El Papa esperaba una recepción sencilla y nada más. Se llevó la sorpresa de un pueblo que se volcó en las calles y durante su trayecto de la Ciudad de México a Puebla, gritando: '¡Viva el Papa!'.

08 abril 2005

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NETZAHUALCÓYOTLCEBALLOS / BELIZARIO REYES / SHEILA ARIAS

Trascedencia del pontificado de Su Santidad Juan Pablo II El 2 de abril de este año, un comunicado del Vaticano anunciaba al mundo: "Esta noche, el Papa Juan Pablo II fue convocado a la presencia de Dios Padre, luego de 26 años, 5 meses y 17 días de pontificado. "El Vaticano anunció que el Pontífice expiró hace unos minutos, a las 21:37 del día 2 de abril en Roma". La noticia conmocionó al mundo, a pesar de que la ya muy precaria salud del Papa, cuando menos en los dos últimos años, hacía previsible el desencadenamiento de un cuadro que le llevaría a la muerte. Sin embargo, el Papa había afrontado con tal actitud su enfermedad, que comunicó a la sociedad un convencimiento de que aún podría permanecer en el puesto por más tiempo. En los últimos años, en la medida en que la salud del Papa se veía afectada, crecía una presión surgida desde dentro de la Iglesia y desde fuera, en el sentido de que el Papa debería renunciar. Hubo una campaña mediática en la que se presentaron mil y un argumentos sobre el tema, pero el Papa Juan Pablo II repitió en diversas ocasiones que no contemplaba la perspectiva de una renuncia. Ante la petición de varias personas que le pedían renunciara por su propia salud, en Polonia, el Pontífice respondió con una frase de gran contenido místico: "No me bajen de mi Cruz", con lo que Su Santidad enviaba, a los católicos y al mundo en general, un mensaje de testimonio cristiano muy profundo. Durante este viaje a Polonia, algunos medios informativos del mundo occidental mantuvieron una actitud agresiva y en algunos casos, de burla, respecto de los problemas que el Papa tenía para desempeñar su labor. La figura de Juan Pablo II surgió en un escenario que resultaba pesimista. El pontificado de Paulo VI llegó a su fin en un momento en el cual no se había resuelto la Guerra Fría. Existía una persecución en contra de las religiones, localizada en el mundo comunista. En Polonia había una confrontación entre los grupos que buscaban abrir espacios de participación a quienes no eran miembros del Partido Comunista y el aparato de éste, encabezado por el General Jeruzelsky, quien impuso un régimen militar que no daba espacios para la participación. En medio de estas luchas, en las que el Cardenal Wyszinsky adoptó posiciones que no fueron bien comprendidas por el mundo, que no se daba cuenta de que la Iglesia ganaba más con posiciones como las de Wyszinsky que teniéndolo en la cárcel. El prelado había creado una corriente de resistencia frente al proyecto comunista, que se expresó en una serie de manifestaciones religiosas; entre ellas, el famoso incidente de la iglesia de Nova Hutta. Nova Hutta es una pequeña ciudad construida por los comunistas con la idea de señalar cuál era el modelo que los comunistas querían de ciudad; de la misma manera que Denver es el modelo que el capitalismo quería. En Nova Hutta, ciudad construida por obreros para obreros del mundo comunista, no hay iglesias. Era el mensaje que el comunismo enviaba a una sociedad eminentemente católica como la polaca, en el sentido de que en el futuro, todas las ciudades se caracterizarían por no tener iglesias. Frente a este hecho, Wyszinsky hizo el llamado para que los obreros construyeran una iglesia, respaldado por el obispo Wojtyla, que apoya el proyecto y celebra la primera misa de la ciudad modelo del mundo comunista, desafiándolo, y poniéndolo en una situación comprometida. Jeruzelsky, enojado por una parte y preocupado por otra, escribe a uno de sus compañeros del Partido, preguntándole qué se podía hacer con gente como Wojtyla, que se mantenía dentro del marco de su ministerio, pues había celebrado una misa sin convertirla en una manifestación anticomunista. El haber convocado a un mitin de este tipo lo habría colocado en la posición de un agitador, que ponía en riesgo la estabilidad; pero un sacerdote que celebraba su misa dentro de una iglesia no podía ser acusado de cometer un delito, a no ser que el gobierno comunista regresara a los planteamientos jacobinos que ya habían demostrado no funcionar. Jeruzelsky