posible, así como extender el apoyo a los colegas y a la televisora.

Fue a las 14:00 horas aproximadamente que un primer grupo de cinco militares entró a la zona donde presumían se había perdido el periodista, y aunque algunos elementos de rescate se adentraron, poco después se devolvieron, y más tarde ingresaron otros cinco militares. Más tarde salieron cinco mineros que se encontraban en el operativo de búsqueda de sus compañeros, y los enviaron a buscar al camarógrafo argumentando que ellos conocían mejor la región.

Fue alrededor de las 15:00 horas que un helicóptero empezó a sobrevolar el área, pero luego vino una especie de crisis informativa, cuando alrededor de las 18:00 horas trascendió que ya había sido encontrado el periodista, pero, como suele ocurrir en estos casos, la información era extraoficial, es decir, trascendió a partir de informes de los elementos que estaban en el lugar desde donde hacemos la cobertura, cerca del acceso a la mina.

Nosotros decidimos subir al sitio la nota de que ya había sido hallado, dado que nos informaron que estaba ahí abajo, en el monte, y que estaba bien.

Sin embargo, nuestros periodistas no lo vieron.

Ante esto, y pensando que lo trasladarían al hospital de Rosario, nuestro corresponsal en ese municipio, que no estaba en cobertura en la mina por encontrarse en su día de descanso, acudió al nosocomio para esperar a ver si llegaba ahí el camarógrafo tras ser encontrado.

Sin embargo, tanto ahí como en la zona de cobertura y hasta en Mazatlán y Culiacán empezó a llegar por diferentes fuentes extraoficiales y hasta compañeros periodistas locales y nacionales que el camarógrafo no había sido encontrado.

Algunas versiones, al parecer las más exactas, hablaban de que sí había sido encontrada una persona en la zona, pero que no era el periodista, sino alguien de nombre Christian, y se llegó a presumir que sería alguien que estaba privado de su libertad en la región.

Poco después de las 19:00 horas tuvimos que publicar en nuestro sitio una nota aclarando que el operador de drones de la televisora no había sido encontrado aún.

Todo esto aún con información extraoficial, pues la oficial seguía sin fluir.

Fue hasta casi medianoche de ese día que la Secretaría de la Defensa emitió un comunicado informando que al menos 500 elementos del Ejército Mexicano, Fuerza Aérea y personal de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Sinaloa; así como 70 elementos de Fuerzas Especiales del centro del País, se habían sumado a la búsqueda y localización del camarógrafo.

Nuestro ejemplar impreso del viernes 3 de abril llevó como nota principal la desaparición del periodista, aunque por fortuna, éste fue localizado durante la madrugada de ese mismo día viernes, por lo que antes de las 7:00 horas subimos al sitio la nota de que ya había sido hallado.

El caso estuvo marcado por muchísima información extraoficial que se dio tanto durante el jueves que se extravió como el viernes que apareció, llegando incluso al punto de que aún ahora nos quedan muchas dudas de lo que ocurrió, pues ya no trascendió más información oficial.

En medio de todo este ajetreo nos quedó la experiencia de que es sumamente riesgoso moverse en una zona rural como la señalada, pues no sólo la desconocemos, sino que es fácil perderse y hay mucho riesgo por ser una zona donde operan grupos criminales.

También nos refuerza la lección de lo importante que es alertar de inmediato y “hacer ruido mediático” ante cualquier crisis de este tipo, para presionar tanto a autoridades como a posibles implicados.

Y por supuesto, la enorme responsabilidad que tenemos de sopesar la información extraoficial que trasciende en los lugares de cobertura, así como la exigencia y presión a las corporaciones y los tres niveles de Gobierno para que fluya información oficial de los hechos.

Por supuesto, con este caso reforzamos también el convencimiento de lo importante que es sostener este tipo de coberturas, por más complicadas, difíciles, costosas y agotadoras que nos resulten, pues se los debemos a los lectores pero sobre todo a la familiares de las víctimas, en este caso de los mineros atrapados, familias que confiaron en nosotros como medio no sólo de comunicación sino de apoyo para dar a conocer la situación que atravesaban y de la que temían no se informara o, lo peor, no se hiciera nada por rescatarlos.

La cobertura que hemos realizado las últimas semanas de los trabajadores atrapados en una mina de la zona serrana del municipio de Rosario ha sido de las más largas que nos ha tocado hacer en los últimos años, igualando más o menos con la que hicimos hace poco de las fosas clandestinas en el poblado de El Verde, Concordia, durante el mes de febrero.

