Abandonar
el hogar

Editorial
31 julio 2026

Ayer, miles de marroquíes, la mayoría jóvenes, protagonizaron una de esas imágenes que parecen sacadas de una película apocalíptica: simplemente cruzaron la frontera a nado o caminando y entraron en Ceuta, territorio de España.

Cualquier policía fronteriza del mundo puede contener a una persona, a 20 o hasta a 100 personas, pero cuando una multitud de miles de personas decide cruzar una frontera al mismo tiempo no hay nada que las autoridades puedan hacer. No se puede hacer nada contra una marea humana.

La mayoría de los jóvenes que entran en territorio español sonríe y alza las manos frente a las cámaras mientras celebran una victoria incierta, como si hubieran conquistado una pequeña porción del paraíso.

Y mientras los jóvenes celebran, el país africano entero se pregunta las razones por las que salen huyendo sus jóvenes, asfixiados por un país que mira al pasado, a pesar de sus innegables logros económicos y de desarrollo que les permitirán ser los anfitriones del próximo Mundial de futbol, junto a Portugal y España.

Si miramos las fotografías de los que se echan al mar para llegar a territorio español o cruzan por tierra en avalancha no son jóvenes en la miseria, algunos de ellos nadan con trajes de neopreno, de los que utilizan los buzos.

No, no es hambre lo que los impulsa a soñar con Europa, es algo mucho más profundo, algo que avergüenza al gobierno del Rey Mohamed VI de Marruecos, quien intenta modernizar su país a su manera.

El problema es añejo, ya en 2021 cruzaron 5 mil marroquíes de golpe, y en esta ocasión ya van varios días de cruces multitudinarios. Las redes permiten la organización y el despliegue multitudinario de los migrantes que se comunican entre sí.

En España habita más de un millón de habitantes nacidos en Marruecos y es la puerta de entrada para el norte de Europa, muchos de ellos jóvenes que no encuentran en su país las condiciones para trabajar y desarrollar una profesión, mientras su Rey sueña con organizar un Mundial de Futbol.