Cambiar para permanecer igual

Editorial
23 junio 2026

El discurso del régimen cubano ha cambiado drásticamente, como respuesta a la presión de los Estados Unidos.

El pasado miércoles, en la Clausura del Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el sagrado Palacio de la Revolución, el Presidente Miguel Díaz-Canel ha borrado el comunismo de la historia de la isla de un plumazo.

En su discurso anunció el futuro de la isla y las palabras que aparecieron en la nueva narrativa del régimen parecen más propias de un país capitalista que de la isla de Fidel Castro: usufructo, estabilización macroeconómica, seguridad jurídica, incentivos, atracción de inversión.

La isla se despertó de pronto insertada en un proyecto de desarrollo económico que abre las puertas a la iniciativa privada, al capital extranjero y las dinámicas propias del mundo libre...

¡Alto ahí! Díaz-Canel sólo habló de economía. Nunca pronunció la palabra democracia, ni libertad de expresión, ni elecciones libres, mucho menos la apertura a nuevos partidos políticos.

El régimen ha dado una vuelta de tuerca más a una población que ya no cree en nada, con la idea de permanecer en el poder, mientras intenta disfrazar el regreso a una economía de mercado como un nuevo nivel de socialismo.

Sí, ahora Cuba se abre a una economía libre. El problema es que ya no hay país para sacar adelante una transición de esa envergadura. El régimen ha pulverizado la economía, aún queriendo hacerlo los cubanos seguirán a merced de la ayuda internacional.

Y no, Fidel Castro no se revolcó en la tumba cuando se anunció el cambio de rumbo hacia el capitalismo, ni el pueblo salió a las calles para festejar las nuevas políticas. Nadie se mueve, nadie dice nada, la isla es un cadáver flotando en El Caribe.