¿Quién gana las guerras de Trump?

Editorial
21 agosto 2026

En las guerras rara vez hay un ganador. Las guerras producen, sobre todo, víctimas. Aun aquel que se declara vencedor termina perdiendo algo: ya sea en número de vidas, en riqueza material o incluso viendo caer al enemigo, que lo mantenía en equilibro, atento, humilde, en forma.

La historia de Estados Unidos es una relación de derrotas, suyas, o de sus enemigos, pero donde siempre la población estadounidense sufre pérdidas que la sumen en oscuros procesos sociales, debacles económicas y hartazgo.

Cansado de pelear con lejanos enemigos, muchos de ellos desconocidos para el público estadounidense, en las últimas elecciones los americanos votaron por el candidato que les prometió cerrar los frentes abiertos por el mundo.

Así llegó Donald Trump al poder y cumplió en alguna medida, sobre todo en el discurso. En su afán por ganar el Premio Nobel, Trump aseguró que había ayudado a terminar con siete guerras en el mundo, en algunas de ellas como mediador.

El asunto es que después de muchos discursos y pocos aciertos, Trump terminó metiendo a Estados Unidos en nuevas guerras, la peor de todas en contra de Irán, un conflicto que prometió resolver en dos semanas y que no tiene para cuándo terminar.

Hay víctimas en Irán, por supuesto, pero también dentro de Estados Unidos, donde los precios del galón de gasolina mantienen a la población en jaque.

En Gaza, los muertos bajo las balas israelíes, cortesía de Trump, amenazan con convertirse en uno de los capítulos más negros de la historia de la humanidad.

Y qué decir de la guerra de Ucrania, donde Trump en lugar de apaciguar los ánimos de rusos y ucranianos parece empeñado en echar gasolina al fuego.

¿Y quién gana con las guerras de Trump? Definitivamente el pueblo estadounidense no, tampoco los habitantes de Irán, de Gaza o de Ucrania.

Ganan los vendedores de armas, los políticos que se sostienen en el poder gracias a los conflictos y algunos de sus socios. Unos cuantos que se enriquecen mientras el mundo se desmorona en guerras que parecen no tener fin.