descubrió lo que el propio Wyszinsky señalaría: que la estrategia de la Iglesia era más seria, sólida y con más arraigo que la que los comunistas podían implementar. Debemos recordar que en Polonia, el comunismo había intentado la creación de una corriente católica controlada por el Partido Comunista, el Movimiento Pax, encomendado a Boleslaw Piasecki, antiguo dirigente de la Falange Polaca, vertiente que en ese país intentó copiar el movimiento de José Antonio Primo de Rivera. Entre los personajes que estuvieron en Pax se ubica el cercano colaborador de Lech Walesa, Mazowiecky. Al leer su biografía, escrita antes de los cambios, no queda duda de que se trataba de un activista católico, que había encontrado en el Movimiento Pax la grieta a través de la cual penetrar lo que parecía un muro indestructible del marxismo en Polonia. El Movimiento de Solidaridad comenzó a influir en los espacios que los comunistas habían abierto con otro fin. La figura de Juan Pablo II ´embonó´ ahí, convirtiéndose en un factor importantísimo para comenzar a arrastrar a los jóvenes detrás de una visión de la sociedad que iba a marcar una transformación definitiva. Al momento de morir Paulo VI, la figura del Cardenal Wojtyla, recientemente nombrado, decía poco en el mundo occidental, tan fue así que, al resultar electo, estudiantes universitarios decían que el nuevo Papa era ruso o africano. El libro El último Cónclave de Malachi Martin, ex jesuita y ex exorcista del Vaticano, personaje de una vida un poco turbulenta, que se había alejado de la Iglesia, con esta obra hacía un intento de un nuevo acercamiento; explica qué iba a pasar en el cónclave que elige al sucesor de Paulo VI. Malachi Martin llega a la conclusión de que uno de los candidatos es Wojtyla; pero fuera de esta referencia, no había más, además de haber patrocinado en Cracovia la representación de la obra Jesucristo Superestrella. En aquella época, este hecho me escandalizó, aunque después me he enterado que varios de mis alumnos se acercaron a la Iglesia por esta obra. En un mundo donde todo era cerrarle la puerta a la fe, una representación semejante era como rasgar un poco la cortina de hierro que pretendía impedir que la gente viera algo distinto a lo que presentaban los comunistas. Se podía palpar la incertidumbre: ¿por qué se había nombrado a un "cura de aldea" para gobernar la Iglesia Universal? La sorpresa de todos fue el comportamiento de este "cura de aldea", cuya primera presentación ante los fieles fue decir "No tengáis miedo"; era un llamado a ser firmes en la fe, para enfrentar un mundo complicado, con una visión de amor, comprensión y evangelización. El pontificado de Juan Pablo II se inicia con la visita a México. Paulo VI se había comprometido a inaugurar la Conferencia del Episcopado Latinoamericano que se celebraría en Puebla en enero de 1979; su muerte había generado la incertidumbre sobre si el nuevo Pontífice acudiría al evento o no estaría de acuerdo en que los Papas siguieran trasponiendo los límites del Vaticano. Debemos recordar que Pío IX declaró que el Papa era prisionero del Vaticano y Paulo VI se había atrevido a romper esta visión, viajando a Tierra Santa, a la inauguración del CELAM en Medellín, Colombia, y a la ONU. Muerto Paulo VI, la pregunta era si el nuevo Papa asistiría a la CELAM. Recién electo como Sumo Pontífice, Juan Pablo II manifiesta su decisión de ir a Puebla en enero de 1979. Juan Pablo II, en varios de los textos que él publica dice que su visita a Puebla fue su "camino de Damasco". Señala haber descubierto cuál debería ser la línea pastoral de su pontificado. Cuando en enero de 1979, con una explosión de fervor popular, el Papa fue recibido en la Ciudad de México de manera apoteósica. Tenía un enorme interés por visitar la Basílica de Guadalupe pues desde muy niño había tenido siempre la ilusión de conocer a la Virgen Morena. Sin embargo, tenía la información de que México era un país gobernado por jacobinos, donde la Masonería sustenta un poder dominante; una situación donde la Iglesia prácticamente no tiene derechos, donde los sacerdotes no pueden usar sus hábitos ni las religiosas salir de hábito a la calle; donde la educación católica pende de un hilo porque en el momento en que el gobierno quiera aplicar la Constitución, esa enseñanza se acabaría. El Papa esperaba una recepción sencilla y nada más. Se llevó la