El arte de perdonar
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A finales del año pasado conocí a una mujer singular. Kahuna es la guardiana del altar de Makali'i y portavoz de Lono, deidad hawaiana de la abundancia y la paz. Parece que viste con bolsas plásticas de colores, y se comporta con el orgullo de alguien a cuyas espaldas se ríen.
Sana. Es una artista de los espíritus, llama de la bondad, dueña del perdón. Practica, con el canto y la introspección, el singular arte del Ho'oponopono, y aunque la conocí fugazmente y hace tiempo, he entendido de súbito la fuerza de su mensaje.
Kahuna en realidad no es su nombre. Significa que es descendiente de los dioses, que es una sacerdotisa de poderes innatos cuyos ancestros sufrieron persecución y olvido. No es menor que la fuerza de su poder curativo radique en su capacidad para perdonar.
Siguiendo prácticas ancestrales hawaianas y de las islas polinesias, ningún daño es producto de un individuo, sino siempre de una colectividad. Por lo tanto, toda la comunidad debe, activamente, restaurar el daño. Para ello, deben reconocer que ellos también son responsables y deben perdonarse la situación en la que viven.
Es fácil enredar ideologías y pensar en karma aquí. Si A daña a B, no sólo A desvía su propio karma hacia un mal posterior, sino que en ese momento, fue el karma de B. Para que B perdone completamente a A, es necesario que reconozca en sí mismo la razón de la ofensa, y que se perdone a sí mismo y se ame.
Creer en las enseñanzas del Ho'oponopono significa renunciar a la culpa ajena, a la desviación de la responsabilidad, y por lo tanto llevar la carga absoluta de nuestra propia miseria. Es, cuando menos, una tarea abrumadora. Hay, sin embargo, una ventaja atractiva. No sólo yo soy responsable de mi mejoría, ella puede venir de alguien que esté a mi lado, en tanto esa persona haga conciencia de que mi pesar también es el suyo.
El Ho'oponopono embona con uno de los fundamentos que la neuropsicología está al borde de admitir: que la evolución nos ha diseñado no sólo para vivir en comunidad, sino para requerir de los demás para alcanzar la homeostasis. Nuestras emociones son gritos de ayuda para la intervención del entorno (de los que están en nuestro entorno) para sanarnos con un abrazo o haciéndose a un ladoy si asumimos la urgencia de ayudar al prójimo, si extendemos más allá de las madres la entrega por otro ser humano, tendremos un mundo mejor.
Haz bien y te irá bien, dice la ley del karma. Si te va mal, es porque no te has perdonado, predica la filosofía hawaiana; pero aún más importante, dice que perdonar no está emparentado con mis culpas -ese concepto grecolatino de la autocensura- sino con todo a mi alrededor, no importa quién lo haya causado.
Bajo la lógica del Ho'oponopono, sí tenemos a los gobernantes que nos merecemos.
jevalades @gmail.com