Análisis: ¿Por qué somos un País subdesarrollado?
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Gilberto Yáñez
La primera explicación lógica y veraz del origen de nuestro subdesarrollo económico y educativo es evidente: México sufrió una guerra civil (1913-1929) que se prolongó cuando menos durante 16 años, en la cual la economía se paralizó, muchos empresarios y pequeños comerciantes mexicanos emigraron a Estados Unidos, no tuvimos inversión extranjera y sobre todo, se destruyó la obra civil realizada durante la larga dictadura de Porfirio Díaz Mori, que gobernó desde 1884 a 1910, en la cual se construyeron caminos, puentes, ferrocarriles y se crearon instituciones educativas y políticas que se perdieron en el caos de la guerra civil.
Los efectos de la guerra civil 1913-1929 se prolongaron durante varias décadas, pero se complicaron con los gobiernos dictatoriales de Álvaro Obregón Salido (1920-1924) y de Plutarco Elías Calles (1924-1928) y el de éste último se prolongó hasta 1934 con los gobiernos subordinados de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez Luján y los primeros meses de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940), quien envió a Calles al destierro para sacudirse de sus patológicos abusos de poder y quien subestimó a Cárdenas y a sus asesores y allegados, como Francisco Mújica.
La reconstrucción del País se interrumpió con la crisis de la expropiación petrolera que se decretó Cárdenas ante la actitud soberbia e ilegal de las empresas petroleras estadounidenses y británicas, que se negaron a cumplir una sentencia definitiva de la Suprema Corte que favorecía las demandas de los trabajadores de dichas empresas.
Lamentablemente, Cárdenas emprendió, aconsejado aparentemente por Mújica, el grave error de pulverizar los terrenos agrícolas de propiedad privada, convirtiendo los latifundios en pequeñas parcelas improductivas económicamente. Este grave error de Cárdenas ha sido uno de los problemas más importantes de la economía mexicana de los últimos 80 años. En Europa, Inglaterra promovió durante el Siglo 19 la reducción de las superficies agrícolas excesivamente extensas mediante impuestos inteligentemente aplicados, que gravaron en forma progresiva la superficie agrícola, de tal manera que a mayor superficie, más impuesto se debía pagar, salvo que estuvieran en producción, en cuyo caso el impuesto era insignificante.
La gran diferencia entre la expropiación de la tierra agrícola sin posibilidad de ser rentable en México y el estímulo a la producción y al empleo en el campo, en el caso inglés, sin dejar de reconocer la pobreza que existía también en los campesinos ingleses.
Además de los ejidos improductivos pero útiles para obtener votos, Cárdenas cometió otros errores importantes en perjuicio de la economía nacional, como fue la difusión de las políticas socialistas entonces de moda en Europa y que finalmente demostraron su inviabilidad con la quiebra de la Unión Soviética en 1989. Pemex, la CFE, los grandes negocios de Ceimsa, después denominada Conasupo, que crearon grandes fortunas entre los funcionarios públicos encargados de sus actividades siempre convertidas en grandes negocios para unos cuantos.
México no cambió como Europa del socialismo a la libre empresa, después de que Inglaterra se percató del evidente fracaso del socialismo y del comunismo socialista que propiciaba la corrupción y el dispendio. Entre 1940 y el inicio del sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) la economía de México mostraba rasgos esencialmente socialistas, frente a otros campos económicos que se regulaban como economía de mercado, lo cual no impulsó la inversión extranjera en áreas vitales para el País, como eran la energía y la agricultura.
Los industriales en ese lapso estaban obligados al soborno y a la extorsión amigable de los funcionarios públicos federales, mientras los estados permanecían en la pobreza por falta de inversión privada y con ello, sin creación de empleos.
La economía nacional empeoró en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, empeñado en gastar sin límite y en recurrir al aumento de la deuda pública para impulsar artificialmente a la economía mediante obras públicas mal planeadas y peor ejecutadas, con un grado de corrupción nunca antes visto en México. La locura financiera y el desproporcionado crecimiento de la deuda pública en la "docena trágica" de los dos sexenios de Echeverría y José López Portillo y Pacheco, culminó en 1976 y en 1982 con las devaluaciones que continuaron mensualmente durante el sexenio de Miguel de la Madrid.
El terrible sexenio de Carlos Salinas de Gortari se distinguió por el abuso aun mayor de la deuda pública y del gasto federal sin respaldo fiscal, que en conjunto de los cuatro sexenios, desde 1970 hicieron emigrar al peso de un tipo de cambio de $12.50 por cada dólar estadounidense, a $9,200.00 pesos por cada dólar en 2001, después de sufrir los excesos y abusos en el sexenio de Salinas propiciados por el distinguido Secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, ahora brillante asesor de Enrique Peña Nieto y de Luis Videgaray.
El acto de magia financiera de eliminar tres ceros a la cotización internacional del peso mexicano nos ha colocado al peso ahora en 13.40 por cada dólar, pero siempre es útil recordar que estamos hablando en realidad de $13,400.00 pesos por cada dólar. Nada similar al $12.50 en vigor cuando Díaz Ordaz entregó el poder a Echeverría.
El histórico abuso del poder, la corrupción generalizada durante más de un siglo y la falta de civismo de todos los mexicanos que soportamos hasta la vergüenza pública el escándalo de la corrupción municipal, estatal y federal de nuestro país, son la sencilla explicación del pequeño e insuficiente crecimiento económico de nuestro País.