Vulnerabilidad del periodismo
En Sinaloa, ejercer el periodismo ha sido históricamente una profesión de alto riesgo, pero en la actualidad las amenazas contra la prensa han evolucionado hacia terrenos igual de violentos y desprotegidos.
Así lo demuestra el reciente caso de acoso digital e intento de criminalización contra una periodista de Noroeste en el sur de Sinaloa.
Ya no se trata sólo de la intimidación en el terreno de los hechos; hoy, la violencia contra los comunicadores salta a las redes, a las pantallas y se infiltra en la vida privada a través de campañas de desprestigio, hostigamiento masivo y amenazas veladas.
Este ataque no es un hecho aislado ni una simple agresión en redes sociales, es un signo de la profunda vulnerabilidad con la que se trabaja en la entidad para cubrir seguridad, violencia y crimen organizado.
Mientras los grupos delictivos y los poderes fácticos diversifican sus tácticas de censura e intimidación, pasando de la amenaza física al linchamiento digital, los periodistas vemos con azoro cómo se vulnera nuestra seguridad.
Cuando una reportera es acosada por informar, se busca sembrar el miedo no sólo en ella, sino en todo el gremio. El mensaje es claro: intentar silenciar el periodismo por la vía del desgaste emocional y la estigmatización pública.
Desde Noroeste exigimos a la autoridades garantizar la libertad de prensa y la seguridad de los periodistas. Urge un compromiso real desde el Gobierno para investigar con rigor la violencia digital, desmantelar las redes de acoso y ofrecer garantías efectivas de seguridad a quienes laboran en las zonas de mayor conflicto.
Un estado donde los periodistas debemos calcular si firmar o no una nota para protegernos es un estado donde el derecho de la ciudadanía a estar informada está severamente comprometido.