El orden urbano
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Editorial
El orden urbano siempre termina sufriendo cuando aparece la alta plusvalía y generalmente solo es perceptible en las ciudades que navegan entre montañas de dinero.
El caos puede conservarse en casi todas nuestras ciudades sinaloenses, pero suele provocar reclamos solo cuando afecta a los que ya disfrutan de zonas perfectamente urbanizadas.
El ejemplo más claro, durante años, ha sido Culiacán, la capital que sufre por esa combinación de crecimiento desmedido, aupado por un flujo efectivo de dinero, el bienestar convertido en desorden.
Hoy la ciudad que sufre este fenómeno es Mazatlán, el puerto vive una de sus épocas de bonanza económica y con ella viene la construcción, pero también los conflictos. Actualmente el reclamo es en las áreas residenciales aledañas a la zona turística, que por su privilegiada ubicación se han convertido en una tentación para que los desarrolladores las elijan para edificar edificios de departamentos enfocados sobre todo a los turistas.
El negocio es interesante: compran una casa y la convierten en al menos ocho departamentos que de inmediato se venden. Sin embargo, aunque es un desarrollo natural en zonas de plusvalía también sabemos que acarrean problemas urbanos y generan la inconformidad de los residentes, que ven sus fraccionamientos unifamiliares convertirse en multifamiliares.
Los edificios de departamentos transforman una colonia apacible en núcleos urbanos desbordados por el tráfico vial, por una demanda creciente demanda de servicios públicos y un deterioro de la infraestructura urbana, la cual no se moderniza a la par del crecimiento de la densidad de población.
En Culiacán, los errores en el desarrollo urbano han costado vidas, las inundaciones se han convertido en una realidad, mientras en Mazatlán la que sufre es la vida de los mazatlecos que se niegan a entregar sus colonias a la creciente demanda turística.
Siendo Mazatlán un polo turístico cada vez más de moda, es importante que las autoridades de planeación y urbanismo apliquen los reglamentos para evitar el caos del crecimiento, sin sacrificar el desarrollo de la ciudad.