La fantasía y la realidad de García Márquez

Humberto Trujillo
23 abril 2014

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1. Si Gabriel García Már­quez fuera un filósofo profesional, y uno de sus alumnos hiciera la tesis de doctorado sobre el pensamiento del colombiano, tendría que definir en una frase la centralidad de su pensamiento: la realidad latinoa­mericana supera cualquier fantasía. Desde su obra cumbre, Cien años de soledad, hasta El amor en tiempos del cólera, pasando por El coronel no tiene quien le escriba, la fantasía y la realidad lo acompañaron toda su vida.
2. La reciente muerte de García Márquez, además de convocar a to­do tipo de homenajes -merecidos- y de reencuentros con sus muchas obras -necesarios-, nos permite reflexionar en torno a esa tesis: a la relación entre fantasía y realidad en América Latina, y sobre todo en México. Tal es la preocupación que el autor quiso transmitir en sus obras y presentaciones públicas, en sus entrevistas y diálogos con sus múltiples amigos.
3. Es cierto que el Premio Nobel de 1982 no fue el único represen­tante del famoso realismo má­gico latinoamericano, pero sí es su máximo difusor. Y este movi­miento buscó recordarnos que en Latinoamérica la realidad es tan fantástica que supera los mismos hechos. A los escritores europeos les dijo que así como ellos batalla­ban para inventar fantasías, a los latinoamericanos se les dificultaba narrar simplemente lo sucedido.
4. La bellísima prosa de García Márquez, la fluidez de su estilo, las mariposas imaginativas que se nos aparecían cuando leíamos sus textos, enfatizaron un aspec­to de su fantasía, verdadero pero parcial: lo raro, lo extraordinario, lo asombroso, tiene una belleza que necesita ser narrada. Un río como el Amazonas, por ejemplo, es tan grande que hay partes en donde no se puede apreciar la otra orilla. Fantasía igual a realidad inmensa.
5. Pero otra realidad, también fantástica, no siempre es bella. Tendríamos que admirarnos, por ejemplo, cuando una perso­na honesta y virtuosa, que decide dedicarse a la política partidista, se convierte por arte de magia en corrupta y ladrona. ¿No es asom­broso?
6. ¿Por qué no nos llama la atención que un partido político en México se haya apropiado de dos cosas tan diferentes como la revolución, dinámica e incierta, y la institución, inmóvil y sólida? ¿No es fantástico que tengamos un partido al mismo tiempo re­volucionario e institucional? La narración fantástica tendría que ofrecernos también su visión de esta realidad, no esplendorosa ni bella, pero tan real como Macondo.
7. En México se levantan altares a narcotraficantes; se instruye a los contadores en el arte, mágico, de no pagar impuestos; se enseña a futbolistas profesionales el truco del engaño al árbitro; se valora a las personas capaces de ser infieles; se premia la capacidad de mentir. ¿Asombroso? Que la muerte de García Márquez nos motive sí, a releer su obra, pero también a des­entrañar lo mágico de este realis­mo tan triste como verídico.
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