sorpresa de un pueblo que se volcó en las calles y durante su trayecto de la Ciudad de México a Puebla, gritando: "¡Viva el Papa!". Esto quería decir que los años de enseñanza jacobina no producían en la sociedad los resultados que los gobiernos jacobinos habían supuesto y, contrariamente, había una hoguera de aceptación de las ideas religiosas. Así surge en Juan Pablo II la idea de ir a todas partes durante su pontificado para promover la fe, en la que la gente pierda el temor a reconocer quién es. Cuando la gente grita "¡Viva el Papa!" se compromete, y el Papa lo sabe. Su pontificado está marcado por la casi interminable sucesión de viajes. Al momento de su muerte, Juan Pablo II ya tenía programado un viaje a Colonia, Alemania. Morris West, en cierta forma había anticipado la llegada de un Papa de Europa Oriental, en su libro Las sandalias del Pescador, en donde un ucraniano llega al trono pontificio con el nombre de Cirilo I, hombre a quien deben sacar de las minas en Siberia para ir al cónclave. Morris West había escrito esto con la idea de que un hombre que hubiese vivido en el mundo comunista estaría más dispuesto a transigir con esta doctrina, se encuentra con Juan Pablo II quien, como una de las líneas de su pontificado, busca alianzas estratégicas que darían como resultado el colapso del mundo comunista. Cuando Mihail Gorbachov se refirió al Papa como ´el detonador de los cambios en el mundo comunista´, término que no agradó a Su Santidad, pero que era muy gráfico para significar lo ocurrido, reconoció que el Papa había tenido frente al comunismo una postura perfectamente definida, que en ningún momento buscó la confrontación, sino la solución al problema. A Morris West esto no le gustó, y en uno de sus libros posteriores, haciendo referencia al personaje de Cirilo I, dice ´se nos volvió loco y un viajero compulsivo´. No todos aprecian la labor del Papa. Leonardo Boff, el 5 de abril, hizo una crítica feroz del Sumo Pontífice. Asimismo, la revista Proceso en su más reciente número publica un artículo de Hans Kung, uno de los teólogos más descalificados, quiena su vez descalifica al Papa, pero la revista lo presenta como uno de los teólogos fundamentales en el mundo religioso. El Papa Juan Pablo II, además de los viajes como una acción pastoral, hace una revisión doctrinaria profunda, que se va expresando en una larga serie de encíclicas en las que aborda los temas capitales del mundo católico. Causa extrañeza, y si no fuera tan serio, causaría risa, el oir comentarios tan superficiales y poco sensatos, particularmente de los grupos liberales, que quieren darle instrucciones a la Iglesia y al Papa de cómo deben funcionar; la gente que no tiene fe le dice a la que sí la tiene, cómo debe manifestarla y comportarse. Entonces viene los argumentos que señalan que la obra que el Papa produjo en el orden doctrinario debe ser desechada porque no resolvió lo que debería haber arreglado: el divorcio, el matrimonio entre homosexuales, etc. Se les olvida que, en las religiones (y no sólo el catolicismo), hay un núcleo doctrinario que define si se pertenece a una u otra. A nadie se le puede obligar a creer, pero si me declaro creyente, estoy sujeto a la normativa que se deriva de ese núcleo fundamental de principios y verdades que me permiten decir si soy de una u otra religión. Nadie que no sea creyente tiene derecho de involucrarse en mi forma de creer. ¿Qué dirían los liberales si los católicos les dijeran "a partir de mañana tú debes cambiar tus actitudes"? se "tirarían al piso" y dirían "volvemos al tiempo de la intolerancia". Se han publicado diferentes artículos que señalan que el nuevo Pontífice tendrá que cambiar. ¿Quiénes son ellos para decir a la Iglesia lo que tiene que hacerse? Están en su legítimo derecho de no creer, pero invaden mis derechos cuando tratan de decirme cómo creer. El núcleo de verdades que conforman la fe de cualquier creencia religiosa es innegociable. ¿Por qué los grupos feministas, que en este momento encabezan una protesta porque Juan Pablo II no aceptó las sacerdotisas, no hacen algo igual con el Dalai Lama para exigir que el próximo Dalai Lama sea mujer? La religión establece una serie de bases doctrinarias que se pueden o no aceptar y ser consecuentes con ello. En este sentido, Juan Pablo II hizo una revisión desde una perspectiva novedosa y que trata de entender y asimilar el