Reeducar

Editorial
28 mayo 2026

Sinaloa atraviesa, se ha dicho en varias ocasiones, por una crisis de violencia que entre sus máximas manifestaciones ha acentuado la crisis de desapariciones forzadas.

Las familias que buscan a sus desaparecidos, no solo deben afrontar el dolor de no saber en dónde se encuentra uno de los suyos, sino que además, debe enfrentarse a todo lo que implica la burocracia.

Porque las desapariciones forzadas no se atienden de manera inmediata, hay que esperar un plazo que marca la Ley para después tomar la denuncia y ser sometidos a interrogatorios donde el denunciante es tratado como si fuera el culpable.

Esa versión se reproduce una y otra vez y por eso hay familias que han decidido guardar silencio y no denunciar, esperando a que esa persona desaparecida, algún día regrese.

Pero hay quienes buscan la verdad, pese a todo, y deciden actuar y deciden denunciar y deciden seguir con el proceso, pese a todo.

Y lo hacen, a pesar de que desde las mismas autoridades haya una estigmatización y una revictimización sobre las personas que han sido privadas de la libertad y también sobre sus familias.

El colectivo Sabuesos Guerreras recientemente levantó la voz y ha actuado contra una funcionaria de la Fiscalía de Sinaloa precisamente porque más allá de las responsabilidades como servidoras públicas, cuestionaba el papel de la familia en la desaparición de un familiar.

Las instituciones públicas como una Fiscalía están para generar confianza en las víctimas y procesar las denuncias que se presentan con la empatía y respeto que se merecen.

Y esas situaciones se presentan porque las fiscalías no solo deben mejorar su capacidad para resolver las miles de denuncias que se acumulan en sus archivos, sino también, deben mejorar el trato que se les da a las víctimas de delitos.

Quien acude a denunciar, lo hace con la esperanza de que de parte de las autoridades haya el respaldo y la esperanza que necesita.

Y se puede lograr, siempre y cuando las autoridades entiendan la importancia de la empatía y el respeto en los servidores públicos y para lograrlo, habrá que reeducarlos.