La evaluación del desempeño de los gobernantes
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JESÚS LÓPEZ / MAGDALENA RODRÍGUEZ
Ha pasado ya el proceso electoral y el día de la decisión y la elección de presidentes municipales, regidores y diputados locales el pasado domingo y, aunque todo indica que salimos con domingo siete, en cuanto a participación ciudadana, lo cierto es que ya está decidido, con algunas excepciones, quiénes van a gobernar los municipios y quienes van a elaborar las leyes y a supervisar la actuación de los ayuntamientos y del Gobierno del Estado.
Fue muy significativo el encabezado del Periódico Noroeste el día anterior a la elección, que planteó "Vota pero Exige" lo cual nos lleva a plantearnos, ¿qué hay que exigir a nuestros elegidos para gobernar?
Se les debe exigir, en primer lugar, que cumplan sus promesas de campaña, lo cual requiere que no se olvide lo que se dijo que se iba a hacer en ganando la elección. Pero también que cumpla con la ley, que cumpla con sus obligaciones y con sus atribuciones, que cumpla con su comunidad. Desde luego que ejerza sus funciones con honestidad, con responsabilidad y con dedicación; que no se encierren en sus oficinas o detrás de secretarios y ayudantes despóticos y groseros ante las denuncias y las quejas de sus electores.
Porque, vea usted, la tendencia que tienen los gobernantes de olvidarse de sus electores tiene alguna razón aritmética; un candidato que gana, digamos con el 60 por ciento de los votantes y estos fueron el 50 por ciento del padrón electoral, ese candidato ganó con sólo el 30 por ciento del total del electorado. Los otros candidatos que perdieron, lo hicieron con el 40 por ciento de los votantes, o sea que tuvieron el 20 por ciento del total, por lo tanto quedó ese 50 por ciento del electorado que no votó ni por uno ni por otro; finalmente ganó el partido del abstencionismo, tal vez del rechazo o cuando menos el de la indiferencia ante candidatos y partidos que no motivaron ni llamaron la atención con sus propuestas.
Ante el hecho de que el candidato ganador obtiene sólo el 30 por ciento del total, tuvo en contra o no le importó al 70 por ciento de la población, por lo tanto, ese candidato puede concluír que su obligación es sólo para ese 30 por ciento y del resto se puede olvidar.
Ahora, la sociedad debe vigilar y exigir que los candidatos electos, con poco o con mucho electorado, cumplan con la ley, cumplan sus promesas y gobiernen bien.
Para todo esto se requiere algún sistema, algún método para evaluar el desempeño o el comportamiento de los gobernantes y funcionarios públicos.
Existe el método de las encuestas, el más socorrido para calcular la percepción ciudadana sobre la actuación de un gobernante, pero esa misma estará afectada por el resultado electoral, pues por lo pronto habrá siempre un 20 por ciento adverso y el 50 por ciento restante sigue en la indiferencia o el rechazo inicial. Es por esto que se dice que un gobernante con un 50 por ciento de aceptación va bien, pues quiere decir que captó cuando menos un 20 por ciento de los electores que no votaron.
Otra forma de evaluar es conocer las quejas y denuncias de los ciudadanos, no sólo ante las oficinas públicas que se cuidan mucho de no darlas a conocer, sino también en los periódicos, la radio y la televisión, pues los medios de comunicación han estado haciendo el papel que los congresos de los estados no hacen, es decir, vigilar al Ejecutivo.
Igualmente hay que saber el resultado de las auditorías de todos los órganos fiscalizadores que, desgraciadamente, tampoco se hacen públicas; además, debiera existir un sistema de indicadores que midan el impacto social de los actos, obras y políticas públicas.
Finalmente, la opinión de los organismos y liderazgos sociales son un buen referente, así como la forma personal de gobernar, que también cuenta, pues hay gobernantes carismáticos, los hay artistas y también los que ejercen un liderazgo aceptado por la ciudadanía.
De una forma u otra, la sociedad tiene el derecho y la obligación de votar y aunque no lo haga, siempre tendrá el derecho de exigir a los gobernantes que cumplan su cometido.