Finlandia y México

01 junio 2015

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BELIZARIO REYES /VERENICE PERAZA

La visita a México del Presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, es una buena oportunidad para hablar de este país pacífico y próspero con el cual tenemos relaciones diplomáticas desde 1936, buenas relaciones si recordamos que el gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas condenó la agresión soviética (1939-1940) contra la pequeña y valiente nación, anexada al imperio ruso de 1809 a 1917.
En la primavera de 2012, la revista de historia internacional "Istor" dedicó su número 48 enteramente a Finlandia, su historia política, el papel de la guerra en su historia desde el Siglo 16 hasta la Guerra Fría, la herencia sueca (Finlandia perteneció al reino de Suecia desde finales del Siglo 12), el sistema de seguridad social y el bienestar, la importancia de la educación desde 1850 y, finalmente, la historia finlandesa en la literatura.
En tecnologías de la información, innovación, comunicación, como en manejo de los bosques, Finlandia puede aportarnos mucho. En el marco del estado de bienestar, los sistemas de seguridad social, salud, educación son dignos de ser imitados, tan es cierta la excelencia del modelo finlandés.
Tales logros son más admirables aún si uno piensa que Finlandia sufrió grandes pruebas en el Siglo 20, la primera siendo la guerra civil (1918-1919) entre "rojos" apoyados por los bolcheviques rusos y "blancos". Esa guerra dejó profundas heridas en ambas facciones y sin embargo la sociedad civil se recuperó pronto e impuso la democracia. La segunda fue una de las trágicas consecuencias del pacto germano-soviético entre Hitler y Stalin (agosto de 1939).
Todo el mundo sabe que los dictadores se habían repartido Polonia, pero se olvida generalmente que Estonia, Letonia y Lituania quedaban en la esfera de interés de la URSS y se ignora por completo que la Finlandia neutra y miembro de la Liga de las Naciones caía en la misma zona. Moscú reclamó enseguida concesiones territoriales que Helsinki rechazó: a fines de noviembre de 1939 el Ejército Rojo pasó a la ofensiva. La Guerra de Invierno duró hasta marzo de 1940. Finlandia no recibió ninguna ayuda internacional y tuvo que firmar una dura paz, ceder la provincia de Carelia, lo que provocó el éxodo de 400 mil finlandeses. Una de las consecuencias de esta guerra en la cual el pequeño ejército finlandés resistió heroicamente, fue convencer a Hitler de la debilidad del ejército soviético. Error que pagaría caro.
Cuando Hitler atacó a la URSS, en junio de 1941, convenció a Helsinki que si se aliaba con Alemania, recuperaría el territorio perdido. Así fue, hasta el verano de 1944 y la gran ofensiva soviética. En septiembre del mismo año se firmó la paz bajo duras condiciones impuestas por Moscú, pero Finlandia conservó su independencia. Todo esto les costó mucho trabajo a los finlandeses, sin contar a los casi 100 mil soldados caídos durante la guerra. En los años peligrosos de la posguerra, el país no sufrió la suerte de Polonia o Checoslovaquia, no hubo "golpe de Helsinki", puesto que Stalin se contentó con la neutralidad de Finlandia, cuyos dirigentes se cuidaron mucho de no dar a los soviéticos ninguna excusa para intervenir.
Lo más admirable es que el retorno del país a la paz, en una situación internacional tan incierta como peligrosa, se dio en la tranquilidad total y que los problemas sociales no condujeron a cambios en el sistema político. Con razón Heikki Roiko-Jokela puede escribir en "Istor" que "Finlandia fue el único país que tras la Primera Guerra Mundial se volvió independiente y que tras la Segunda conservó su sistema democrático y republicano".
Después de la desaparición de la URSS y de la reunificación de Alemania, Finlandia pudo entrar en la Unión Europea en 1995. Antes de hacerlo, había consultado a la población que respondió afirmativamente. Admirable.

Investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu