En la época actual, al igual que hace cientos de años, el hombre se mueve entre dos corrientes perfectamente definidas, una que tiene su fundamento en la fe y otra que se basa en la ciencia.
09 octubre 2004
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Se defiende titular de la Sedena en caso Tlatlaya
El dilema del hombre; la ciencia y la fe En la época actual, al igual que hace cientos de años, el hombre se mueve entre dos corrientes perfectamente definidas, una que tiene su fundamento en la fe y otra que se basa en la ciencia. Fe y ciencia, o bien ciencia y religión, son las fuerzas que han motivado las acciones del hombre, y hasta la fecha, estas dos corrientes continúan en una irreconciliable posición. El ser humano no es solamente cuerpo físico, es también, simultáneamente, mente y espíritu, lo cual, hace que en un momento dado el hombre actúe dentro de un vasto campo de la incertidumbre y del escepticismo. La fe mueve montañas, sobre todo porque responde a las necesidades del corazón (léase sentimientos), de ahí su eterna magia, en tanto que la ciencia responde a las inquietudes de la mente racional, es decir, de la inteligencia. La fe, ha sido tradicionalmente la fuente de inspiración de la religión, en tanto que el escepticismo o duda metódica lo ha sido de la ciencia; razón por la cual, en el hombre coexisten estas dos fuerzas aparentemente irreconciliables, la necesidad científica y la necesidad religiosa. Con aquélla, explica los fenómenos naturales, mientras que con la fe, todo aquello que no es admisible a la razón. Uno de los campos en los cuales se manifiesta en mayor medida esta dicotomía existencial, es en la medicina, ya que el ser humano, como paciente de una determinada enfermedad, se mueve perfectamente entre estas dos dimensiones, con su mal puesto en las manos de los médicos, cualesquiera que sea la especialidad, en tanto que con la oración a flor de piel, comunicándose con Dios como ser supremo, en acto puro de fe. En el centro de estas dos corrientes, la ciencia y la fe, ha brillado con intensa magnitud, aunque en una proporción mucho menor, una ciencia hermética, llamada también ciencia oculta o teosofía, dentro de la cual, se han distinguido seres muy especiales de la creación y que han desarrollado sus facultades al extremo tal, que se han constituido en columnas vertebrales del pensamiento milenario, y que han escrito la historia en el tiempo y el espacio. En esta corriente brillan como estrellas de primera magnitud en el cielo de las almas, Krishna, Buda, Zoroastro, Hermes, Moisés, Pitágoras y Jesucristo. Todos ellos, seres excepcionales en su vida y su obra, la que existe para la posteridad, con pruebas irrefutables ante los ojos del hombre, pues respondían a una verdad inmutable y absoluta, que la historia teológica explica como respuesta al ser supremo llamado Dios Padre. A lo largo de los siglos, estos seres iluminados han conformado legiones de seguidores, con los cuales se han formado las religiones del mundo, respondiendo con ello, a las dudas eternas del hombre. Algunos fragmentos de su pensamiento lo confirman: A. EINSTEIN: A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita. Ch. DARWIN: Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre, hayan sido frutos del azar. T. A. EDISON: Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios. Éste es el misterio de los siglos, la verdad escrita en el libro de los tiempos, en el alma de cada ser humano, en su estructura celular y genética dada por soplo divino, es la verdad inmanente e inmutable, la que está reservada sólo a Dios y a sus fieles interpretadores, los grandes iniciados que le han dado luz a nuestro siglo, en tanto que aquí, en este pequeño mundo terrenal, los hombres aún continuamos moviéndonos entre el escepticismo de la ciencia y la fe de la religión, pues no podemos llamarnos iniciados o iluminados. ¿No lo cree usted así? [JM] Desde la Universidad de San Miguel. udesm@cln.megared.net.mx