Las vidas de Trump

Editorial
27 abril 2026

Si la violencia solo genera más violencia, valdría la pena preguntarse: ¿cuál es el destino de un hombre generador de violencia?

Donald Trump ha conseguido convertirse, primero en millonario, y después en el hombre más poderoso del mundo gracias a una violencia sostenida.

Los que lo conocen desde sus primeros años como empresario inmobiliario y financiero describen a un emprendedor voraz, capaz de amenazar, gritar y utilizar su dinero para conseguir aquello que le interesaba.

Tampoco le cuesta mentir, su discurso es de una violencia inusitada: en sus primeros años amenazaba con juicios millonarios, después como candidato utilizó el miedo, la ignorancia y la miseria de unos para ganar en las urnas.

Y finalmente ha utilizado el poder militar para atacar países enteros. Su última amenaza fue desproporcionada: amenazó con desaparecer una civilización entera, si Irán no se plegaba a sus reclamos.

Fiel a su naturaleza, la violencia ha generado más violencia, en esta ocasión en su contra. En julio de 2024 un tirador lo alcanzó de un tiro en una oreja, un atentado que estuvo a centímetros de costarle la vida.

Pocos meses después, en septiembre de ese mismo año, un hombre armado fue arrestado en el campo de golf de Florida, propiedad de Trump. Portaba un AK-47 y se escondía tras unos arbustos.

En esta ocasión, el atentado ocurrido el sábado por la noche en Washington revela que la violencia continúa produciendo más violencia, como una consecuencia inevitable de los actos de un presidente que usa la violencia como un instrumento en la política.

En un país donde hay más armas que personas y donde la violencia se ha convertido en una herramienta cotidiana para que sus ciudadanos diriman sus diferencias políticas, la tragedia siempre estará a la vuelta de la esquina.