No ha sido sencillo trasladarnos diariamente de manera ininterrumpida de Mazatlán a la cabecera municipal de Rosario y ahí alrededor de hora y media más de camino hacia la sierra para llegar a la ubicación de la mina.

Y decimos que no ha sido sencillo por la distancia, por el tiempo, por el esfuerzo, por el dinero, por lo que dejamos de cubrir, por el cansancio, por el riesgo... pero tenemos perfectamente claro que de eso se trata un trabajo bien hecho y así es como lo acostumbramos.

Pero lo más importante de este tipo de coberturas es que nos van dejando lecciones y aprendizajes.

La primera es la importancia de nuestra conexión con la comunidad. Y nos referimos a que el accidente en la mina ocurrió la tarde del miércoles 25 de marzo, pero del hecho no se informó ni por parte de la empresa minera ni por parte de las autoridades respectivas. Sin embargo, a nosotros como medio de comunicación, nos contactaron familiares de los mineros al día siguiente, para reportarnos la situación y pedirnos que la publicáramos para que se diera a conocer el hecho y presionar por su búsqueda.

Así lo hicimos, y el jueves 26, alrededor del mediodía publicamos en el sitio de Noroeste.com la nota “Reportan derrumbe de mina en zona de Cacalotán, en Rosario”, donde explicamos que la denuncia era con información extraoficial y que ya se habían cumplido casi 24 horas del derrumbe sin que fluyera información oficial al respecto.

A las pocas horas de dar a conocer la noticia, la empresa minera salió a confirmar el hecho y las autoridades armaron el primer operativo para moverse a la región de la mina.

Aunque desde ese primer operativo intentamos ir hacia esa zona, no se pudo por las condiciones geográficas, que no teníamos claras, y porque las propias corporaciones nos pidieron que nos abstuviéramos porque aún se desconocía con exactitud la situación en el área.

Y fue hasta el viernes 27 de marzo que acudimos ya a cobertura en la zona cercana a la mina, desde donde pudimos constatar la situación y empezar a informar en directo incluso con transmisiones en vivo.

De entonces a la fecha, más de dos semanas, hemos acudido diariamente desde Mazatlán para acompañar a nuestro corresponsal del municipio de Rosario.

Más o menos son dos horas de camino o un poco más en total, pues de Mazatlán a Rosario son unos 40 minutos por la autopista, de ahí, del entronque, tomamos rumbo a Cacalotán poco menos de 10 kilómetros pavimentados, para luego ya tomar el camino de terracería que se conoce como camino a Mesillas, que es terracería completamente y son poco más de 20 kilómetros. En total de la cabecera de Rosario al punto de acceso a la mina es alrededor de hora y media.

Así llegan diariamente dos periodistas nuestros, a veces ambos van desde Mazatlán o a veces sólo va uno desde el puerto y recoge al corresponsal en Rosario.

En sí, además de las 4 horas de ida y vuelta que invierten en el traslado, los reporteros y fotógrafos se quedan en la zona unas 5 ó 6 horas por lo menos, y hay días que han sido más, dependiendo de cómo se presenten los hechos ahí en el punto de acceso al área de la mina, que es hasta donde los dejan pasar.

Afortunadamente, dentro de lo que cabe, ya fluye la información mejor, tanto de boletines del Gobierno federal o estatal, y con entrevistas prácticamente a diario que nos dan en la zona del acceso a la mina tanto el administrador de la empresa como la coordinadora nacional de Protección Civil, quien se ha mantenido en el operativo y que nos ha dejado una buena imagen en el trato con la prensa.

Además de las peripecias del traslado diario por más de dos semanas a la zona de la mina, lo que es un hecho es que el aprendizaje más fuerte fue lo que se presentó cuando dentro de la misma tragedia del accidente en la mina se dio otra al extraviarse uno de los periodistas que cubrían el hecho.

Esto ocurrió el jueves 2 de abril, cuando un periodista de televisión nacional, específicamente un operador de drones o camarógrafo, se adentró en la zona aledaña a la mina porque se cayó el dron que manejaba y buscó ir a rescatarlo.

El hecho ocurrió alrededor de las 9:00 horas, pero nuestros periodistas ese día no llegaron temprano a la zona porque en el camino se toparon con el convoy de la coordinadora nacional de Protección Civil, que venía de la mina hacia la cabecera de Rosario, y luego de seguirla, la funcionaria los atendió para entrevista ya en el área urbana. Lo que hizo que tardaran más de lo normal en llegar al área del acceso a la mina.

Al llegar a ese punto de cobertura, el reportero de la televisora les explicó que su compañero camarógrafo se había ido a buscar el dron y ya tenía alrededor de tres horas sin volver.

