Alivio ¿temporal?
El anuncio de la Presidenta Claudia Sheinbaum de ampliar por un mes el subsidio a la tarifa de energía eléctrica en Sinaloa representa, en primera instancia, una bocanada de aire para miles de familias.
Las temperaturas extremas que vivimos no cuadran con el calendario oficial de la Comisión Federal de Electricidad, pues el calor sofocante se extiende más allá del periodo habitual del resto del País, convirtiendo el uso del aire acondicionado no en un lujo, sino en una necesidad básica.
Sin embargo, debemos cuestionar la viabilidad a largo plazo de la política de apoyos económicos. Y es que los subsidios actúan como un paliativo indispensable para amortiguar el golpe al bolsillo de los hogares sinaloenses, pero no resuelven el problema de fondo.
Para empezar caemos en el esquema dependiente de la voluntad de la autoridad, en este caso la Presidencia de la República, así como de gestiones del Gobierno estatal, manteniendo un “estira y afloja” constante de negociación anual y sujeto a la disposición de la Federación.
Pero además, está el punto fundamental que prácticamente todo mundo ignora o no quiere ver, y es la transición energética, o más de la falta de una efectiva transición energética. Porque se destina una inversión millonaria a compensar el alto consumo de electricidad sin incentivar de forma masiva alternativas sostenibles, como la generación distribuida mediante paneles solares domiciliarios o la mejora en la eficiencia energética de las viviendas.
Por lo pronto, el respaldo brindado por el Gobierno federal a la entidad es innegable y valioso. No obstante, Sinaloa necesita transitar de la lógica del rescate tarifario coyuntural hacia una estrategia integral de soberanía y eficiencia energética. Ampliar un mes el subsidio ayuda a mitigar la carga financiera inmediata, pero la meta final debe ser garantizar que encender un aire acondicionado deje de ser una amenaza permanente para la economía familiar y una afectación al planeta.