La Selección
de los ausentes
A punto de iniciar el Mundial de Futbol, mientras el País se envuelve en el fervor verde de la Selección Nacional, las familias buscadoras de Sinaloa realizaron una de las intervenciones más potentes y dolorosas de los últimos tiempos: vestir digital y físicamente a sus seres queridos desaparecidos con la playera del Tri en las fichas de búsqueda y pegar dichas fichas en pleno malecón de Mazatlán.
Esta acción colectiva trasciende la simple protesta, es un desgarrador ejercicio de análisis social y un espejo incómodo para el Estado y la sociedad civil.
La estrategia de los colectivos de búsqueda revela una cruda verdad sobre el México contemporáneo: el contraste de las prioridades, el contraste entre la opulencia del entretenimiento y la precariedad de la justicia.
Mientras el Gobierno y las empresas despliegan presupuestos millonarios, operativos policiales numerosos y campañas de marketing globales para garantizar la “fiesta del futbol”, las madres y familias rastrean la tierra con palas, picos y recursos propios.
Colocar la camiseta nacional en los rostros de los ausentes es una forma de decir: “Ellos también son México, ellos también jugaban en esta cancha llamada patria, pero a ellos los borraron”.
En un ecosistema mediático saturado, donde las fichas de búsqueda terminan mimetizándose con el paisaje urbano y siendo ignoradas por el transeúnte común, las buscadoras entendieron que necesitaban alertar el mayor distractor nacional: el futbol.
Al apropiarse del símbolo de unión más grande del País, la playera de la Selección, la “Verde”, obligan al ciudadano y al turista a mirar.
No se trata de boicotear el deporte, sino de desnudar la indiferencia del Estado: es imposible celebrar un gol sin recordar, aunque sea por un segundo, que hay más de 100 mil personas que no regresaron a casa.