86, un número de contrastes
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MAYRA ZAZUETA
¿En qué es en lo que se piensa primero al escuchar el número 86?
Quienes somos aficionados al futbol rememoramos de inmediato la XIII Copa del Mundo, celebrada en nuestro país en 1986.
Los amantes del séptimo arte recuerdan 1986 por las extraordinarias películas exhibidas ese año, como La misión, Platoon, Cuenta conmigo y El nombre de la rosa, entre otras.
Ese año es igualmente recordado por dos tragedias que sacudieron al Mundo: la explosión del transbordador espacial "Challenger" el 8 de enero, y una explosión, el 26 de abril, en el reactor de la planta nuclear de Chernobil, que liberó a la atmósfera 200 veces más radioactividad que la producida por las bombas de Hiroshima y Nagasaki juntas.
Y no faltará quien invierta el orden de los dígitos y recuerde los trágicos hechos del 2 de Octubre del 68, o quien vaya más allá y divida ese número 86 entre dos, de lo que resulta un número que duele, que lastima: 43. El número de estudiantes victimados en Iguala, Guerrero.
Lamentablemente el 86 tiene ahora también un significado que irrita: ese número representa el número de millones de pesos que costó la mansión en la que habitan el Presidente Enrique Peña Nieto y su familia, en Lomas de Chapultepec, conocida como la "casa blanca".
La Oficina de la Presidencia se ha apresurado a señalar que la mansión es propiedad de la esposa del Primer Mandatario, la actriz Angélica Rivera, manifestando que fue un regalo para ella de Televisa, pero muy pocos mexicanos se tragan tal versión. ¿Qué empresa regala una casa de esas dimensiones, de esas proporciones y de ese valor a sus empleados?
Ayer, el Primer Mandatario declaró incluso que ha pedido a su esposa que aclare cómo se hizo de esa propiedad, sobre la que se han escrito muchísimos comentarios en la prensa y en las redes sociales.
Me llama la atención el ángulo abordado por Alejandro Páez Varela en su artículo de la semana anterior en SinEmbargo.mx. Dice que es una casa sin libreros, lo que él no considera extraño, habida cuenta que algo que se critica al Presidente es que no es afecto a la lectura.
Ese enfoque me llevó a plantearme dos preguntas hipotéticas, u ociosas si se quiere. La primera: ¿cuántos libros cabrán en esa enorme casa? La segunda, relacionada con lo mismo: ¿cuántos libros podrían comprarse con esos 86 millones de pesos?
Es difícil saber cuántos libros pueden caber en esa mansión, solamente pueden hacerse aproximaciones, como tiros al blanco. Pero en la cuestión del número de libros que podrían comprarse con los 86 millones sí puede hacerse un cálculo muy cercano a la realidad.
Si se piensa en un precio promedio de 70 pesos por libro, se puede concluir que con lo invertido en la construcción de "la casa blanca" podrían adquirirse 1 millón 228 mil 570 volúmenes.
Ahora, tomando como referencia el número de escuelas públicas de educación básica que hay en el País, se puede aventurar el cálculo de que a cada uno de las 171 mil 851 planteles de ese nivel podrían dársele por lo menos 10 de los libros que podrían comprarse con lo invertido en la referida casa.
Por supuesto que no estoy sugiriendo que la finca sea vendida para comprar libros. Se trata simplemente de cálculos de aproximación y de referencia para darnos una idea del despropósito de vivir en una finca de valor estratosférico, habiendo tantas y tan penosas carencias en el País.
Tampoco sugiero que el Presidente y su familia se vayan a vivir a un departamento o a una vivienda de Infonavit. Es comprensible que el Mandatario busque vivir en una residencia segura y con todos los servicios y comodidades, lo que sin embargo dista mucho de lo invertido en esa mansión.
Lo que en verdad preocupa es el presumible delito de tráfico de influencias.
Este delito se configura cuando alguien hace uso o saca provecho de su amistad, cercanía, incluso del parentesco con un gobernante o un funcionario con poder de decisión, para obtener, ya sea un puesto en el gabinete, una curul, o exenciones fiscales y millonarios contratos de obra.
De acuerdo con investigaciones periodísticas de medios muy respetables, esto último parece que es lo que está detrás de la mansión presidencial. Se maneja como un hecho que ésta es un regalo de la Constructora Higa, a la que Peña Nieto otorgó millonarios contratos de obra cuando gobernó el Estado de México, y a la que le había asignado ya la construcción del tren de alta velocidad México-Querétaro, contrato que se vino abajo ante los cuestionamientos, no solo de legisladores de diversos partidos, sino de empresarios y medios de comunicación, criticando la falta de transparencia en el proceso de adjudicación de la obra.
Como puede verse, no se trata simplemente de criticar el que los gobernantes y sus familias habiten en mansiones que por su costo millonario resultan ofensivas para los millones de mexicanos que viven en extrema pobreza, sino del uso abusivo del poder para beneficiar a los amigos y familiares, y sacar, además, provecho de esas relaciones totalmente cuestionables.
jdiaz@noroeste.com