El chile de la salud

Gabriela Soto
06 febrero 2015

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Con 10 mil años de historia en Centro­américa, el chile es el sine qua non de la comida mexicana, digan lo que digan los chinos que como las vírgenes de la Basílica, son los principales productores de chile a nivel mundial. Se le llama chi­lli por el náhuatl y ají por el taíno haxi. En las regiones nordandinas se le llamó uc­hú, pero el chile se impone por popularidad y derecho de antigüedad.
En España recibe dos nombres adicionales, guin­da, por una familiaridad aparente con los frutos del guindo cerezas aunque también se llama guinda a la planta del chilpetín, y pimiento, porque Colón, todavía distraído con el te­ma de la llegada a la India, pensó que se había encon­trado un tipo de pimienta. Derivado de pimianta, se le llama pepper en inglés y peperoni en alemán. El gas pimienta, por ende, no tiene nada que ver con la pimien­ta, sino con la capsaicina, el químico que vuelve pican­tes a los chiles.
Con el chile, los mexi­canos prolongamos la ven­ganza de Moctezuma, pero también nos mantenemos vivos. Adelbert Nelissen, experto en nutrición, decía que los mexicanos segui­mos vivos gracias al chile, que nos protege de diversas formas de la contaminación y nuestra agresiva y desnu­trida forma de comer (sin demeritar los malos hábitos ajenos). El chile es analgési­co, anestésico, tonificante, antibiótico, laxante, nutri­tivo, exfoliante, anticance­rígeno, antiacídico y esti­mulante. Un tío mío dice que un chile habanero en ayunas ha sido su antídoto contra los doctores desde hace años. Debe ser de gran ayuda para elevar el consu­mo nacional de chile, que se calcula en 4 kilos y medio per cápita al año.
Pocos saben que el chile no da gastritis, sino que de hecho reduce el riesgo. No daña la mucosa estomacal, aunque ¡ay! de comer chile si está dañada. Es rico en vitamina C, necesaria para el colágeno, y vitamina A, que aumenta las defensas. La capsaicina crea una cascada de producción de endorfinas que conducen a leves esta­dos de euforia y reducen la percepción del dolor. Quizás de ahí derive la alegría es­pontánea y la paciencia zen del mexicano.
Además, tiene antibióti­cos y otras sustancias que preservan los alimentos y mantienen sana la flora bac­teriana. Estimula el aparato digestivo (cuidado con el chile en una diarrea), la ex­creción de mucosas, abre los poros y es diurético, lo que quiere decir que saca toxinas por todo hoyo posible. Es la planta con mayor concen­tración de ácido ascórbico que se conoce, un poderoso antioxidante que redobla su poder de desintoxicación. Los mexicanos, que somos machos orgullosos, nega­mos siempre que un chile nos pique, pero el sudor y los mocos nos delatan.
El chile también es anes­tésico. Hay cremas con base de capsaicina que alargan la erección y "duermen" la sensación de placer (y de pa­so, mata las células que pro­ducen cáncer de próstata), pero también es un remedio casero contra el dolor y la comezón en heridas y pica­duras. De hecho, la fuerza se­dante del chile es tan rápida que deja de picar mientras lo vamos comiendo.
Hay estudios prometedo­res del uso del chile contra artritis y psoriasis que tie­nen temas con la tonificación vascular de la dermis. El chile correcto da el toque de perfección a cualquier plato. Después de la sal, ninguna especia ha mejorado tanto la gastronomía mundial (y empeorado tanto nuestro vocabulario) como las más de 70 variedades de chile conocidas.
Es por eso que hoy y aho­ra, propongo la creación del día Mundial del Chile, que podría coincidir con el 18 de septiembre, fecha en que se independiza el País que lleva al chile por nombre.
jevalades@gmail.com