De otra forma...
04 octubre 2015
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JANNETH ALDECOA /JOSÉ ALFREDO BELTRÁN
El Diccionario de la Real Academia Española define a la paranoia como una perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas.Por otra parte, en algunas revistas médicas se establece que el trastorno de personalidad paranoica es una perturbación mental, en la cual, la persona manifiesta de forma persistente y prolongada cuadros de desconfianza y prejuicios hacia los demás.
Los estudiosos agregan que esta afección resulta común observarla en individuos presuntuosos, narcisistas y con muy baja autoestima. Sobre todo, en estos últimos, según mi opinión, ya que en ellos el sentimiento de inseguridad se acentúa.
En la vida común calificamos como paranoica a una persona que se ve de manera constante asaltada por sus miedos; que manifiesta su desconfianza hacia los demás y que sufre delirios de persecución, asegurando que es hostigada por la mala suerte o por gente que le quiere hacer algún mal. Se sienten acechados de manera continua, de tal suerte que desconfían hasta de su propia sombra.
Otro delirio paranoide es el de la injusticia y quienes lo sufren, se sienten incomprendidos, injustamente calificados por los que lo rodean. Se perciben como víctimas del mundo, como el gusanito de la canción... "nadie me quiere todos me odian mejor me como un gusanito".
La paranoia puede manifestarse en un individuo por múltiples causas, que pueden ir desde el factor genético hasta los motivos ambientales que disparan el estrés, por ejemplo.
Entre los síntomas que pueden presentar las personas que sufren este desequilibrio emocional, se encuentran los siguientes: preocupación constante de que las personas que la rodean actúen en su contra; se sienten utilizados por los demás; son incapaces de trabajar en equipo; tienden al aislamiento social; manifiestan desapego y reflejan fuertes rasgos de hostilidad. También suelen ser autoritarios, resentidos y sufren episodios depresivos.
Creo que nadie estamos exentos de sentir oleadas pasajeras de paranoia, motivadas por diversas preocupaciones ligadas, principalmente, a nuestra vida ordinaria y laboral.
Todo esto de la paranoia viene a cuento en virtud de que pienso que el Presidente Enrique Peña Nieto está siendo presa de severos ataques de tal perturbación, los cuales recientemente se reflejaron en sus declaraciones respecto a que debemos tener cuidado con el populismo, que emana de las corrientes extremistas de la derecha y de la izquierda, sin ponerle nombre y apellidos a las fuentes de tales peligros.
A lo anterior se suman algunos rasgos de su personalidad que son coincidentes con el perfil paranoide definido por los expertos: el egocentrismo y la presunción que le exudan por todos los poros de su epidermis, amén de su autoritarismo y aislamiento social.
Todo lo que antecede fortalece mi convicción de que el señor Peña Nieto pasa por un mal momento de desequilibrio emocional, provocado por los miedos que le causa el populismo. Sí, justamente el recurso con el que se regodeó para lograr ascender a la silla presidencial y el que constantemente utiliza para maquillarse como un gobernante con un alto sentido de responsabilidad social.
¿Cuál es la fuente de los temores que han perturbado la tranquilidad del cachorro de Atlacomulco?
¿Por qué manifiesta delirios de persecución? ¿Será acaso que a estas alturas de su gestión está viendo que sus alcances no cubrirán de manera satisfactoria las expectativas que levantó en su campaña, y que por ello, la continuidad del PRI en el dominio del Ejecutivo federal está en riesgo?
¿Se deberá a que le asusta el crecimiento de la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, alimentada por sus errores y obstinaciones en el ejercicio del poder bajo un criterio rígido que no admite ningún cambio, ni de estrategias ni de estrategas significativos?
¿Acaso los espíritus que asaltan la razón de Peña Nieto se deben a la novedad de las candidaturas independientes, que son ya una verdadera realidad y una amenaza para los intereses partidistas?
¿Qué causas dieron origen al delirio de injusticia que asola al Ejecutivo federal? ¿El hecho de que la mayoría de los mexicanos no creemos en las bondades prometidas por sus reformas estructurales ni en sus estadísticas alegres? ¿Acaso se sentirá incomprendido por la pamba de bofetadas de desconfianza que le receta la mayoría de los mexicanos?
Por el bien del País, esperemos que Peña Nieto se alivie de sus congojas y entienda que hay que aceptar la realidad y que la diversidad de ideas, debe atenderse de manera respetuosa y con criterio abierto. Esa es la receta.
De otra forma, los fantasmas que brincan dentro de su cabeza provocarán que de plano pierda el juicio ¡Buen día!