Falta gasolina
26 diciembre 2016
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Editorial
En los años 80, en una época de crisis económicas recurrentes y devaluaciones sin freno, el Gobierno federal difundía en televisión un spot que iniciaba: “En 1973 importábamos petróleo”, y agregaba en tono triunfalista “ahora lo exportamos”.
En esas épocas, el desabasto de algunos productos era escandaloso y provocaba toda suerte de rumores entre la población.
Así, hubo una ocasión que el kilo de limón alcanzó la estratosférica cantidad de 100 pesos, cuando el salario mínimo era de 163 pesos de los antiguos.
Otra vez hubo una escasez de pasta de dientes, sin que nadie tuviera una explicación razonable para ello; sin embargo, la sabiduría popular atribuía la falta de productos a un ocultamiento para un posterior aumento de precios.
Desde la semana pasada, en más de 13 estados del País se padece un desabasto de gasolinas, sin que a la fecha haya una explicación concreta sobre esa escasez.
Petróleos Mexicanos dijo al principio que fue generado por el cierre de válvulas en zonas donde se detectó robo de combustible a ductos.
Empresarios gasolineros señalan que se debe a la reducción en la producción de la ahora Empresa Productiva del Estado.
Pero algunos de ellos contradicen esa versión y aseguran que combustible sí hay, sin que aclaren por qué se forman largas filas de conductores que buscan llenar sus tanques.
Lo que sí es seguro e inminente, es la liberación de los precios de combustibles en el próximo año, que ya está encima, a cuatro días.
Es paradójico que, en un País petrolero, que anunció con bombo y platillo la administración de la riqueza petrolera en la década ochentera, que por años basó su crecimiento en el “oro negro”, que al iniciar este sexenio federal impulsó una reforma energética para hacer frente a lo nuevos retos en materia de hidrocarburos principalmente, sucedan este tipo de situaciones.
México, como todo País industrializado, necesita de los combustibles para mantener el movimiento de la economía.
Todos los productos y bienes se mueven en vehículos que usan combustibles, el grueso de la población depende de los transportes públicos, hay plantas generadoras de energía eléctrica que se mueven con combustóleo.
Las flotas pesqueras, grandes y pequeñas, la maquinaria que se usa en el agro, todo necesita combustible, y ahora resulta que empieza a escasear.
Sin duda, nada bueno presagia este desabasto que amenaza con extenderse a más estados del País.