Es imposible conducir en esta ciudad sin que termines con los nervios alterados

12 diciembre 2008

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Plaza pública

Es imposible conducir en esta ciudad sin que termines con los nervios alterados. No estoy hablando solamente de la descortesía de los otros conductores, de los otros no de ti mismo desde luego, sino de la exasperante costumbre de pitar para todo.
Yo soy nervioso, mi sistema está normalmente agitado, por lo tanto cuando estoy parado antes de cruzar una bocacalle estoy desesperado porque cambie el semáforo.
Tengo el pie en el acelerador y en cuanto tengo luz verde arranco. Jugué basquetbol y practiqué box durante años y todavía hago sombra, bueno hacía, brinco cuerda, bueno brincaba, y hago abdominales y lagartijas, por ello les aseguro que todavía tengo buenos reflejos.
Sin embargo, en cada esquina el conductor de atrás de mí alcanza a sonar su claxon avisándome que cambió la luz antes de que yo reaccione. Les juro que es imposible que todos los choferes del mundo sean más ágiles que yo sin embargo parece que estoy equivocado porque todos sin excepción me pitan. Algunas veces oigo su claxon cuando ya voy a medio crucero y si volteo por el espejo retrovisor ellos ni siquiera han empezado a mover su automóvil, cómo es entonces que me pitaron.
Debe ser que el ruido nos encanta y que ningún mexicano desperdicia la oportunidad de hacer el máximo escándalo posible.
Vivo en la colonia Guadalupe. Con frecuencia cruzo la avenida Andrade bien en el crucero con Río San Lorenzo o con Río Elota. También cruzo la Obregón saliendo de la Río San Lorenzo o de la Río Quelite.
Invariablemente encuentro mal estacionados, por Andrade u Obregón, que aprovechando el espacio desocupado se pararon cerca de la esquina.
Del tamaño que sea el vehículo parado, pero especialmente si es de gran tamaño, obstruye la visión de la avenida que pretendo cruzar. Me veo obligado a sacar toda la trompa de mi auto sin ver todavía quién viene.
A la velocidad que manejan, en esta tierra linda que es mi linda nación, no expongo mi coche sino la vida misma.
No es raro que circulando por esta bella ciudad te veas imposibilitado de seguir tu camino porque hay carros parados obstruyendo el paso. Bueno, hay se va. Hay muchas calles estrechas.
Muchos conductores son tan atentos que dejan sus intermitentes encendidas para que sepas que ellos saben que están mal parados. Se bajaron solamente a comprar un periódico, una medicina o a dejar a la abuelita. Es un segundito nomás. Salvo que la dependienta no tuvo feria y la abuelita enganchó su falda en la manivela que acciona el cristal de la puerta y el momentito se volvió media hora.
Qué calles estrechas ni qué ocho cuartos. Algunos choferes pudieran competir para un record Guínness. Vaya que estacionar carros en triple fila a cada lado hasta tapar la Juan José Ríos cerca de Obregón, puede ser record o poco le falta.
Nunca he entendido a quienes se paran frente a los espacios para salida de cocheras. Comprendo que alguien de prisa tape una salida si no hay otro espacio disponible en la cuadra y visitará la casa adonde se estacionó para dejar un recado o una invitación.
Salvo que por Río Elota, donde tengo mi casa que es la suya, es frecuente que toda la cuadra esté desocupada y sin embargo hay quienes se paran en mi cochera, no de vez en vez sino siempre que me visitan. Aclaro que la entrada al jardín frente a la casa te queda más cerca estacionándote antes de la cochera, sin embargo, tengo queridos parientes, que visito con frecuencia, que no obstante que jamás he bloqueado su cochera cuando los visito, ellos siempre tapan la mía cuando vienen.
He llegado a la conclusión que no es que quieran asegurar que no me iré sin que ellos lo adviertan sino que tapan mi cochera porque quieren verme pronto con el cariño de siempre.
La otra molestia que verdaderamente me conmueve es ver botar por las ventanas de los vehículos todo lo que va sobrando a sus pasajeros.
Envases de todo tipo, latas, envolturas y empaques de papitas, elotes, envoltorios de tortas y sándwiches, servilletas, en fin.
No creo que exista una demostración más clara de que no queremos a nuestra tierra por más que le cantemos: "van en dueto tus ríos cantando una linda canción hacia el mar". Nada de que soy culichi hasta los huesos, cuando tiras basura en esta ciudad lo que eres es un marrano y nada más.