Comunicar
Una de las principales debilidades de las autoridades ha sido la poca capacidad que tienen para comunicar lo que la gente espera de ellos.
En momentos de crisis, y en una época de hiperconexión, es la gente la que da respuestas, es la población la que da soluciones y es la sociedad la que llena los espacios.
Y ante el silencio de las autoridades es que se generan informes que en algunas ocasiones son magnificados, en otras son tergiversados y en otras más generan una crisis mayor a la que se vive solo porque de la parte oficial, optan por no comunicar.
Sinaloa ha estado sumido en una crisis de más de 17 meses por la violencia que han generado los grupos de la delincuencia organizada. Desde luego que esta crisis no es un asunto menor y se necesita que su tratamiento sea diferente al de otras situaciones de emergencia que ha vivido la entidad.
Pero ese tacto que la autoridad debe tener para no generar más alarma que la que ya generan los enfrentamientos entre los grupos de la delincuencia organizada no significa que haya que guardar silencio.
La sociedad espera la respuesta de las autoridades, no a destiempo, sino en el momento justo, para que las decisiones tomadas sean suficientes para ponerse a salvo y no arriesgar su vida.
Pero las autoridades, de los diferentes niveles, han perdido ese terreno y el espacio vacío es ocupado por otras voces, quienes ofrecen información y versiones que se quedan en el imaginario popular y aunque el Gobierno salga, tarde, a dar su versión, se hace complicado revertir.
El silencio alguien lo va a ocupar, porque en medio de la crisis, la sociedad busca quién le hable y las autoridades han dejado de hacerlo, o lo hacen a destiempo.
En el caso de Sinaloa, al Gobierno y a la sociedad lo que le conviene e importa es que haya información a tiempo, suficiente y conciliadora, porque de lo contrario, la narrativa la ocupa y la distribuyen otros, incluidos los grupos criminales.