El fin de la pantomima

Editorial
28 julio 2026

Daniel Ortega acaba de graduarse como dictador en Nicaragua, uno de tantos que ha producido Centroamérica a lo largo de su historia moderna.

El seudo Presidente de Nicaragua y antiguo guerrillero ha anunciado que no volverá a haber elecciones en su país, con un cinismo que sólo un dictador de cepa puede anunciar como si le estuviera haciendo un favor a su pueblo.

Al anunciar la suspensión definitiva de las elecciones, Ortega hace suyas las palabras de otro dictador de Nicaragua, Anastacio Somoza García, que redujo a Nicaragua en su patio trasero desde 1933 hasta 1956, y que en una ocasión dijo “Darle democracia a Nicaragua es como darle chile a un niño”.

Ortega, en su juventud, formó parte de aquella guerrilla nicaragüense que derrocó a la familia de dictadores Somoza, tres para ser precisos.

Después de conseguir derrocar a la tiranía, Ortega consiguió mantenerse en el poder gracias a las urnas, inaugurando una breve temporada democrática en el castigado país centroamericano, pero después de que terminó su primer periodo presidencial de 1995 a 1990 se vio obligado a ceder el poder.

Después de una larga temporada lejos del poder, en 2007 Ortega consigue regresar a la Presidencia y decide que la democracia ya no es lo suyo.

Se mantiene en el poder reeligiéndose una y otra vez, gracias a toda clase de chanchullos y finalmente cansado de pantomimas acaba de anunciar el fin de los procesos electorales.

Además de apropiarse de la Presidencia, Ortega ha decidido nombrar a su esposa copresidenta, ha encarcelado a cualquiera que pueda representar una Oposición sería y ha enviado al exilio al que no esté de acuerdo con su gobierno.

Lo más sorprendente es que se asuma dictador en la época de Donald Trump, quien ya le ha enviado varias amenazas como respuesta a sus declaraciones. Los ingredientes para otra acción militar de Estados Unidos están servidos.