El burro y la avestruz
07 agosto 2006
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Lo importante, para mañanaEs un cliché muy descriptivo el representar al mexicano como un campesino, con sombrero, dormido, reclinado en un cactus, con un burro al lado. Supongo que hasta insultante se sienta el verse así ante los ojos de los demás. ¿Es cierta esa imagen? En buena parte y hay un ejemplo muy actual que lo muestra, aunque no exactamente así.
Sería más exacta la imagen de un político peleándose con otro por subirse al burro mientras en otras partes las personas están subiéndose a coches de ocho cilindros. Me refiero a la incapacidad de aceptar que existen prioridades y que hay cosas que deben hacerse, ya. Están como ensimismados sin ver más allá del único problema que entienden, el de llegar al poder. No reconocen cuál es el real problema mexicano.
Ese problema es el de la falta de avance y de bajo ritmo de logro de prosperidad. Y nuestra clase política, con algunas excepciones, pocas por lo visto, no lo comprende. Fox no lo comprendió y desaprovechó la oportunidad de oro durante su sexenio al creer que seguía en campaña electoral. El PRI creyó que oponiéndose a todo haría quedar mal al gobierno de Fox y que eso le ayudaría a recuperar su primer lugar... se fue el tercero. Y el PRD mantuvo su ceguera económica quedándose en los años 60, queriendo regresar al pasado.
Y ahora, estamos metidos en una discusión barroca generada por uno de los candidatos que se niega a perder y lanza a sus agremiados a la calle, deteniendo al país. Mientras eso sucede en estas latitudes, China sigue reformándose y creciendo... India sigue con sus reformas y creciendo. Irlanda, Estonia, Singapur han hecho reformas y caminan rápido. México, gracias a su clase política, no va a lado alguno. Nos quedamos discutiendo mientras el resto corre.
Ése es problema y no otro. La cosa empeora porque a los cambios se oponen todos los que se benefician del quedarnos quietos: sindicatos que no abandonan sus privilegios, empresas que gozan de protección estatal, intelectuales que no piensan, partidos que no quieren reformas, políticos que luchan por el imponer sus proyectos. Estamos realmente empantanados y sin movernos. Esto causará pobreza y de eso no se dan cuenta muchos. Lo que nos urgen son cambios, cambios en serio, cambios hacia la apertura económica interna que eleven la competitividad.
Pongo un ejemplo de mal análisis de nuestra economía, el usado por el PRD. Según ellos, la historia económica mexicana reciente se divide en tres periodos. El desarrollo estabilizador, 50-70, con crecimiento alto. El desarrollo compartido, 70-80, con crecimiento económico y crisis. El dominio de los tecnócratas, 80 en adelante, con muy poco crecimiento. Consecuentemente, piensan que debe retornarse al medidas de crecimiento y ésas no son las de la apertura económica.
Es un análisis fallido. El desarrollo estabilizador fue un fracaso en sus últimos años, produjo empresas artificiales, descuidó al campo y no era sustentable. El desarrollo compartido o populismo fue un fracaso, con crecimiento artificial y crisis. Atacar a la apertura a partir de los 80 es una trampa, pues no considera la solución de la crisis en esa década y a un presidente no que detuvo la inflación, al contrario. De la Madrid tiene de neoliberal lo que yo de sueco.
De mediados de los 90 a mediados de esta década, sí creció el ingreso mexicano, un 40 por ciento y las regiones conectadas con el libre comercio crecen más que el resto. La tarea que nos queda es profundizar la liberalización económica, con los cambios necesarios en, por ejemplo, telecomunicaciones, para reducir precios. Telmex, al igual que el IMSS, deben desregularizarse. Pemex y la CFE también.
Pero mientras eso es lo que se necesita, nuestra clase política está enfrascada en la lucha por el poder. Quizá no se nos deba representar como ese campesino dormido reclinado en un cactus y el sombrero sobre la cara. Más bien somos como una avestruz que entierra la cabeza en la tierra para negarse a ver la realidad de un mundo que corre mientras nosotros tenemos como gran tema nacional a los carteles de los intelectuales que apoyan al PRD.
Es realmente un drama nacional que muestra lo pequeña y necia que es nuestra clase política. Y perezosa además.
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