Lecciones
La crisis de inseguridad que ha padecido Sinaloa durante más de dos años debería dejar claro cuáles deberían ser las prioridades para fortalecer la seguridad en la entidad, no sólo con el refuerzo de las Fuerzas federales.
La crisis generada por la confrontación de grupos del crimen organizado en la entidad ha dejado al descubierto las debilidades que enfrenta el sistema de seguridad pública en Sinaloa.
Y no sólo se trata de diferenciar las competencias de los diferentes niveles de Gobierno en la atención de los delitos, que esa ha sido una de las excusas más frecuentes no de ahora, sino desde siempre.
Uno de sus puntos débiles ha sido la imposibilidad, hasta ahora, de poder fortalecer las corporaciones locales con más elementos, más equipamiento y más patrullas.
La mayoría de los municipios en Sinaloa están imposibilitados para fortalecer sus cuerpos de seguridad porque no cuentan con los recursos suficientes para hacerlo. O pagan la nómina o pagan patrullas. No tienen opciones.
Y ese diagnóstico está claro para quienes toman decisiones con relación al presupuesto que se ejerce cada año.
Y se necesitan recursos para tener más elementos, para que estén más capacitados y para que el acceso a la tecnología esté disponible para todas las regiones, no sólo donde ya se cuenta con esos sistemas.
Es cierto que los conflictos internos por los que atraviesa el crimen organizado no son una responsabilidad directa del Estado, pero sí la de crear condiciones para que todas las regiones estén en condiciones de poder afrontar los hechos violentos
Y si algo se ha de aprender de esta crisis, que aún no termina, es que durante mucho tiempo, igual no de ahora, es que hay regiones en la entidad que no han estado en la prioridad para las estrategias y el fortalecimiento de la seguridad.
Mientras prevalezcan esos desequilibrios entre los diferentes municipios de Sinaloa, como ha ocurrido hasta ahora, va a ser imposible que las estrategias de seguridad para afrontar el crimen den los resultados que se esperan.