Ha sido reiterativo el Gobierno estadounidense de casi prohibir a sus ciudadanos no visitar ciertas ciudades y estados mexicanos por los hechos violentos en ellos suscitados.

21 agosto 2012

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PREMIO

Ha sido reiterativo el Gobierno estadounidense de casi prohibir a sus ciudadanos no visitar ciertas ciudades y estados mexicanos por los hechos violentos en ellos suscitados. Clara intención de menguar a México a través de privarle de la entrada de divisas por el concepto de turismo de esa nación. El Gobierno mexicano sólo emite notas diplomáticas y san se acabó, frase muy hecha por mis ancestros en mi pueblo para decir, punto final. No sé de dónde sale esa frase, pero a través de escucharla desde siempre comprendo la intención de su significado.
Pero si de violencia se trata, allá en el país de las barras y las estrellas, la violencia es casera y se tiene como cultura. Mientras la violencia mexicana se deriva de los grupos organizados por servir de eslabón en la cadena de trafico de estupefacientes, muy lucrativa y altamente violenta, contra la cual se batalla en serio, y ante su poder económico y bélico sólo el Estado la puede enfrentar, la de los gringo es una violencia que se gesta en casa, en la población joven, bajo ciertos parámetros de alguna religión o, por personas violentas en su esencia y peleadas con la sociedad a la que pertenecen.
Es increíble cómo el comercio en armas, se ofrece como si fuera la comercialización de cualquier artículo de consumo, se publicita, se promueve y se promociona. Transitando por pasillos de los aeropuertos, en un muro, una empresa particular expone un cartel publicitario dirigido a todo público prospecto para que atienda una invitación para efectuar disparos con armas de verdad y muestra a una modelo atractiva portando una escopeta, de tal forma que el contacto con la realidad bélica sea cierta. Una sonrisa en la modelo confirma la satisfacción por efectuar disparos en forma real contra algún blanco. Completan el texto los datos de la empresa con domicilio, teléfono y página web.
Con eso me bastó para comprender, Inge., lo que ha sucedido últimamente en ese país, que se asusta tan fácilmente por lo que sucede fuera de su frontera cercana del sur, y es complaciente en la comercialización de armas de todo tipo. Un fusil que lo puedes adquirir con quince mil pesos mexicanos y una bolsa con balas a precios módicos que puede comprar cualquiera, sin cuestionar al cliente para qué quiere armarse. Me pareció cínico el anuncio y contrario a principios de paz y de concordia social. Creo que es una sociedad también cínica.
Comenté esto con acá y alguno me dijo que ese anuncio pudiera tener un interpretación que para aquella cultura fuera diferente. Por ejemplo me dijo, ellos deben de estar preparados para disparar un arma de verdad, pues su Constitución les permite portar un arma, tenerla en su casa para su defensa. Yo acepto eso como un elemento legal, lo que me parece increíble es que estando en descomposición como sociedad, me refiero al sajón puro, o al llamado de color, lo promuevan como promover un jabón, una bebida gaseosa. Ahí es donde me parecen incongruentes sus posturas.
Sé que el renglón comercial más redituable para su economía de consumo al menudeo es la venta de armas. De hecho, venden a grupos armados del mundo un arsenal a cada momento y el Gobierno se hace como el que no ve y no oye, dañando en mucho a sociedades como la nuestra, mientras ellos llenan de dólares sus cajas registradoras. Sé también que es más complicado comprar un medicamento de cierta patente que adquirir un arma de cualquier calibre.
Pero ahora recuerdo aquella frase pronunciada por su enemigo del 11 de septiembre, la cual fue publicada en todos los medios: "Nunca más volverá Norteamérica, ni los norteamericanos a vivir en paz" Y todo hace suponer que dicha sentencia se vuelve realidad cada vez más. En menos de un mes, en Aurora, Colorado en un cine mueren civiles a manos de un desquiciado, en un templo religioso de la secta sij, un veterano de guerra asesina a mansalva a un puñado de asistentes, hace una semana en una universidad, un estudiante que mata a tres personas y luego se suicida. A estos tres ejemplos recientes, hay que sumarle muchos que se han suscitado de grupos armados que bajo el influjo de alcohol y drogas actúan violentamente.
Tal vez la cancillería mexicana debiese de emitir una alerta en ciertas ciudades violentas de algunos estados de esa unión. Hace tiempo, en la ciudad de Los Ángeles, agentes de una patrulla me hicieron la recomendación de que a más tardar a las cinco de la tarde abandonara el centro comercial de dicha ciudad, porque comenzaban aparecer malvivientes y gente peligrosa. Misma recomendación me hizo hace días un paisano oriundo de Oaxaca, pero avecindado en esa ciudad que visitaba cuando a bordo de un colectivo, al ver que era un turista me hizo la misma observación: tenga cuidado, hay algunos malvivientes que le pedirán dinero, por nada del mundo les vaya dar, camine a prisa y no se aleje de grupos de personas.
Es cierto que tienen sus puntos muy localizados de atracción turística en cada estado, pero también es cierto que deambulan por sus calles los rechazados socialmente, los alcohólicos, los que viven en la mendicidad, y otras capas sociales que son en sí mismas un sector de violencia.
Y con esa mercadotecnia dirigida para vender armas, la posibilidad de que sean más violentos, va en aumento.
Si bien es cierto que es una sociedad con valores patrióticos y de identidad nacional, es también una sociedad con pobres valores familiares, pues el concepto de familia no está en la prioridad social. Su necesidad de trabajar ha vuelto disfuncionales a los hogares, y en las clases sociales bajas de estadounidenses, no de migrantes, con las facilidades para comprar y portar armas, y tal vez de consumir enervantes y alcohol, les haga adoptar conductas de iluminados que pueden entrar a una escuela, a un teatro, a un cine y después de asesinar a inocentes, terminar con su vida las más de las veces. Claro que en muchos casos avisaron de sus acciones violentas en las redes sociales.
Es de desearse que esa conducta no la imite el mexicano común, tan dado a veces a hacer lo que ve. Si allá la violencia es parte de una cultura, no lo es en la nuestra... pero sus canales de televisión nos las venden todos los días.