De inmediato los reporteros nuestros nos informaron a los editores en Mazatlán y decidimos publicar la nota de la desaparición, porque nuestros protocolos marcan que en esos casos es lo mejor, dar a conocer el caso para presionar.

Y así lo hicimos, subimos la nota al sitio alrededor del mediodía, y lo movimos en todas las plataformas, para publicitar el caso lo más posible, así como extender el apoyo a los colegas y a la televisora.

Fue a las 14:00 horas aproximadamente que un primer grupo de cinco militares entró a la zona donde presumían se había perdido el periodista, y aunque algunos elementos de rescate se adentraron, poco después se devolvieron, y más tarde ingresaron otros cinco militares. Más tarde salieron cinco mineros que se encontraban en el operativo de búsqueda de sus compañeros, y los enviaron a buscar al camarógrafo argumentando que ellos conocían mejor la región.

Fue alrededor de las 15:00 horas que un helicóptero empezó a sobrevolar el área, pero luego vino una especie de crisis informativa, cuando alrededor de las 18:00 horas trascendió que ya había sido encontrado el periodista, pero, como suele ocurrir en estos casos, la información era extraoficial, es decir, trascendió a partir de informes de los elementos que estaban en el lugar desde donde hacemos la cobertura, cerca del acceso a la mina.

Nosotros decidimos subir al sitio la nota de que ya había sido hallado, dado que nos informaron que estaba ahí abajo, en el monte, y que estaba bien.

Sin embargo, nuestros periodistas no lo vieron.

Ante esto, y pensando que lo trasladarían al hospital de Rosario, nuestro corresponsal en ese municipio, que no estaba en cobertura en la mina por encontrarse en su día de descanso, acudió al nosocomio para esperar a ver si llegaba ahí el camarógrafo tras ser encontrado.

Sin embargo, tanto ahí como en la zona de cobertura y hasta en Mazatlán y Culiacán empezó a llegar por diferentes fuentes extraoficiales y hasta compañeros periodistas locales y nacionales que el camarógrafo no había sido encontrado.

Algunas versiones, al parecer las más exactas, hablaban de que sí había sido encontrada una persona en la zona, pero que no era el periodista, sino alguien de nombre Christian, y se llegó a presumir que sería alguien que estaba privado de su libertad en la región.

Poco después de las 19:00 horas tuvimos que publicar en nuestro sitio una nota aclarando que el operador de drones de la televisora no había sido encontrado aún.

Todo esto aún con información extraoficial, pues la oficial seguía sin fluir.

Fue hasta casi medianoche de ese día que la Secretaría de la Defensa emitió un comunicado informando que al menos 500 elementos del Ejército Mexicano, Fuerza Aérea y personal de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Sinaloa; así como 70 elementos de Fuerzas Especiales del centro del País, se habían sumado a la búsqueda y localización del camarógrafo.

Nuestro ejemplar impreso del viernes 3 de abril llevó como nota principal la desaparición del periodista, aunque por fortuna, éste fue localizado durante la madrugada de ese mismo día viernes, por lo que antes de las 7:00 horas subimos al sitio la nota de que ya había sido hallado.

El caso estuvo marcado por muchísima información extraoficial que se dio tanto durante el jueves que se extravió como el viernes que apareció, llegando incluso al punto de que aún ahora nos quedan muchas dudas de lo que ocurrió, pues ya no trascendió más información oficial.

En medio de todo este ajetreo nos quedó la experiencia de que es sumamente riesgoso moverse en una zona rural como la señalada, pues no sólo la desconocemos, sino que es fácil perderse y hay mucho riesgo por ser una zona donde operan grupos criminales.

También nos refuerza la lección de lo importante que es alertar de inmediato y “hacer ruido mediático” ante cualquier crisis de este tipo, para presionar tanto a autoridades como a posibles implicados.

Y por supuesto, la enorme responsabilidad que tenemos de sopesar la información extraoficial que trasciende en los lugares de cobertura, así como la exigencia y presión a las corporaciones y los tres niveles de Gobierno para que fluya información oficial de los hechos.

Por supuesto, con este caso reforzamos también el convencimiento de lo importante que es sostener este tipo de coberturas, por más complicadas, difíciles, costosas y agotadoras que nos resulten, pues se los debemos a los lectores pero sobre todo a la familiares de las víctimas, en este caso de los mineros atrapados, familias que confiaron en nosotros como medio no sólo de comunicación sino de apoyo para dar a conocer la situación que atravesaban y de la que temían no se informara o, lo peor, no se hiciera nada por rescatarlos.