Ver tanta muerte

Noroeste
01 febrero 2026

La que pasó fue una semana agotadora, fuerte y desgastante: ver tanta muerte, tanta violencia y tanta crueldad... nos afecta. Sobre todo a nuestros periodistas en la calle, los que confrontan un día sí y el otro también lo que esta guerra nos va dejando.

Son ya más de 500 días de que los sinaloenses padecemos esta ola de violencia y que nosotros como medio de comunicación vamos documentando.

No ha sido una tarea sencilla, sobre todo por el riesgo, pero también por lo que vemos.

Esta semana, desde el lunes inició con un tenor diferente, el ambiente se volvió a endurecer en Culiacán y fue notorio. Ver que dejan tirado un cuerpo con claras huellas de tortura que ni siquiera nos atrevemos a describir en las notas, no es un asunto fácil de digerir.

El martes ocurrió un hecho similar. Lo mismo: un cadáver con huellas de tortura

Y el miércoles vino el ataque a dos diputados en una zona céntrica, de hecho no muy lejos de nuestras instalaciones en Culiacán.

Ver un cuerpo asesinado es terrible. Ver un cuerpo mutilado es espeluznante. Ver un cuerpo desollado es terrorífico.

Además, ver que puede suceder un hecho de alto impacto contra dos personajes reconocidos de la política sinaloense, sólo nos hace pensar: “si eso le hacen a quien trae protección personal...”.

Si a esto se le suma que hubo dos enfrentamientos de policías contra grupos armados, y en ambos resultaron atacadas las unidades de los titulares de corporaciones, la situación no está para tranquilizar a nadie.

Cuando luego de 500 días de guerra pensábamos que esto podía ya empezar a descender, de nuevo la realidad sinaloense nos escupe en la cara y eso nos deja abrumados y hasta desolados.

Nos preocupa la situación de nuestro estado, pero nos preocupan también nuestros periodistas que día tras día se exponen, como ya dijimos, no sólo al riesgo sino a atestiguar estos hechos.

Desde hace meses hemos implementado algunas estrategias institucionales, que no son nuevas, pero a veces no son tan constantes, como tener a disposición un psicólogo para el personal de Redacción que desee apoyo por medio de terapias.

No estamos exentos de resultar afectados, lo sabemos, y tenemos claro que debemos priorizar nuestra salud mental, así que tratamos de facilitar herramientas a reporteros y fotógrafos que lo requieran y, principalmente, que lo acepten.

Hace tiempo, el Instituto Poynter, uno de los centros de formación de periodistas más influyentes de Estados Unidos, con sede en Florida, publicó un artículo titulado “Cómo los periodistas pueden cuidarse a sí mismos mientras cubren el trauma”, bajo el colofón de que “Los periodistas no pueden cubrir adecuadamente el trauma si ellos mismos están sufriendo”, y emite lo que llama una guía para el autocuidado.

“Si realmente creemos en la importancia de nuestro trabajo en el periodismo y nuestra responsabilidad hacia las comunidades que cubrimos, necesitamos un plan de autocuidado responsable”, señala en ese artículo Bruce Shapiro, director ejecutivo del Centro Dart para el Periodismo y el Trauma de la Escuela de Periodismo de Columbia.

Agrega el texto: “Al igual que los socorristas, los periodistas necesitan garantizar su propio bienestar para ser efectivos en su trabajo. Las estrategias de afrontamiento son cruciales frente a las presiones persistentes”.

Por fortuna, dice el artículo, cada vez más, los periodistas están siendo abiertos sobre la salud mental.

La guía de autocuidado nos exhorta, por ejemplo, a no subestimar la terapia psicológica, pues, recalca, como periodistas no somos inmunes.

“Hay una razón por la que este es el primero en la lista. Si tuvieras una enfermedad crónica, la tratarías regularmente. Nuestros cerebros también necesitan cuidado y atención”, dice el artículo.

Llama a los reporteros a revisar los apoyos que al respecto tienen en su empresa y aprovecharlos, o bien apoyarse en recursos de autocuidado emitidos por organizaciones de periodistas, así como apoyarse mutuamente como equipo.

“Hay más en la vida, y en nosotros, que las noticias”, dice el artículo al exhortarnos a no concentrar por completo nuestra vida al trabajo.

“Con demasiada frecuencia, respiramos, comemos y dormimos, el periodismo y las noticias. Es parte de nuestra identidad, el tejido de lo que somos”.

Y nos urge a dejar de consumir de manera permanente el contenido de las redes sociales, que a veces llega a convertirse en algo tóxico.

“A su manera, el trabajo nos sostiene, pero también puede cegarnos a su verdadero impacto en nuestra salud”, señala Thomas Curwen, multipremiado editor de Los Angeles Times y miembro de Rosalynn Carter para el Periodismo de Salud Mental.

“Si te cuidas a ti mismo, serás un mejor guardián para las personas que cubres”, dice Heath Druzin, reportero de Boise State Public Radio Guns & America, que ha cubierto las guerras en Irak y Afganistán.

Prestar atención al cuerpo pero también a la mente, es el consejo primordial que los expertos nos dan, y se concentran en que aprendamos a descubrir nuestras propias señales, de cansancio físico y mental, por ejemplo.

Dice Druzin: “Descubrir cómo el dolor y el trauma te afectan significa que tendrás una comprensión mucho mejor de cómo está afectando a las personas que cubres”.

En el artículo nos llaman a los editores a no descuidar estos aspectos con nuestros periodistas a cargo.

“Tu trabajo no es diagnosticar”, dice Shapiro, “pero puedes animar a la gente a obtener apoyo confidencial si lo necesitan”.

Rotar tareas y asignaciones, otorgar descanso a quienes vemos que lo necesitan, e indagar en el estado de ánimo y de salud de nuestro personal son algunos de los consejos que nos dan.

“Intento hablar con todos individualmente cuando cubro noticias estresantes o traumáticas, sólo para escuchar cómo está la gente y recordarles que siempre pueden venir a mí en busca de ayuda o simplemente para conectarse”, dice Jareen Imam, editor de NBC News.

El contexto en que nos encontramos los periodistas en Sinaloa obliga a la reflexión personal e institucional, no es menor la situación y, así como hemos establecido protocolos de protección y cuidado, en Noroeste sabemos que una de nuestras prioridades es la salud mental de nuestros reporteros y fotógrafos que afrontan en la calle coberturas de violencia excesiva.

Esta guerra nos está dejando a todos huellas profundas y debemos saber cómo manejarlas.