Decálogo sexual
16 noviembre 2011
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FIFA
Mi amiga la feminista me manda con absoluta perversidad este decálogo, como explicación de por qué la mayoría de hombres somos tan malos en la actividad horizontal (me incluye y conste que me acusa al puro tanteo): "¿Quién es bueno para el sexo? Hay que decirlo sin rodeos: son muy pocos los hombres que salen bien librados de la cama, y no porque lo tengan grande, pequeño o mediano, un punto que tanto suele preocuparles. O porque sean eficientes maquinitas que siempre están dispuestas, listas, en su punto. ¡No! Hay sutilezas vitales que poco o nada tienen que ver con el buen desempeño físico y que son claves a la hora de juzgar qué tan buenos son para el sexo. Estas son:1. Todo entra por los ojos: Las mujeres, como los hombres, entran por los ojos. Y en ese primer juicio la vanidad masculina es fundamental. Un hombre gordo, que no se cuide, que tenga los zapatos sucios (¡no se imaginan cuánto se fijan las mujeres en los zapatos!), que use tanga narigona de colores... ¡Qué horror! El que huela bien, se afeite, se vista con gusto, use boxers (se admiten calzoncillos jockey blancos), ande con las uñas limpias y cuidadas, empieza la seducción con el pie derecho.
2. Besos, más besos: Por favor hombres, demórense todo lo que quieran besando a las mujeres. Ellas extrañan (¡de verdad!) esos besos de adolescencia frente a la puerta de la casa. Extrañan los vidrios empañados por tanto besar. Extrañan el mirarse a los ojos mientras les besan en el cuello, la boca, las orejas (bueno, con algunas excepciones). El que sabe besar y sabe bailar llegará bien a su meta.
3. Tómense su tiempo, por favor: Los hombres máquina, tipo taladro, frenéticos y animalescos, que sólo demoran los siete minutos reglamentarios para llegar al orgasmo (hemos cronometrado, sí señores), suelen ser catalogados de sosos, egoístas, aburridos y díscolos. Háganlas desear. ¡No lo den todo tan rápido! Que ellas vean estrellas antes del taladro, por favor.
4. Variedad: La posición del misionero no está mal, pero para ellas suele ser interesante (por eso de los estímulos entre los pliegues femeninos) estar encima o agarradas a ustedes como si fueran el tronco de un árbol.
¡Variedad, señores! Déjenlas de tanto en tanto tomar la iniciativa en posiciones más interesantes.
5. Pocas preguntas: ¿Celos añejos? Vaya uno a saber. Pero el hombre que en pleno acto pregunta: ¿Dónde aprendiste, quién te enseñó, por qué tan enteradita, cuántos tienes en tu lista? ¡Mata todo! El pasado es pasado. Nada de indagar sobre el cómo se aprendió.
6. Atención a las manos: Acaricien, no amasen. No sean tan rápidos con las manos. No sean tan genitalistas. Utilícenlas para una caricia en el cuello, en la mejilla, en el pelo, en los pies. Y cuando lleguen a la intimidad, ya saben: no se trata de amasar.
7. Dejen actuar: Si nos compramos un brasier sexy, no lo arranquen, disfrútenlo. Si encendemos chimenea, compramos vino, calentamos el jacuzzi y los recibimos desnudas, sean lentos con el romanticismo. ¡No sean tan rápidos!
8. Palabras: Todas las mujeres coinciden en que el clítoris está en las orejas. Que les digan que les gustan, que son bellas, que están excitados, que les fascinan, que las quieren (¡cómo nos gusta que nos digan que nos quieren!). Ojo con volverse mandones: 'hazme esto, hazlo así, quiero esto, etc.' Hay que saber decirlo.
9. Dos seguidos, no. Calidad en vez de cantidad. Una vez se acaba, un vinito, una charla, unos besitos. El que vuelve y ataca, ¡uf! A veces es pesadilla. (Bueno, esto lo dejamos para consideración de cada quien, ¿verdad? En gustos...)
10. Adiós ronquidos: Por muy bueno que sea en la cama, el que acaba y se duerme de inmediato es, en vocabulario femenino, un perfecto imbécil. Así que a mantenerse despiertos una horita por lo menos...
Placeres conyugales
Al calor de una intensa discusión con su marido, la mujer estalla y le grita: "¡Mejor me habría ido si me hubiera casado con el diablo!" "No habrías podido, cariño, el matrimonio entre parientes cercanos está prohibido".