En 2000 ganó la propuesta del cambio y en 2006 las encuestas revelan que persiste nuevamente la tendencia a buscarlo, pues los avances no satisfacen a la mayoría de los mexicanos; pero este anhelado cambio no se puede hacer con los mismos persona

11 abril 2006

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Melissa Sánchez

Connotados ex priistas acaparan las candidaturas de la Coalición Por el Bien de Todos y, en algunos casos, levantan airadas protestas de los militantes perredistas que observan como les arrebatan las posiciones y el partido.
El candidato presidencial de dicha coalición, Andrés Manuel López Obrador, utilizó la estrategia de reclutar a los tricolores inconformes desde que fue presidente del Partido de la Revolución Democrática y ahora, que es el fiel de la balanza en la integración de las listas, la vuelve a implementar.
Durante su paso por la dirigencia del Partido de la Revolución Democrática, López Obrador impulsó la candidatura de Alfonso Sánchez Anaya, Leonel Cota y Ricardo Monreal a los gobiernos de Tlaxcala, Baja California Sur y Zacatecas, respectivamente, tras de que los tres fueron desplazados de la candidatura del tricolor; en los tres casos el resultado fue favorable para el partido del sol azteca y hoy piensan que se pueden repetir los resultados.
Sin embargo, en esta ocasión, incorporan en las listas a personajes con un pasado muy cuestionable, lo cual puede hacer que en lugar de atraerles votos se los reste, pues estar dispuesto a recibir indiscriminadamente a los inconformes de los partidos dominantes en cada uno de lo estados puede conducir, en muchos casos, a sumar el desprestigio que éstos acarrean.
Aunque los ex tricolores dominan las listas amarillas, en algunas entidades donde el Partido Acción Nacional tiene presencia y los integrantes de la coalición carecen de ella, también reciben jubilosamente a los blanquiazules, es decir, en su afán de buscar los votos que necesitan para asegurar el triunfo de López Obrador reciben a todos los políticos con presencia en medios, sin importar su origen o antecedentes.
Éste concretamente es el caso de Nuevo León, donde coinciden las elecciones estatales y municipales con las federales y los candidatos a dos de las principales alcaldías del área metropolitana de Monterrey (Monterrey y Guadalupe) provienen del blanquiazul.
Y aunque la coalición encabezada por el PRD es la principal receptora de los disidentes tricolores, el blanquiazul también incluye en sus listas a ex priistas. Entre los nombres destaca Rafael Moreno Valle, quien va en el segundo lugar en la fórmula poblana al Senado, y ahora le coquetea a Benjamín González Roaro, conocido elbista, que dirigía el ISSSTE hasta hace algunos días, y al que Manuel Espino llama a declinar la candidatura del Partido Nueva Alianza, para incluirlo en las listas plurinominales para Diputado federal.
La invasión priista es todavía más palpable en algunas confrontaciones locales, como en el caso del Distrito Federal, donde los candidatos de las tres principales fuerzas iniciaron sus vidas políticas en el tricolor: Demetrio Sodi, candidato del PAN, militó originalmente en el Partido Revolucionario Institucional, de donde brincó al PRD y, ahora, al ser desplazado de la candidatura a la Jefatura de Gobierno, al blanquiazul; ni que decir de Beatriz Paredes, la candidata del tricolor, que tiene una larga trayectoria en dicho partido; y Marcelo Ebrard, el candidato de la Coalición Por el Bien de Todos, hizo sus pininos en política al lado de Manuel Camacho, como regente de la ciudad capital durante el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
Pero incluso en el caso de la disputa presidencial tres de los cinco candidatos (Roberto Madrazo, Andrés Manuel López Obrador y Roberto Campa) iniciaron sus carreras políticas en el tricolor; los únicos que tienen una vida política ajena al tricolor son Felipe Calderón y Patricia Mercado.
Pero regresando al ámbito de la Coalición por el Bien de Todos, entre las candidaturas al Senado que más protestas levantan se encuentran las del chihuahuense Víctor Emilio Anchondo Paredes, ex secretario de gobierno durante el mandato del controvertido Patricio Martínez y a quien, en el mejor de los casos, le atribuyen negligencia en la solución de los feminicidios de Ciudad Juárez.
Todavía más repudiada es la de José Guadarrama Vázquez, en Hidalgo, pues en este caso sí existen evidencias de su participación contra perredistas en el pasado, incluso se le atribuyen responsabilidades en la muerte de algunos de ellos.
En el segundo lugar de la fórmula en esta entidad inscribieron a Francisco Javier Berganza, quien buscó la gubernatura bajo la divisa blanquiazul y, posteriormente, militó en el tricolor, de donde sale para aceptar esta candidatura.
Éstas son probablemente las más cuestionables por el oscuro pasado de los personajes, pero igualmente protestadas se encuentran las de Jaime Martínez Veloz, en Baja California; Raúl Sifuentes, en Coahuila; y Víctor Manuel Gandarilla Carrasco, en Sinaloa. Los tres con larga trayectoria en el PRI y que optaron por la candidatura de la coalición al verse marginados en el tricolor.
Pero éstas no son las únicas candidaturas para tricolores, al menos hay que incluir en la lista a Esteban Odón González Quiroga, en Nuevo León; Gabino Cué, en Oaxaca; Elías Dip Ramé, San Luis Potosí; Alfonso Durazo, Sonora; Arturo Núñez Jiménez, Tabasco; Alfonso Sánchez Anaya, Tlaxcala; Dante Delgado, Veracruz; y Rubén Velázquez, Chiapas.
En esta última lista destaca Arturo Núñez, que hasta hace algunos meses militaba en el tricolor, fue subsecretario de gobernación en los primeros tres años del mandato de Ernesto Zedillo y coordinador de la bancada priista en San Lázaro en la segunda mitad del mismo gobierno.
Él fue quien libró del juicio político a Roberto Madrazo, hoy candidato tricolor a la Presidencia de la República, y aseguran que a cambio del favor, éste le ofreció apoyarlo para ser candidato a la gubernatura de su estado natal, pero ante la traición finalmente optó por aceptar la oferta de López Obrador y posponer sus aspiraciones a la gubernatura hasta el 2012.
Es indudable que la fuerza de los militantes y simpatizantes de las tres fuerzas políticas que integran la coalición Por el Bien de Todos, no es suficiente para ganar la Presidencia de la República, pero los votos que hay que buscar son principalmente los de los ciudadanos no identificados con ninguno de los partidos y no los que pueden atraer los disidentes de otros partidos, pues éstos, más allá de que en algunos casos no acarrean votos sino que los restan, también portan las prácticas y costumbres antidemocráticas, o al menos, muy poco democráticas, que lamentablemente todavía rigen buena parte de la vida nacional.
En 2000 ganó la propuesta del cambio y en 2006, las encuestas revelan que persiste nuevamente la tendencia a buscarlo, pues los avances no satisfacen a la mayoría de los mexicanos; pero este anhelado cambio no se puede hacer con los mismos personajes que han gobernado al país los últimos ochenta años.