mundo en el que vivimos. Nos ha planteado la lucha que se da entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte. De este modo, una buena parte de la reflexión pontificia está en el sentido de precisar cuáles son las características de la cultura de la vida y cuáles de la cultura de la muerte, dejando a las personas los argumentos para que, de manera libre, decidan si quieren la vida o la muerte. Juan Pablo II estableció, como uno de los propósitos fundamentales en su política pastoral, la evangelización de la cultura. Este fue el eje en torno al cual gira el cambio para el nuevo mundo que surgirá ante el derrumbe de la Modernidad. Pontífice de su tiempo, entiende de manera completa este hecho y el surgimiento de la post modernidad. Se dio cuenta que el derrumbe de la Modernidad significó la liquidación del conflicto de la Guerra Fría, aunque al mismo tiempo, surgió una amenaza en la aparición de lo que hoy se denomina la "corriente de pensamiento único" o una interpretación de la Globalización a partir del capitalismo salvaje. Juan Pablo II se define perfectamente frente a la Globalización, señalando que es ilegítimo descalificarla y al mismo tiempo, señalándole a los cristianos en el mundo, y a todos los hombres de buena fe, que deben hacer un ejercicio de discernimiento para poder conocer con precisión lo que es aprovechable de la Globalización y lo que no lo es. Su Santidad fue un entusiasta de la unidad religiosa. Realizó grandes esfuerzos por lograr un acercamiento entre las diversas denominaciones del mundo cristiano; en primer lugar, con las llamadas Iglesias Históricas: luteranos, anglicanos, calvinistas y ortodoxos, con los cuales hace relaciones y en una visión más ecuménica, invita a todos los hombres de fe a rezar en Asís. El Papa hizo un reconocimiento público de los errores en los que la Iglesia incurrió y que causaron daño a otros. Muchos dicen que es pedir perdón demasiado tarde, aunque pienso que nunca es tarde para hacerlo. El Papa se da cuenta de que los grandes cambios se producirán en el Tercer Milenio Adveniente; escribe un documento en el que dice cómo estamos llegando al final de un milenio y al inicio de otro; lo que coincide con el final de una época y el principio de otra; el final de una cuenca comercial y el inicio de una nueva; fenómenos de una gran complejidad que no se puede imaginar si no se estudia con detenimiento. Su Santidad se adentra en estos temas; en su documento "Tercer Milenio Adveniente" nos dice cómo tenemos que incorporarnos a la construcción de este nuevo mundo y cuál debe ser nuestra actitud frente al pasado. Juan Pablo II es contrario al cobro de cuentas del pasado. Pide a Lech Walesa la destrucción de los expedientes de la KGB para no iniciar una persecución que llevaría nuevamente a Polonia a la guerra civil y el derramamiento de sangre. Ha sido el Papa de la reconciliación. Uno de los primeros movimientos que él impulsa en América Latina es el de las reuniones de la Teología de la Reconciliación, que planteaban claramente una fórmula propositiva que descalificaba a la Teología de la Liberación sin confrontarla; simplemente, haciendo reflexionar sobre el valor profundo de la Teología en el orden de la reconciliación de los seres humanos. Ya próximo a morir, dirige un mensaje a los jóvenes "yo he ido a vosotros, ahora venid a verme". Esto no es sólo el llamado a asistir a sus funerales. Creo que es un mensaje en el que invita a asumir un compromiso más serio y profundo. A los católicos, la fe nos da mucha tranquilidad frente a la partida de Juan Pablo II que sin duda deja un vacío pero al mismo tiempo, en su vida alcanza la plenitud de un hombre que fue el sucesor de Cristo y como tal, acabó crucificado por su enfermedad, permaneciendo así hasta su muerte. Es uno de los testimonios más impresionantes en la vida de Juan Pablo II y nos hace ver que nos encontramos ante un personaje que dejó un testimonio integral. Hay tristeza, aunque también una profunda alegría. Podemos imaginar cómo son las fiestas en el Cielo; cuando la fe es real podemos pensar en la Virgen bajando al Papa de la Cruz del dolor. ¿Qué decir en este momento? Podríamos resumirlo en una frase de San Agustín cuando se despide de su madre, que ha muerto y le dice a Dios en su oración: "No te reclamo, Señor, porque te la lleves; por el contrario, te agradezco que me la hayas prestado".