Hablar bien
A una comunidad le conviene que se hable de las cosas buenas, porque les hace generar confianza y sentir que se encuentran en un espacio seguro.
En una comunidad que depende de actividades como el turismo, o los servicios, interesa también que se hable bien del lugar, porque eso les permite generar confianza en los posibles clientes.
En general, a todos les gustaría que se hablara bien del lugar que habitan, porque eso significaría que se encuentran en un lugar habitable y sin riesgos.
Y sí, siempre se puede hablar bien del lugar en que se vive, como Sinaloa, donde sin duda su principal activo es la mayoría de su gente, que se distingue de otros lugares por su abierto sentido del humor, su calidez que recibe a los otros con los brazos abiertos, su solidaridad siempre dispuesta a ayudar a quienes lo necesitan, y su compromiso cuando hay que enfrentar retos.
O se puede hablar de su riqueza en alimentos, su vasta geografía que ofrece paisajes diversos, sus empresas que logran destacar y posicionarse en mercados externos o sus deportistas que hacen sentir más orgullo de ser sinaloense.
Sí, se puede hablar bien. Pero eso no implica que no hay que señalar lo que está mal en las regiones que ahora mismo enfrentan una crisis de inseguridad.
Lo mismo los enfrentamientos en el sur de Sinaloa, las desapariciones en esta región y en otras de la entidad, los hechos delictivos que no se han frenado en Culiacán o los robos de vehículos que suceden a diario.
También hay que señalarlo, porque es también una responsabilidad social no guardar silencio ante lo que está mal.
Al Gobierno le corresponde cambiar la conversación y sólo puede lograr que se hable bien ante una situación crítica haciendo las cosas que le corresponde y dando respuestas y soluciones a lo que su gente padece.
Hablar mal no está peleado con lo que el sinaloense siente orgullo. Incluso, en medio de la crisis, es posible hablar bien, siempre y cuando se entreguen los resultados que la gente, en cada municipio, sigue esperando.