Análisis: ¿Por qué somos un País subdesarrollado?

02 julio 2014

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Gilberto Yáñez

La primera explica­ción lógica y veraz del origen de nues­tro subdesarrollo económico y educativo es evidente: México sufrió una guerra civil (1913-1929) que se prolongó cuando menos durante 16 años, en la cual la economía se paralizó, mu­chos empresarios y peque­ños comerciantes mexicanos emigraron a Estados Unidos, no tuvimos inversión extran­jera y sobre todo, se destruyó la obra civil realizada durante la larga dictadura de Porfirio Díaz Mori, que gobernó des­de 1884 a 1910, en la cual se construyeron caminos, puen­tes, ferrocarriles y se crea­ron instituciones educativas y políticas que se perdieron en el caos de la guerra civil.
Los efectos de la guerra civil 1913-1929 se prolonga­ron durante varias décadas, pero se complicaron con los gobiernos dictatoriales de Álvaro Obregón Salido (1920-1924) y de Plutarco Elías Calles (1924-1928) y el de éste último se prolongó hasta 1934 con los gobiernos subordinados de Emilio Por­tes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez Luján y los primeros meses de Láza­ro Cárdenas del Río (1934-1940), quien envió a Calles al destierro para sacudirse de sus patológicos abusos de poder y quien subestimó a Cárdenas y a sus asesores y allegados, como Francisco Mújica.
La reconstrucción del País se interrumpió con la crisis de la expropiación pe­trolera que se decretó Cárde­nas ante la actitud soberbia e ilegal de las empresas pe­troleras estadounidenses y británicas, que se negaron a cumplir una sentencia de­finitiva de la Suprema Corte que favorecía las demandas de los trabajadores de dichas empresas.
Lamentablemente, Cár­denas emprendió, acon­sejado aparentemente por Mújica, el grave error de pulverizar los terrenos agrí­colas de propiedad privada, convirtiendo los latifundios en pequeñas parcelas impro­ductivas económicamente. Este grave error de Cárdenas ha sido uno de los problemas más importantes de la eco­nomía mexicana de los últi­mos 80 años. En Europa, In­glaterra promovió durante el Siglo 19 la reducción de las superficies agrícolas excesi­vamente extensas mediante impuestos inteligentemente aplicados, que gravaron en forma progresiva la super­ficie agrícola, de tal mane­ra que a mayor superficie, más impuesto se debía pa­gar, salvo que estuvieran en producción, en cuyo caso el impuesto era insignificante.
La gran diferencia entre la expropiación de la tierra agrícola sin posibilidad de ser rentable en México y el estímulo a la producción y al empleo en el campo, en el caso inglés, sin dejar de reconocer la pobreza que existía también en los cam­pesinos ingleses.
Además de los ejidos im­productivos pero útiles pa­ra obtener votos, Cárdenas cometió otros errores im­portantes en perjuicio de la economía nacional, como fue la difusión de las políticas so­cialistas entonces de moda en Europa y que finalmente demostraron su inviabilidad con la quiebra de la Unión Soviética en 1989. Pemex, la CFE, los grandes negocios de Ceimsa, después denominada Conasupo, que crearon gran­des fortunas entre los funcio­narios públicos encargados de sus actividades siempre convertidas en grandes ne­gocios para unos cuantos.
México no cambió como Europa del socialismo a la li­bre empresa, después de que Inglaterra se percató del evi­dente fracaso del socialismo y del comunismo socialista que propiciaba la corrupción y el dispendio. Entre 1940 y el inicio del sexenio de Car­los Salinas de Gortari (1988-1994) la economía de México mostraba rasgos esencial­mente socialistas, frente a otros campos económicos que se regulaban como eco­nomía de mercado, lo cual no impulsó la inversión extran­jera en áreas vitales para el País, como eran la energía y la agricultura.

Los industriales en ese lapso estaban obligados al soborno y a la extorsión amigable de los funcionarios públicos federales, mientras los estados permanecían en la pobreza por falta de inver­sión privada y con ello, sin creación de empleos.
La economía nacional empeoró en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, empeñado en gastar sin lí­mite y en recurrir al aumen­to de la deuda pública para impulsar artificialmente a la economía mediante obras públicas mal planeadas y peor ejecutadas, con un grado de corrupción nunca antes visto en México. La locura financiera y el des­proporcionado crecimien­to de la deuda pública en la "docena trágica" de los dos sexenios de Echeverría y Jo­sé López Portillo y Pacheco, culminó en 1976 y en 1982 con las devaluaciones que continuaron mensualmente durante el sexenio de Miguel de la Madrid.
El terrible sexenio de Carlos Salinas de Gortari se distinguió por el abuso aun mayor de la deuda pública y del gasto federal sin res­paldo fiscal, que en conjunto de los cuatro sexenios, des­de 1970 hicieron emigrar al peso de un tipo de cambio de $12.50 por cada dólar es­tadounidense, a $9,200.00 pesos por cada dólar en 2001, después de sufrir los exce­sos y abusos en el sexenio de Salinas propiciados por el distinguido Secretario de Hacienda, Pedro Aspe Ar­mella, ahora brillante asesor de Enrique Peña Nieto y de Luis Videgaray.
El acto de magia financie­ra de eliminar tres ceros a la cotización internacional del peso mexicano nos ha colocado al peso ahora en 13.40 por cada dólar, pero siempre es útil recordar que estamos hablando en reali­dad de $13,400.00 pesos por cada dólar. Nada similar al $12.50 en vigor cuando Díaz Ordaz entregó el poder a Echeverría.
El histórico abuso del poder, la corrupción gene­ralizada durante más de un siglo y la falta de civismo de todos los mexicanos que so­portamos hasta la vergüenza pública el escándalo de la co­rrupción municipal, estatal y federal de nuestro país, son la sencilla explicación del pequeño e insuficiente crecimiento económico de nuestro País.