De Quincey, opiómano
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FIFA
Lo que para mí avala
sin discusiones a este curioso personaje
es la casi veneración que le profesó Borges (a quien le profeso una abierta veneración). Wikipedia: "Thomas de Quincey (Mánchester, 15 de agosto de 1785 - Edimburgo, 8 de diciembre de 1859), periodista,
crítico, y escritor británico del Romanticismo. Escribió su autobiografía en tres entregas, Confesiones de un inglés consumidor de opio (Confessions of an English Opium-Eater, 1821), su continuación, Suspiria de profundis (1845) y Apuntes autobiográficos (1853). Hijo de un rico comerciante, recibió
una educación esmeradísima
con preceptores particulares
y en los colegios de Bath, Winkfield y Mánchester...
El estilo de Thomas de Quincey es originalísimo para la época; su fantasía subvertía sistemáticamente la lógica y el buen sentido burgués británico.
Buscó en las drogas un escape al aburrimiento de una inteligencia superdotada (entonces se llamaba láudano,
era barato y se compraba libremente en las farmacias). Se hizo adicto al opio en 1804 cuando estudiaba en el Worcester
College (Oxford); primero
lo usó para remediar los dolores agudos de una neuralgia
que padecía, después fue incrementando progresivamente
la dosis. Eventualmente,
claro, fue víctima de su adicción (como siempre pasa con todas las adicciones)
y le costó sangre dejar el hábito; sus experiencias al respecto se encuentran en Confessions of an English Opium-Eater, que apareció en London Magazine (1821).
Poseyó, además de una gran cultura de fundamento
grecolatino, una sensibilidad
artística aguda y se mostró como un hábil crítico no sólo literario, sino de la sociedad inglesa en general. Fue inmenso su influjo sobre
Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire y la estética del Decadentismo en general... A pesar de que escribió mucho, sólo publicó unos pocos libros
(bueno, si 23 son pocos) y tuvo que batallar con constantes
dificultades financieras
pues pronto dilapidó la fortuna que había heredado. La mayoría de su obra se dispersó
por los periódicos donde
trabajó... En 1817 se casó con Margaret Simpson, con la que ya había tenido un hijo, y de la que tendría después otros siete. Empezó a ganarse la vida como periodista y fue asignado como editor de un periódico local conservador, The Westmoreland Gazette. Durante los 30 años siguientes
mantuvo a su familia gracias a cuentos, artículos y críticas, principalmente en Edimburgo.
En 1820 se trasladó a Londres, donde contribuyó al London Magazine y Blackwoods
y escribió su famosísimo
libro de memorias, Confesiones de un comedor de opio inglés (1821), una apasionante
descripción de su infancia y su propia batalla contra el demonio del opio. Vivió en Edimburgo durante doce años (1828-1840). Durante
los años 1841 y 1843, se ocultó de sus acreedores en Glasgow..."
PROPUESTA
Sobre este mismo tema de las adicciones, mi paisano José Leonides Alfaro Bedoy me cuenta que ha inscrito en Ideas México, con el número 88,354 y un impecable razonamiento,
su propuesta de "promover positivamente la siembra e industrialización de la adormidera y la marihuana".
¡Ay, paisano! Pides algo imposible: "poner los pies en la tierra y el cerebro a trabajar". La Buhedera ha publicado
a lo largo de 20 años, por docenas, variantes de esta idea (la única opción sensata
que existe)... y nadie hace caso. Por un lado, los dueños del business se niegan a formalizar
un negociototote tan rentable (en realidad los negociotes
son dos y se toman juntos:
el narcotráfico y el combate
al narcotráfico: vender armas a ambos bandos, ¡qué chulada, apá!). Por el otro, las "buenas conciencias" hacen el papel que les toca de tontos útiles e insisten en confundir "despenalizar-reglamentar-legalizar" con "aprobar-bendecir-
promover" y hacen la idiota comparación de que, como el robo y el aborto son inacabables, habría que legalizarlos
también (a estos tontos
útiles se les ha explicado una y mil veces que no son fenónmenos
ni remedios comparables,
pero no hay modo de que distinción tan sencilla les entre en la cabeza). A ver cuándo llega (if) la formalización
de DrogaMex y sus filiales MotaMex, CocaMex y demás (opción estatista), o de la trasnacional NarcoGlobo
que hoy opera (opción capitalista).