Resolver los rezagos
Hay municipios que han desarrollado sus capacidades administrativas y financieras para afrontar los retos que implica el crecimiento de sus comunidades e ir más allá, con inversiones que mejoren la calidad de vida.
En el otro extremo, hay municipios que se han quedado rezagados y su capacidad se ha visto limitada por la falta de ingresos y el incremento en los costos de su operación.
La desigualdad operativa se puede detectar en cualquier región de México y no ha habido hasta ahora medidas suficientes para poder contrarrestar los rezagos que se siguen acumulando.
Porque ha habido una lógica dentro de las administraciones en que se apuesta por seguir impulsando grandes proyectos en ciudades que tienen finanzas sólidas y dejar inversiones mínimas en donde las necesidades son aún mayores.
Un Gobierno estatal, por ejemplo, decide que esas inversiones que se notan y que suman decenas de millones de pesos, se hagan en ciudades que tienen la capacidad para resolver los retos de su crecimiento.
Y para los municipios que apenas y les alcanza para resolver la atención de las calles deterioradas, las obras que podrían implicar un aliciente a su desarrollo, o por lo menos resolver necesidades básicas, es mínimo lo que reciben de las autoridades estatales.
El problema no sólo se trata de en dónde el Gobierno estatal, como en Sinaloa, decide a dónde llevar sus grandes inversiones y a dónde considera que invertir lo mínimo es suficiente.
El problema es cómo el sistema de distribución fiscal sigue incentivando esa desigualdad en la administración pública, pues las fórmulas otorgan más recursos a quienes más ingresos propios generan y relegan a los que han estado rezagados.
Y a pesar de que hay administraciones en Sinaloa a las que se les complica cada vez más operar y atender las necesidades de sus comunidades, no ha habido hasta ahora de parte de las autoridades ni de los legisladores impulsar cambios que permitan que esos rezagos empiecen a ser cada vez menos.