El perdón de un Rey

Editorial
18 marzo 2026

Exigirle a España que pida perdón por el encontronazo entre los españoles y los nativos americanos hace más de 500 años es, por lo menos, anacrónico.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador avivó las brasas de un reclamo que no se ha atinado a cerrar, y el gobierno de Claudia Sheinbaum, aunque en menor intensidad, lo ha mantenido vivo, con evidentes intenciones de resolverlo.

El tema del reclamo histórico entre México y España es ante todo político, para los españoles de a pie ni siquiera es tema, pero a los políticos españoles no les interesa ver a su Rey pidiéndole perdón a nadie por algo que sucedió hace siglos.

Las relaciones económicas entre México y España son inmunes a los reclamos históricos, alrededor de 100 mil mexicanos viven en España y se calcula que 120 mil españoles viven, trabajan y comercian en México.

Lo peor de todo en esta discusión sin sentido es que los españoles que vinieron a México a llevarse el oro y la plata son nuestros ascendientes, se calcula que el 80 por ciento de los mexicanos tiene un antepasado español, incluso los huesos de Hernán Cortés siguen descansando en una iglesia mexicana.

Exigirle a otro país que te pida perdón por lo que sucedió en el pasado es perder el tiempo en lugar de trabajar para construir el futuro. México y España deberían ser el motor económico, político, cultural y social de Latinoamérica, y no estar perdiendo el tiempo en discusiones absurdas.

¿Quién gana con todo esto? Los políticos. Reclamar al pasado es hurgar en las vísceras de aquellos que siguen buscando a quién culpar de nuestros fracasos como país, de nuestra pobreza, de nuestra desigualdad.

Los españoles son un pueblo orgulloso, bueno y trabajador que ha conseguido salir de una dictadura y modernizar su país con ayuda de la Unión Europea, pero arrastran graves problemas de baja natalidad, les faltan jóvenes, trabajadores, emprendedores, algo que a nosotros nos sobra.

España es el único país de habla hispana en Europa, su lugar es con nosotros, su equipo, sus amigos, sus hermanos, somos los 500 millones de hispanohablantes, y no el pequeño grupo de políticos que rascan en la herida para conseguir unos cuantos votos bañados de resentimiento.