El cebo del pescador
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Sugey Estrada/Hugo Gómez
Los primeros discípulos que llamó Jesús fueron sencillos pescadores que estaban, unos echando las redes en el mar (Pedro y Andrés), y otros remendándolas (Santiago y Juan).
Para "engancharlos", Jesús se valió de una única promesa: síganme y los haré pescadores de hombres.
A estos hombres curtidos por el sol y sazonados por la sal no los convenció con grandes argumentos ni sofisticados discursos, les dijo que iban a seguir siendo pescadores, pero que capturarían un producto diferente.
Estos discípulos ya eran diestros en el arte de pescar peces, pero no hombres. ¿Cuál sería la diferencia? ¿Qué cebo o carnada tendrían que usar?
"Yo iba a pescar al estado de Maine todos los veranos. Personalmente, me gustan sobremanera las fresas con crema; pero por alguna razón misteriosa los peces prefieren las lombrices. Por eso, como cuando voy de pesca no pienso en lo que me gusta a mí, sino en lo que prefieren los peces, no cebo el anzuelo con fresas y crema. En cambio, balanceo una lombriz o saltamontes frente al pez y le digo: '¿Te gustaría comer esto?'
"¿Por qué no proceder con igual sentido común cuando se pesca a la gente?", preguntó Dale Carnegie en su libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas.
"Así procedía Lloyd George", prosiguió, "Primer Ministro inglés durante la Primera Guerra Mundial. Cuando alguien le preguntó cómo había conseguido continuar en el poder después de que todos los demás jefes de la guerra -Wilson, Orlando, Clemenceau- habían desaparecido en el olvido, respondió que si se podía atribuir su permanencia en la cumbre a alguna cosa, era probablemente al hecho de que había aprendido que era necesario poner en el anzuelo el cebo capaz de satisfacer al pez".
¿Qué cebo uso para atraer a la gente?
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