La bella ilusión de ser nuevamente abuelos
06 marzo 2010
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Héctor Tomás Jiménez
El día de ayer, viernes, alrededor de las 4:15 de la tarde, llegue a casa después de una larga reunión de trabajo con un grupo de amigos empresarios, con quienes tuve el gusto de compartir los sagrados alimentos de medio día. Encontré la grata visita de mi hija Ana Beatriz y su esposo Nicolás, y después de los breves y afectuosos saludos, pude percibir en mi esposa una luz en sus ojos que me hizo pensar que a pesar de todos los avatares que juntos hemos vivido en los últimos tiempos, mantiene a flor de piel la alegría de vivir.Luego, mi hija va a la sala y al regresar, trae una pequeña bolsa de colores con un regalo adentro y me dice, --¡Ten papito, este es un regalo muy especial para ti! Y grande fue mi sorpresa al encontrar que contenía un pequeño envoltorio en papel de china con un listón amarillo, y dentro de el, un "babero" con la leyenda de "con amor para mi abuelito" y además, una copia de los análisis clínicos con resultado "positivo", señal inequívoca de que mi hija está en espera de su primer hijo. Fue un instante de muchos sentimientos encontrados, una mezcla de ganas de llorar de alegría y ganas de gritar de júbilo, pues tanto mi esposa y yo, ya saboreamos diariamente la alegría de los nietos David Alberto y Jorge Miguel y la noticia nos ha llenado de gozo interno por la bella ilusión de ser nuevamente abuelos.
A partir de ese momento, puedo decirles, que la vida nos regala de nuevo una razón más para estar unidos y amarnos cada día más. ¡Dios sabe por que hace las cosas! La mejor herencia que los mayores podemos legar a nuestros hijos y nietos, es la seguridad de haber vivido una historia de amor a toda prueba, un matrimonio donde se hicieron efectivos los preceptos de vivir juntos por toda la vida, "en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en los pesares", una unión donde terremotos, ciclones, vendavales y tsunamis, tuvieron su lugar y su tiempo, más sin embargo, nada a podido resquebrajar la promesa de un primero de mayo de hace casi 40 años.
"Al final de cuentas, el mejor cemento que une cada ladrillo que juntos hemos pegado en la construcción de nuestro edificio, es el amor que ambos nos profesamos." Estas fueron las palabras que le dije a mi esposa con el pensamiento, tratando de establecer una conexión con la irradiante luz de su mirada por la alegría que siente ante la evidente cercanía de ser nuevamente abuela. Estoy seguro que las capto perfectamente.
Ser abuelos tiene un significado muy especial en la vida de las personas mayores que se aman, por el simple hecho de los nietos que son la mejor expresión del amor que les tenemos a nuestros hijos. En los nietos vemos reflejados los gestos, las miradas y las sonrisas de nuestros hijos cuando eran bebés y de nueva cuenta volvemos a recordar los mejores momentos de nuestra inexperiencia. Es por ello que si el ser padre o madre por primera vez nos causó una gran alegría y felicidad, el ser abuelo o abuela es un sentimiento que no puede expresarse fácilmente, pues significan un cúmulo de experiencias y recuerdos enriquecedores de nuestra propia vida. Ante este milagro de la naturaleza, lo mejor que podemos hacer es musitar una oración con un ¡Gracias Dios mío!, por este nuevo regalo que nos das.
Aún no he platicado esto con David Alberto y Jorge Miguel, pero estoy seguro que cuando lo haga, brincarán de alegría por que tendrán un nuevo miembro de la familia, y puedo asegurar, por que conozco la sensibilidad de ambos, que empezarán a tejer historias de juegos para cuando este nuevo ser llegue a nuestra vida. ¡Que bella lección para ellos, la de compartir todo el amor de sus mayores con un nuevo bebé!
En el breve libro de Saint Exupery intitulado "El principito" hay una hermosa frase que dice: "lo que es esencial es invisible a los ojos", y hoy que puedo compartir la dicha de esta noticia, estoy seguro que cada uno de ustedes, amables lectores, podrán interpretar muy bien mis sentimientos, aunque no podamos descifrarlos con las palabras comunes, por el simple hecho de que son invisibles, solo pueden verse con los ojos del alma. ¿Están ustedes de acuerdo?
Van mis bendiciones para Ana Beatriz y Nicolás, quienes a partir de hoy tienen una razón más para refrendar los lazos de su amor, y para mi esposa, mis felicitaciones por ser una hermosa abuela, esposa y madre.
JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com