Salud mental pasa factura

Editorial
07 abril 2026

Hay cifras que no sólo informan: alertan. Y las que hoy enfrenta Sinaloa en materia de salud mental deberían encender todas las alarmas.

En apenas el primer trimestre de 2026, el estado acumula 859 casos de depresión, de acuerdo con el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud. Pero más allá del número, lo verdaderamente inquietante es el patrón: la mayoría de los diagnósticos se concentra en mujeres.

No se trata de una estadística aislada ni de un fenómeno pasajero. Es el reflejo de un problema silencioso que avanza mientras otras crisis acaparan la atención pública.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido desde hace años que la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento están entre las principales causas de enfermedad y discapacidad, particularmente entre adolescentes. Y lo que ocurre en Sinaloa parece confirmar que esa advertencia no era exagerada.

Porque la depresión no siempre se ve como se espera. No siempre es solo tristeza. A veces es irritabilidad, aislamiento, pérdida de interés por lo que antes importaba. A veces se esconde en cambios de sueño, en el desgaste emocional o en una sensación constante de vacío.

Y lo más preocupante: cuando no se atiende a tiempo, sus efectos no desaparecen. Se arrastran. Se profundizan. Se convierten en problemas mayores en la vida adulta, afectando no solo la salud mental, sino también la física y la capacidad de desarrollarse plenamente.

En un contexto donde la violencia, la presión social y la incertidumbre forman parte del día a día, los factores de riesgo se multiplican. La adversidad deja de ser un episodio y se vuelve entorno. Y en ese entorno, la salud mental suele quedar relegada.

Los 68 nuevos casos reportados en una sola semana no deberían pasar desapercibidos. Son señales claras de que algo no está bien.

Hablar de depresión sigue siendo difícil. Atenderla, muchas veces, aún más. Pero ignorarla ya no es una opción.

Porque esta no es solo una crisis individual. Es una crisis que, poco a poco, está alcanzando dimensiones colectivas.