Muchos Ayotzinapas

19 enero 2016

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Editorial

Hace unas tres décadas, ser joven era delito ante las fuerzas del Estado, y ser estudiante era el peor pecado.

Era común que un joven cualquiera fuera detenido por algún policía con el simple argumento de parecer “sospechoso”.

En esos años de gobiernos autoritarios, todos emanados del partido tricolor, salvo juchitecas excepciones, los policías de todos los órdenes de Gobierno disfrutaban una especie de patente de corso para detener, interrogar, maltratar hasta la tortura y, en muchos casos, desaparecer a los “sospechosos”.

Con el advenimiento de los años 90, la apertura del País a la llamada globalización, la firma de tratados internacionales en pro de los derechos humanos, la llegada de expresiones de oposición a las legislaturas y gobiernos tanto de algunos estados como en el ámbito federal, contribuyeron a un cambio de mentalidad en la manera de ejercer justicia.

Los policías, antaño auténticos gorilas, comenzaron a ejercer cierto respeto hacia el ciudadano, y los ciudadanos iniciaron a ejercer la potestad de ser mandantes de la autoridad... pero sólo en mínima proporción, los abusos policiales continuaron y los ciudadanos sumisos y remisos seguían superando a quienes buscaban un cambio de paradigmas en la relación con el Estado.

Y así llegó el nuevo milenio, y así pasó más de una década hasta que la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa destapó la cruda realidad, las cosas no han cambiado, incluso han empeorado, policías municipales detienen a estudiantes y los entregan a grupos criminales y hasta la fecha se desconoce su paradero.

Ayotzinapa queda como doloroso ejemplo de la podredumbre al interior de las corporaciones policiacas.

Y todavía no se resuelve ese episodio cuando ya surge otro con las mismas características, en el municipio de Tierra Blanca, Veracruz, cinco jóvenes fueron reportados desaparecidos desde el 11 de enero de este año, la fiscalía ha ordenado la detención de un jefe policiaco y seis agentes como resultado de las primeras indagatorias.

El séptimo detenido reveló que una vez que los jóvenes fueron aprehendidos por los policías, los entregaron a un grupo de la delincuencia organizada, aunque se desconocen aún los motivos para hacerlo.

Así, vale preguntar, ¿cuántos “casos Iguala” han quedado en las sombras de aquellos años cobijados por la impunidad? ¿Cuántos Ayotzinapas tendremos que ver antes de disfrutar un verdadero México de paz?

¿Cuántos jóvenes deben desaparecer por el solo hecho de serlo?