Ordenar la costa

Editorial
11 agosto 2026

La manera en cómo se ha administrado el uso de las costas en Sinaloa tiene en Mazatlán el ejemplo de lo que hay que corregir, si es tiempo para ello.

El desarrollo inmobiliario ha dejado escaso margen para la zona de amortiguamiento de la zona de playas y los proyectos futuros no han corregido hasta ahora su curso.

Pero además, está también la forma en cómo las autoridades federales, que tienen bajo su mandato la administración de las costas mexicanas, han permitido que las zonas de playa de acceso público se encuentren limitadas, precisamente para el público.

Y Mazatlán es el ejemplo de lo que ha ocurrido por no tener un manejo eficiente de las autorizaciones que se han dado para la actividad comercial en la zona federal frente a sus mares.

Si bien es cierto que toda persona tiene derecho a buscar la manera en cómo genera su sustento, también es cierto que la Constitución Mexicana garantiza a su población el uso libre de las playas, sin obstrucciones

Ya sea el sector privado o en este caso, el sector popular, se han apropiado de los espacios que tienen un carácter público y nada debe impedir a la población su pleno goce.

Por eso, lo que pasa en Mazatlán debe ser un punto de partida para establecer la manera en cómo se deben reordenar, y ordenar las playas, al menos en Sinaloa.

Que los trabajadores, sí, tengan derecho a ejercer sus actividades comerciales, pero no a costa, como ha ocurrido en los últimos años, de despojar a la población del uso de las playas.

Las autoridades federales, de Semarnat y Profepa, han tomado medidas para reordenar el uso que se le dan a las concesiones en la playa, y lo que se plantea, es el reordenamiento de esos espacios, con las autorizaciones justas y la garantía de que la población pueda disfrutar de un espacio que es público.

Del desarrollo inmobiliario, de lo que queda de usufructo en Mazatlán, deberían también adecuar la legislación, para evitar que la franja costera sea cada vez más reducida.