Desburocratizar la Iglesia
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Sugey Estrada/Hugo Gómez
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Twitter: @rodolfodiazf
El carisma, cercanía y trato cordial que dispensa el Papa Francisco a todas las personas, privilegiando a niños, enfermos y adultos mayores, brinda un renovado vigor a la Iglesia.
La comunidad de los seguidores de Jesús no se ha caracterizado -en ocasiones- por su jovialidad, servicio, entusiasmo y alegría. Hay veces que en lugar de atraer y reunir, ahuyenta y dispersa.
Por eso, Bergoglio recordó a los obispos de Estados Unidos cuál debe ser su servicio como pastores. "Somos obispos de la Iglesia, pastores constituidos por Dios para apacentar su grey. Nuestra mayor alegría es ser pastores, y nada más que pastores, con un corazón indiviso y una entrega personal irreversible", afirmó.
"La esencia de nuestra identidad se ha de buscar en la oración asidua, en la predicación y el apacentar". No apacentarse a sí mismos, sino saber retroceder, abajarse, descentrarse... vigilar sin descanso.
"No mirar hacia abajo, a la propia autoreferencialidad, sino siempre hacia el horizonte de Dios, que va más allá de lo que somos capaces de prever o planificar. Vigilar también sobre nosotros mismos, para alejar la tentación del narcisismo, que ciega los ojos del pastor, hace irreconocible su voz y su gesto estéril.
"Sean pastores cercanos a la gente, pastores próximos y servidores. Esta cercanía ha de expresarse de modo especial con sus sacerdotes. Acompáñenles para que sirvan a Cristo con un corazón indiviso, porque sólo la plenitud llena a los ministros de Cristo. Les ruego, por tanto, que no dejen que se contenten de medias tintas. Cuiden sus fuentes espirituales para que no caigan en la tentación de convertirse en notarios y burócratas, sino que sean expresión de la maternidad de la Iglesia que engendra y hace crecer a sus hijos".
¿Sirvo con generosidad y alegría? ¿Tengo corazón de burócrata?