La ciencia y la presencia de Dios
21 julio 2007
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Héctor Tomás Jiménez
En todos los tiempos, el hombre ha tratado de escudriñar el origen de todas las cosas, especialmente del perfecto orden que guarda el universo o macrocosmos, y del microcosmos que representan los sistemas orgánicos del propio individuo.Los hombres de ciencia no cesan de buscar aclarar los enigmas sobre el cosmos y las criaturas de nuestro entorno. De hecho, tanto los investigadores o científicos como la gente común, siguen afrontando cuestiones tan trascendentales como las siguientes: ¿Qué origen tuvo el universo, y qué hubo antes de él? ¿Por qué parece que fue preparado para albergar seres vivos? ¿Cómo surgió la vida en el planeta? entre otras tantas más que significan un catálogo de dudas que propician la investigación.
En esta búsqueda investigativa, ha habido quienes de manera ordenada, han descubierto leyes que rigen el orden del universo e incluso de los organismos vivos, atreviéndose incluso a proponer hipótesis de autogeneración de la materia y muchas explicaciones más como la del absurdo de que la materia siempre ha existido y que no requiere un principio creador, negando con ello, toda posibilidad de intervención de una fuerza superior.
Es decir, ante lo inexplicable, optan por concluir que la materia no tiene origen, sino que siempre ha estado ahí en permanente evolución.
Sin embargo, para fortuna nuestra, muchos de estos científicos terminaron aceptando su escepticismo aunque tal vez no negando su ateismo, y concluyeron en el ocaso de su vida, que la vida y el universo, en términos de la creación, sigue siendo un misterio.
Los ha habido también, hombres de ciencia que desde siempre, se plantearon como premisa básica la existencia de una fuerza superior que le da orden al universo, y que lo único que ellos hacían, era tratar de encontrar algunas leyes que explicaran el funcionamiento de la mano que mece la cuna de la creación.
Entre éstos últimos, a Einstein se le atribuye el texto siguiente: "A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita".
Por su parte, a Charles Darwin, le atribuyen que dijo: "Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre, hayan sido frutos del azar".
Una de los grandes mitos de nuestro tiempo, tiene que ver con el hecho de que ciencia y fe son dos temas irreconciliables, sin embargo, al respecto Francis Collins, Director del Instituto Estadounidense de Investigación del Genoma Humano, en su libro El lenguaje de Dios, confiesa que el descubrimiento del genoma humano le permitió "vislumbrar el trabajo de Dios", reivindicando con ello, que existen bases racionales para un Creador y que los descubrimientos científicos llevan al hombre "más cerca de Dios".
Dice además: "Cuando das un gran paso adelante es un momento de regocijo científico porque tú has estado en esta búsqueda y parece que lo has encontrado. Pero es también un momento donde, al menos, se siente cercanía con el Creador en el sentido de estar percibiendo algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios sí sabía desde siempre", indica Collins y explica que los descubrimientos científicos llevan al hombre a acercarse al Señor.
Francis Collins fue ateo hasta los 27 años, cuando como joven médico le llamó la atención la fuerza de sus pacientes más delicados.
"Tenían terribles enfermedades de las que con toda probabilidad no iban a escapar, y todavía, en lugar de quejarse a Dios, parecían apoyarse en su fe como una fuente de consuelo. Fue interesante, extraño e inquietante". Luego leyó "Mere Christianity", mero cristianismo, de C. S. Lewis, que lo ayudó a convertirse. Collins explica que el argumento de Lewis, que Dios es una posibilidad racional, era algo que no estaba preparado para oír. Estaba muy feliz con la idea de que Dios no existía y de que no tenía interés en mí. Pero al mismo tiempo, no podía alejarme.
Señala además que... "cuando has tenido por primera vez delante de ti estos 3 mil 100 millones de letras del libro de instrucciones genéticas que transmite todo tipo de información y todo tipo de misterios acerca de la humanidad, eres incapaz de contemplarlo página tras página sin sentirte sobrecogido. No puedes sino admirar estas páginas y tener una vaga sensación de que eso te está proporcionando una visión de la mente de Dios.! JM, Desde la Universidad de San Miguel.
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