Sinaloa,
¿en el limbo?

Editorial
25 agosto 2026

La nueva solicitud de licencia de Rubén Rocha Moya no solo dejó al descubierto el peso decisivo de la cúpula federal, sino que ha arrastrado al Estado a un limbo institucional que amenaza con paralizar el funcionamiento operativo de la entidad.

Y es que pocos escenarios revelan con tanta nitidez las costuras de nuestro sistema político como la designación de un Mandatario estatal sometida a la lógica de las consignas nacionales y de los intereses partidistas, así como un aferramiento obsesivo al poder.

Tras la obligada separación del cargo de Rubén Rocha Moya, el proceso de relevo en Sinaloa ha entrado en un pasmo institucional donde el poder local demuestra su total descoordinación y, al mismo tiempo, subordinación.

Al aplazarse de manera indefinida la sesión extraordinaria convocada para nombrar al Gobernador interino o sustituto, el Congreso del Estado de Sinaloa refleja la fragilidad de su propio margen de maniobra.

Atrapado entre la ausencia de consensos locales, la escasez de perfiles con la solidez requerida y la vigilante mirada de la Federación, el Poder Legislativo local ha optado por pausar el reloj.

El resultado inmediato es una entidad expuesta a vacíos de mando y a la falta de definiciones en sus decisiones prioritarias.

Estar al menos una jornada completa sin la figura formal de un titular en el Ejecutivo estatal pone en relieve los costos del centralismo. Mientras los reflectores nacionales y la disciplina de partido marcan los tiempos políticos del relevo, la ciudadanía sinaloense atestigua un proceso de toma de decisiones reservado a las cúpulas, donde la estabilidad del Estado queda supeditada a las negociaciones del centro.

Mientras tanto, el proceso de decisión continúa concentrado en las cúpulas políticas, al margen de la participación ciudadana de los sinaloenses.